El canciller que enseña a Vivir Bien

El canciller de la República Pluricultural de Bolivia, Fernando Huanacuni Mamani, estuvo en Colombia y dejó su mensaje de curación de la violencia desde el Vivir Bien/Buen Vivir, filosofía de vida de los aymara y otros pueblos indígenas del continente.

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Fernando Huanacuni Mamani explica el cambio de paradigma que promueve desde Bolivia. / Cortesía de Adalguiza Barandica

Con voz pausada y reflexiva, una mirada profunda e indagadora, Fernando Huanacuni Mamani, canciller de la República Pluricultural de Bolivia, se presenta ante todo como aymara. “Soy aymara, que significa mi corazón, mi sangre, mis ancestros, todo lo que soy. El rol de canciller me lo dio la Pacha, la vida. Como autoridad es una responsabilidad que tengo, pero con el corazón que caminamos, es el corazón de aymara, que es una nación milenaria en los Andes, una de las más antiguas del continente. Estamos arraigados profundamente a la Pachamama, a la vida, a la lógica de la vida comunitaria, buscando que todos podamos caminar juntos, recorrer la vida juntos, comer juntos. Entonces, soy un amante de la vida. Crecí con mis abuelos, a quienes tuve el honor de acompañar en sus grandes viajes, que en la última etapa fueron al centro de Norteamérica, Teotihuacan, Centroamérica, el Caribe, el continente surafricano y hasta la Antártida”.

Invitado por la Universidad Externado de Colombia para hablar con los estudiantes indígenas del Programa de Interacciones Multiculturales sobre el Vivir Bien/Buen Vivir, filosofía de vida de los aymara y otros pueblos indígenas del continente americano que hoy hace parte de la Constitución boliviana, también realizó una visita en el marco de las relaciones bilaterales entre Bolivia y Colombia porque “Bolivia tiene como horizonte profundizar las relaciones con todos los países y con los que no tenemos iniciarlas. Nos hemos propuesto que por lo menos a diciembre del año 2018 tenemos que tener relaciones establecidas y profundas con 190 países”.

¿Por qué esos viajes con su abuelo?

Mi abuelo era yatiri, que significa una persona que guarda la sabiduría. Él iba recordando y enseñando en los lugares que visitaba sobre temas como para qué estamos aquí en este hermoso viaje que llamamos vida, qué es lo que tenemos que hacer, cuál es el valor principal de la vida. Eso lo vamos recordando, un poco curándonos, un poco enseñando a Vivir Bien, decimos nosotros en aymara. La vida es un estudio perfecto de todo, no solo del hombre sino de las plantas, los animales, las montañas, es así como mantenemos el equilibrio en nuestro accionar diario, ese es el verdadero reto que todos tenemos. Además, mi abuelo era un activista indígena del continente, siempre para ir recuperando lo nuestro, la identidad cultural. Entonces ahora lo que hago es lo mismo. Usted hace un rato me preguntaba porque estoy aquí y le digo que no solo estoy por mi rol de canciller, que es ahora mi responsabilidad primera, sino que estoy compartiendo para mantener vivo el fuego ancestral, el fuego sagrado que viene de experiencias generacionales milenarias, que nos permiten resolvernos a nosotros mismos con los problemas actuales del mundo moderno y proyectar cómo vamos a caminar hacia el futuro.

¿Cuáles son los principios de ese Vivir bien/Buen Vivir?

En aymara se dice Suma Quamaña. El Vivir Bien/Buen Vivir es un paradigma antiguo, milenario, que tiene características diferenciales al moderno que se caracteriza por el individualismo, el antropocentrismo, el dinero, la lógica de la posesión, el consumismo, las relaciones precarias. En cambio, el Vivir Bien es comunitario, no colectivo porque colectivo solo se refiere a lo social humano; el Vivir Bien va más allá de lo humano, se refiere también a la planta, al árbol, a la hormiga, a todo. Busca el equilibrio de todo, es el paradigma de la vida, de celebrar la vida del ser humano y de todo. Y así emergen varios principios, como, por ejemplo, Saber Comer: el abuelo decía “no confundas estómago lleno con alimentos sanos”; la gente del mundo moderno confunde estómago lleno con buena alimentación.

También hay que Saber Agradecer porque todo lo que recibimos no es sólo porque hemos trabajado y tenemos dinero, sino que es por la interacción de las fuerzas de la Pacha, de la vida, del sol, de la lluvia, del viento, de los animales, de todo. Y también hay que Saber Dormir porque dormir es conectarse con lo más profundo de las fuerzas naturales, dormir un día antes de la media noche y otro día después de media noche, porque la transición de las 12 es el momento sagrado donde se completan las fuerzas del día anterior y se equilibran para empezar con las fuerzas del otro día. También decimos Saber Caminar, en cada caminar hay que dejar huellas que es lo que queda; en una mirada, en un toque de la mano, en un abrazo, en una palabra. Saber Caminar significa tener la prudencia para un buen relacionamiento armónico.

Son varios principios, por ejemplo, Saber Amar y Ser Amado, el amor es como el río, tiene que fluir, entonces para tener amor hay que saber dar el amor. También hay que Saber Escuchar, escuchar la vida, escuchar el viento, escuchar el sol, escuchar todo, con todo tu cuerpo. También Saber Meditar, Lluq'ana decimos en aymara, significa reflexionar, recogerse un momento para comprender y después poder accionar, ese momento siempre es bien importante, como una introspección interna profunda de recordarnos siempre quiénes somos en este viaje maravilloso y sagrado.

Tenemos también el Saber Beber, nosotros chayamos, antes de tomar un líquido, siempre le damos un trago a la Pacha, a la vida, y después tomamos nosotros porque no solamente yo siento sed también la vida siente sed. Un día nos vamos a dar cuenta que no hay el otro. En las lenguas ancestrales, por ejemplo, no existe el tú, él o ellos sino el nosotros; no hay eso en la lógica occidental. Es nosotros, porque al final respiramos el mismo aire.

¿Es realmente el Vivir Bien una alternativa diferente para pensar y actuar en el mundo?

Nuestros abuelos vivieron en ese antiguo paradigma. Vivir en armonía y en equilibrio no es una utopía, es una realidad. El paradigma moderno es una visión antinatura de la vida. Yo he recorrido el mundo y encontré en Europa, África, Asia, América, en todas partes del mundo, lo que nosotros llamamos Vivir Bien, que es la forma natural de relacionamiento con la vida. En Eslovenia me decían, por ejemplo, “esa montaña que tú ves no es solamente una montaña, se llama …” y me daban su nombre. En Inglaterra los druidas dicen “ustedes llaman Pachamama, nosotros llamamos…” y me decían su nombre”. Es decir, hay una concepción antigua que es una vida natural. Pero entonces surge el capitalismo, este mundo moderno que cree que el ser humano es el centro de la vida, pero eso no es lo real porque en el mundo se vivía de otra manera. El Vivir Bien es recuperarnos a nosotros mismos, es recuperar nuestra identidad ancestral, es la experiencia generacional de nuestros abuelos.

¿Sin embargo, uno encuentra economistas y otros expertos que dicen que esta propuesta del Vivir Bien va más encaminada a una reivindicación propiamente indígena y que “atrasa” el crecimiento de los pueblos?

Es cierto que emerge de la propuesta indígena, pero si nosotros ampliamos la palabra indígena más allá de lo racial encontramos que es una forma de vida natural antigua que hay en todos los pueblos, es una forma de vida ligada a la vida de la Pachamama; es un reconocimiento profundo de que la madre tierra vive y que hay que cuidarla. Pero, qué es un atraso, si lo que vemos es que lo moderno ha deteriorado la vida.

Veo, por ejemplo, que en Europa esta propuesta del Vivir Bien hace a la gente llorar porque ellos ya alcanzaron el límite de lo que es la estructura capitalista, residieron en un mundo industrial pleno, tienen todas las necesidades básicas satisfechas, tienen su seguro de vida, tienen todo, pero no han alcanzado la plenitud, eso no les ha dado la felicidad. En cambio, hay menos arraigo a la propuesta en Latinoamérica. Me escuchan, sí, como “es muy linda la propuesta”, pero en el fondo piensan que todavía hay que buscar los máximos de la estructura capitalista, todavía tienen una esperanza.

¿Qué he visto en Europa? Hombres viejos solos, hombres jóvenes solos con compromisos precarios de relaciones, ya no quieren tener hijos, sin ninguna esperanza en el futuro más que en una preparación profesional, sin una perspectiva de vida. Cuando vuelvo a Latinoamérica veo niños, veo gente, veo danzas, música, porque, aunque están “norteados”, es decir, buscando el mundo moderno, saben que está el Vivir Bien latente en nuestras prácticas cotidianas. El abrazo aquí es todavía abrazo, están aún las huellas profundas de nuestro ser, por lo tanto, no es un atraso es una recuperación de nosotros mismos porque al final, cuando uno muere o cuando pasa algo grande como una separación, uno se da cuenta que los valores fundamentales de la vida no eran tener o consumir sino relacionarse bien. No es un atraso, es recuperarnos a nosotros mismos.

¿El paradigma del Vivir Bien plantea nuevas formas de relación con la naturaleza, cómo se concreta esto en acciones reales?

Es un proceso. En Bolivia estamos en un proceso de transición, es decir, migrar de un paradigma, de una lógica de relacionamiento, a otra lógica de relacionamiento. Eso va a costar. En estos 11 años que llevamos en el gobierno hemos hecho avances considerables en ciertos aspectos básicos, pero decir que hemos alcanzado la plenitud, todavía no, incluso sabemos que no va a ser cuestión de 10 o 20 años, va a ser incluso un cambio generacional. Por ejemplo, en estos 11 años qué hemos hecho: Bolivia es un país que se caracteriza por la extractividad, ¿se imagina?, nuestra primera fuente de ingresos es la minería y la explotación del gas; si cortáramos hoy todo eso de un golpe entonces qué pasaría, habría una eclosión social en la industria, en las fuentes de trabajo y en la estabilidad social y política, más aún en los propios mineros, que son los propios indígenas. Trabajan en esa sobrevivencia, lo hacen con respeto, con ofrendas a la Pachamama, pero igual no hay una alternativa todavía. Por eso decimos que se requiere un cambio generacional.

¿Cuáles son las principales dificultades a las que se ha enfrentado Bolivia para este cambio de paradigma?

El Estado boliviano tiene contratos internacionales que nos obligan a cumplir, nos guste o no nos guste, que tengamos una posición cambiada eso no les importa. Por ejemplo, nosotros dejamos muchos contratos sin efecto porque estaban dañando los ríos, y nos demandaron internacionalmente y nos ganaron porque lo que importa es que cumplas el contrato, no que defiendas la Madre Tierra. Tuvimos que pagar millones de dólares. Estamos amarrados porque el derecho internacional así lo dice; entonces en esta globalidad de derechos, en la multilateralidad, tenemos que ir poco a poco para recuperar nuestros derechos.

Antes las multinacionales explotaban y no les importaban los daños alrededor de los ríos, ahora nosotros hemos recuperado y nacionalizado algunas, pero tenemos el compromiso de cuidar nuestros ríos, exigimos que los manejos no sean tan brutales. Tenemos esa visión, sabemos que no es la solución definitiva, pero por lo menos vamos haciendo comprender que tenemos que tener otro tipo de relacionamiento.

Gracias a la nueva Constitución, esas empresas extranjeras y nacionales, recién ahora empiezan a cumplir con la Pachamama; antes tenían la certificación, la compraban, ahora el control es efectivo. Estamos por los derechos de la Madre Tierra, más aún el agua ahora que es precaria por las condiciones climáticas no puede darse a la industria en desmedro de la vida, tiene que priorizarse la vida y así lo estamos defendiendo. Pero lo que yo veo es que ahora los jóvenes y los niños tienen otra visión y lo van a poder hacer más exacto, sin dolor.

¿Algunas críticas de coterráneos suyos dicen que el Vivir Bien se quedó en los discursos de las elites izquierdistas del gobierno boliviano y se alejó de su construcción desde las mismas comunidades?

Nosotros sabemos que el Vivir Bien no es el fast food, eso es el vivir mejor, una carrera loca de la vida, pero para Comer Bien hay que comer bien, o sea sintiéndolo, entonces las respuestas no van a ser así de rápidas. El mundo moderno no sé a dónde está corriendo, pero está corriendo, tal vez al abismo, digo yo. Entonces pretender que las soluciones sean rápidas nos gustaría, pero también hay que mirar que eso depende también de la conciencia de las personas, no de unos sino de todos. El cuidado de la Madre Tierra no significa un buen reciclaje sino significa no generar basura, por ejemplo. Entonces cambiar una lógica de vida es lento.

Bolivia es hoy una democracia que todavía no es nuestra forma de vida comunitaria, pero sí es un parámetro de vida internacional para que nos den la certificación. Pero es una democracia totalmente distinta en donde las organizaciones sociales, los movimientos indígenas son coparticipes, nos evalúan, a mí me evalúan todas las semanas las comunidades. Nos falta tiempo para poder atender a todos. Cada semana tenemos una reunión evaluatoria, de trabajo, de ajuste. Solo así se va poder lograr. Lo nuestro es totalmente distinto. Yo en este tiempo he aprendido también porque tengo que reunirme con todo mi pueblo para poder comprender como está; no es que ellos estén rogando para que yo les dé información, yo me debo a ellos para darles la información y asi hay que hacer los ajusten que piden, es el mandato del pueblo. Entonces, la democracia no es solamente el voto, es la efectiva participación, directa y permanente y eso es lo que estamos haciendo.

¿Cuáles serían los aportes del Vivir Bien para nuestro proceso de perdón y reconciliación en el que estamos empeñados los colombianos y que nos ha costado tanto?

Yo viajé a varios lugares de Colombia. En Pueblo Viejo, por ejemplo, en la Sierra Nevada de Santa Marta me contaron las atrocidades que vivieron. Eso emerge de un dolor. Toda violencia emerge de un dolor. La violencia solo es una expresión de sacar ese dolor que se tiene guardado en el corazón, ese dolor profundo. La solución no es cuestión de buenas leyes solamente; por eso insistimos que lo que hay que cambiar es el paradigma y ese paradigma es una vivencia, no una teoría.

Nosotros hacemos una diferencia entre entender y comprender. Cuando comprendes se te queda en el corazón. Lo que nosotros acompañaríamos, si escucharan a los pueblos indígenas, sería curar a las personas, curar a los pueblos, curar las regiones, con ofrendas, porque allí están las huellas del dolor; en cualquier rato, como fuentes de agua, pueden volver a brotar. Hay que curar porque ese dolor emerge cuando un niño no tiene el abrazo, cuando un niño es maltratado, cuando a un niño no se le escucha, cuando no tiene las necesidades básicas, cuando no tiene la felicidad.

Cuando recorro el mundo me fijo en los niños; si los niños sonríen hay esperanza; si los niños están pensativos, tratan de ganarse el dinero como pueden, el mundo que viene es un mundo de dolor donde le va a reclamar. Tarde o temprano nos pasan la factura a todos. Por eso el Vivir Bien es actuar con responsabilidad. Si yo me hago amigo de alguien no es para abusar; tengo que cumplir con él; si me comprometo con mi esposa es un compromiso para siempre y el mundo moderno dice no, la libertad se puede negociar de muchas maneras, pero no saben que eso es ya un germen de dolor y de violencia a futuro. Es otra forma de ver el mundo.

Y hay algo más grande: la violencia surge cuando te apartas de la Madre Tierra. Eso no lo está comprendiendo el mundo moderno. Uno puede decir “pero vivo en el campo”. No se trata de eso, sino de cómo te relaciones con ello y de ahí viene el dolor más fuerte. Por eso nosotros hablamos de Pachamama, hablamos de Madre Tierra y si tuviera que hablar en términos revolucionarios de liberación, hoy nuestra fuente de liberación es la Pachamama, la Madre Tierra, la mujer dadora de vida, el respeto profundo por la feminidad, la familia sagrada. Ese proceso para nosotros es curarnos verdaderamente; si no, mire 50 años de dolor, hay que curar, tenemos que curarnos.

Ahí podemos aportar con el Vivir Bien de los pueblos originarios milenarios. Resolver desde otras dimensiones, desde la montaña, desde el árbol, que hable el árbol más antiguo, que hable la montaña más antigua y nosotros inclinarnos humildemente, escucharla, el viento no sopla porque sí. Eso es lo que nosotros podemos aportar.

¿Usted es también un monje shaolin?

Yo estudie en la China en un templo shaolin viviendo y aprendiendo con ellos. La historia del budismo es una expansión sin guerras y en el budismo hay distintas líneas, totalmente distintas una de la otra. La fe no se discute, no se cuestiona, eso es lo maravilloso del budismo, muy diferente al cristianismo que ha generado guerras. Fui a China porque mi abuelo me dijo que tenía que hacer una ceremonia en el monte Kailash y en Rakshas, una laguna sagrada. Es una montaña muy grande en forma piramidal y ahí el agua se desliza y es el origen del río Ganges que recorre por todo el Himalaya. Entonces es un lugar sagrado para el mundo. Allí era donde yo tenía que hacerme fuerte.

¿Cuál es entonces el mensaje del Vivir Bien en estos tiempos que parecen de caos y destrucción?

Estamos viviendo un tiempo maravilloso. Si la humanidad se diera cuenta, porque el ave ya lo sabe, la hormiga ya lo sabe, los árboles ya lo saben, estamos viviendo un momento de transformación, en aymara nosotros decimos Pachakuti, significa proceso de cambio. Un tiempo donde ha terminado una época y está empezando el amanecer de una nueva. La historia también tiene ciclos; estamos en el amanecer de un nuevo ciclo; parece muy oscuro porque el cambio no es simple. Si tú te vas a mudar todo es el caos. Y lo que vemos que está cambiando es solo una pequeña muestra de lo que viene, que es un cambio más grande.

La Madre Tierra se va mover toda. La abuela dice: nada de lo de arriba va quedar arriba y nada de lo de abajo va a quedar abajo. Es un cambio. Es el canto de la Madre Tierra, solo así va entender el hombre moderno. Y sobreviviremos todos porque en la vida no hay muerte. Ahora somos seres humanos, pero después de este cambio podemos ser plantas, podemos ser piedras, podemos ser perros.