El accidentado camino de Colombia hacia la paz

Mientras el proceso de paz y los futuros acuerdos de paz representan un avance positivo, también es importante reconocer que dicho acuerdo no resolverá todos los retos humanitarios en el país.

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Hay alrededor de siete millones de desplazados en Colombia desde 1985.
Luis Benavides

Educación que protege – Colombia hacia el pos-conflicto

El 14 de mayo 2014 en el municipio de Tumaco, dos niños de 13 y 14 años de edad perdieron sus vidas. Según los primeros reportes de la prensa, la Policía señalaba a estos mismos niños, Luis Sebastián Preciado Valencia y Pierrie Ángelo Cabezas Montaño como autores materiales de un ataque contra miembros de la fuerza pública, que jugaban fútbol, en el pueblo de Chilví. Las noticias causaron revuelo en Colombia, un país cansado de las noticias de guerra, donde la violencia contra los menores se ha convertido en un hecho común. Todos, incluyendo al Presidente de Colombia, expresaron el rechazo hacia las FARC, a quienes se atribuyó la responsabilidad de utilizar a los niños para organizar el ataque. Mientras que los policías se salvaron con heridas, los niños perdieron la vida, con un agravante; Pierrie murió esperando atención en la hospital de Tumaco. Días más tarde, surgió una versión diferente de los hechos y se aclaró que los niños no habían realizado el ataque, sino que realmente estaban jugando fútbol con los oficiales de policía en la cancha de la escuela, ubicada junto a la estación de policía local.

Los enormes retos que permanecen

El caso es un trágico recordatorio de la pérdida absurda de vidas en el prolongado conflicto colombiano, donde los civiles, con frecuencia los niños que viven en las zonas rurales marginales de este país, son los más afectados por la guerra. Es también un claro ejemplo de cómo la educación en vez de proteger, expone a los niños por el irrespeto al Derecho Internacional Humanitario de parte de los actores del conflicto. Según UNICEF, al menos 65 escuelas han sido afectadas en medio de combates o por el uso de las instalaciones con un propósito militar.

Éste año, seguimos siendo testigos de la continuidad de un histórico proceso de negociación de paz, que ahora incluye también a ELN, y una real oportunidad de finalizar el conflicto con las guerrillas. Existe la esperanza de que pronto éstas negociaciones lleguen a su conclusión y finalicen las cinco décadas de conflicto en Colombia. Sin embargo, a pesar de avances sigue existiendo también una constante distancia entre el progreso de las negociaciones de paz y la situación de las victimas: En promedio cada año, desde que iniciaron las conversaciones, 150 mil personas se vieron obligadas a desplazarse de sus hogares como resultado del conflicto. Enormes retos permanecen en Colombia para poder alcanzar la paz. Puntos importantes como desmovilización y reinserción aún deben ser acordados entre las partes. A pesar del cese al fuego unilateral declarado por las FARC, y la reciprocidad del gobierno de Colombia con la suspensión de los bombardeos aéreos, ningún alto al fuego ha sido acordado, lo que significa que la guerra todavía es un hecho trágico para muchas comunidades en Colombia.

Dispersión de la violencia

Mientras el proceso de paz y los futuros acuerdos de paz representan un avance positivo, también es importante reconocer que dicho acuerdo no resolverá todos los retos humanitarios en el país. El conflicto armado entre el gobierno y las FARC no es la única fuente de violencia en Colombia. La evidencia de la continuada presencia de violencia y el crecimiento de otros grupos armados irregulares que continúan poniendo en riesgo las comunidades y causando desplazamiento, son de gran preocupación para el Consejo Noruego para Refugiados. UN-OCHA estima que cerca de 166.000 personas pudieron haberse desplazado en el 2015, continuando la tendencia de desplazamiento forzoso de la última década. Desde el inicio de las negociaciones de paz con las FARC, de acuerdo con las mismas cifras, cerca de 15.000 personas fueron en promedio desplazadas cada mes. Restricciones a la libre movilidad de los civiles y a su acceso a los servicios básicos son comunes en zonas rurales y urbanas afectadas por el conflicto armado. Las restricciones son impuestas para ejercer control social por grupos armados no estatales, el crimen organizado y las estructuras armadas locales.

Las profundas raíces del conflicto

Las partes en la negociación pueden tomar ventaja del progreso de negociación política y con el apoyo de otros sectores, incluyendo los actores internacionales, deben tomar nuevas medidas para asegurar que los derechos de la población afectada por el conflicto en Colombia sean respetados y que los más vulnerables tengan acceso a protección y asistencia. Es mucho lo que está en juego, y los últimos acuerdos de paz en Centroamérica dejan lecciones importantes que aprender. Si el acuerdo alcanzado no tiene éxito en hacer frente a las causas estructurales del conflicto, como el subdesarrollo rural, la falta de acceso a educación y salud o los problemas de las economías ilícitas, existe el riesgo que la firma de un acuerdo de paz no sea la solución del conflicto armado y los ciclos de violencia podrían continuar.

He conocido demasiados niños, niñas y jóvenes que no han estado en la escuela durante años debido al conflicto y que la escuela, como ocurrió con Pierrie y Luis Sebastian, se vuelve un sitio peligroso y no protector. Es fundamental que los niños, niñas y jóvenes en este contexto puedan tener la oportunidad de recuperar los años perdidos en medio del conflicto y que la educación se convierta en el medio para promover derechos y proteger sus vidas. Para lograrlo se necesita un esfuerzo enorme por parte de Colombia, con el apoyo de la comunidad internacional. En adelante, asegurar un ambiente seguro y protector de aprendizaje para los niños y niñas deberá ser esencial para evitar que una tragedia como la de Tumaco se repita.

*Director del Consejo Noruego para Refugiados - NRC en Colombia