Una iniciativa de la Alta Consejería para las Víctimas

A dialogar sobre la paz

“Bogotanicemos los acuerdos” es una estrategia para discutir el papel de la ciudad en el posconflicto. Se realizarán cinco foros.

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Ayer se llevó a cabo el primer foro, llamado “Efectos generales de los acuerdos para Bogotá”. / Alta Consejería para las Víctimas

Rápidamente se llenaron los puestos del auditorio del Centro de Memoria Histórica. A quienes llegaron 15 minutos tarde les tocó sentarse en las escaleras. Nadie quería perderse el primer encuentro de “Bogotanicemos los acuerdos”, un espacio creado por la Alta Consejería para los Derechos de las Víctimas, la Paz y la Reconciliación, para aterrizar en la capital los acuerdos de paz entre el Gobierno y las Farc. Serán cinco foros. Ayer fue el primero, llamado “Efectos generales de los acuerdos para Bogotá”, y en él participaron políticos, académicos y funcionarios. La gran conclusión fue que en la capital falta un trabajo arduo de pedagogía, pues los ciudadanos aún sienten que es un asunto lejano, algo que ocurre en el campo. Para los participantes, esto preocupa, pues Bogotá no sólo es uno de los lugares que más víctimas han recibido (351.000), sino que tiene la obligación de ser un buen ejemplo de construcción para las demás ciudades.

Ángela Anzola, alta consejera para las Víctimas, abrió el evento invitando a todos los actores a dialogar sobre los desafíos que trae la construcción de paz. Aseguró que es crucial la asistencia de los ciudadanos, porque “todos los aportes serán insumo para orientar la estrategia de la administración”. Si bien es cierto que en Bogotá se ha vivido el conflicto de una manera distinta, para la alta consejera es evidente que sus consecuencias han recaído en la capital. Una vez finalizó su intervención comenzó el debate: ¿cómo construimos la paz en la ciudad? ¿Qué implicaciones tienen los acuerdos de La Habana para Bogotá?

Según María Prada, coordinadora de pedagogía y asesora de la oficina del Alto Comisionado para la Paz, lo más importante es entender qué es Bogotá y qué significan los puntos del Acuerdo: desarrollo rural, participación política, drogas, víctimas y fin del conflicto. Agregó que es clave darles un contexto en los territorios y por eso buscan la forma de implementar programas de desarrollo con enfoque territorial en las zonas rojas de conflicto, en las localidades.

El concejal Antonio Sanguino (Alianza Verde) coincidió con esta visión e intentó demostrar en su discurso lo ligados que están los problemas de Bogotá con los acuerdos de La Habana. “Se nos olvida que el 70 % de la capital es rural. Que hemos tenido hechos de guerra, como la explosión de El Nogal o la muerte de Carlos Pizarro. Incluso, hoy hablamos de desminados en Sumapaz. No podemos seguir pensando que es un asunto ajeno”. El concejal expresó asimismo su preocupación por la disminución del presupuesto para víctimas, aun cuando en el Concejo se aprobaron $2 billones para el Distrito.

Antonio Madariaga, director de la Corporación Viva la Ciudadanía, dice que es momento de pensar cuál es la propuesta que tenemos para quienes vienen en la ciudad o los que deben contar la verdad del conflicto. Cree que todos los sectores deben acoplarse a las necesidades de quienes se reintegrarán y de quienes ya habitan como víctimas: “Por ejemplo, hay mujeres que saben de cirugías en la guerrilla sin haber terminado el bachillerato. ¿Van a desarrollar las universidades programas especiales de la homologación de la experticia de la vida guerrillera en la vida civil?”.

Madariaga considera que es importante que los capitalinos acudan a la creatividad para construir un modelo de paz que no existe y hacerlo de la mano con la región de Cundinamarca. “Aquí no nos sirve el cuento de otros países; esa vaina nos la tenemos que inventar. Para eso debemos reconocer que no lo sabemos y poner la enorme voluntad al servicio de esto”.

También llamó la atención la intervención de Jairo Andrés Rivera, vocero del movimiento Voces de Paz, quien enfocó su discurso en la participación política y en la necesidad de reivindicar la institucionalidad, a la que nadie le cree: “Necesitamos un cambio político. Uno no puede creer que vamos a cambiar el sentido común de una sociedad amasada a través de la guerra, la violencia política y la cultura mafiosa, si continuamos bajo liderazgos que nos ponen en ese mismo camino”.