Desminar territorios implica fortalecer el tejido social: Maria E. Molano

A partir de enero de 2018, el Grupo Danés de Desminado iniciará los Estudios No Técnicos y el Despeje de minas en el país. Su labor se enfoca en territorios de comunidades indígenas, campesinas y trabajar en parques nacionales naturales. 

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María Elvira Molano, directora del Grupo de Desminado Danés (DDG) en Colombia. / Gustavo Torrijos - El Espectador.

El Grupo de Desminado Danés (DDG, por sus siglas en inglés), es una organización civil y humanitaria que trabaja en 19 países afectados por la guerra o los conflictos armados, identificando y retirando minas antipersona y restos explosivos de guerra. A Colombia llegó en el 2010, siendo este país el segundo con más minas en el mundo, después de Afganistán. Durante este tiempo ha trabajado en educación en el riesgo con comunidades indígenas y campesinas de los territorios más afectados y alejados del país, como la Sierra de la Macarena en el Meta y San José del Fragua y Belén de los Andaquies en el Caquetá. De esta forma, les enseñan a identificar una potencial mina en el terreno y a que adopten comportamientos seguros como comunidad, como evitar tocar los elementos sospechosos y avisar a las autoridades responsables.

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Colombia 2020 habló con su directora, María Elvira Molano, una de las pocas mujeres que lidera este tipo de operaciones en Colombia. Nos contó acerca de su experiencia para llegar a liderar estos procesos que han quedado en manos de hombres y militares, principalmente. También habló sobre el inicio de operaciones de análisis y levantamiento de minas que comenzará la organización en enero próximo.

¿Cuál ha sido su trayectoria en materia de desminado y cómo llegó a liderar DDG?

Soy socióloga de base y después, antropóloga. He trabajado con comunidades hace más de 30 años, sobre todo con comunidades indígenas. En el 2002 empecé a trabajar con el Observatorio de Minas, con el Gobierno, y después en un convenio que tenía el Programa Presidencial  para la Acción contra Minas (PAICMA) con Parques Nacionales Naturales.

También trabajé con la Organización de los Estados Americanos (OEA) y después me fui a África. Allí, estuve en la República Democrática del Congo trabajando con una organización de desminado humanitario inglesa en la región de los grandes lagos y con las comunidades ribereñas del río Congo. Volví a Colombia a trabajar con comunidades indígenas y con diferentes ONG’s en conservación ambiental. Hace dos años me llamaron para dirigir esta organización.

¿Qué hace específicamente DDG?

El Grupo de Desminado Danés hace parte del Consejo Danés para los Refugiados. Es una organización civil, humanitaria y neutral que trabaja por las comunidades, en todos los países donde hay afectación por guerras. En Colombia estamos desde el 2010, primero haciendo toda la legalización de una organización internacional en Colombia y luego empezamos a trabajar con la Dirección de Acción contra Minas y Descontamina Colombia, fortaleciendo temas como los estándares de desminado. En marzo de este año, DDG obtuvo su acreditación. Fue un tema largo y difícil, y estamos en todo el proceso para empezar nuestras operaciones en campo, pero poco a poco se han agilizado todos esos procedimientos para lograr la meta que tiene Colombia de desminar el país completamente en el 2021. Paralelamente, hemos venido trabajando en educación en el riesgo de minas, para evitar los accidentes y que las comunidades adopten comportamientos seguros.

¿En qué lugares del territorio colombiano ha hecho presencia DDG?

El año pasado trabajamos en el departamento del Meta, en la Sierra de la Macarena en los Resguardos de Ondas del Cafre y Villa Lucía en Mesetas y en Cundinamarca en el Páramo de Sumapaz, en la localidad 20 de Bogotá, haciendo educación en el riesgo. Ahora estamos trabajando en el Caquetá, en San José del Fragua y Belén de los Andaquíes y continuamos en el Meta en La Uribe y en Mesetas con educación en el riesgo. Esa es la punta de lanza para el trabajo con las comunidades. Primero, para evitar los accidentes, pero también para tener confianza con las comunidades, para que ellas entiendan cómo es este proceso de desminado humanitario, porque alrededor de eso hay cosas que no están claras. La gente no entiende verdaderamente cuál es el papel que estamos haciendo.

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DDG el año pasado firmó un convenio con Parques Nacionales, ¿cómo es el trabajo con ellos?

Otra cosa que para nosotros es fundamental es el respeto al medio ambiente y a la conservación de la naturaleza. Siempre estamos muy atentos de que, con todos estos procesos de desminado, podamos tener normas ambientales acordes para que se respete la conservación. Por ejemplo, con las mujeres de las comunidades se han hecho viveros de plantas nativas para que después del desminado las siembren y así, restaurar el bosque.

Trabajamos con Parques Nacionales Naturales de Colombia desde el año pasado. Comenzamos con la Sierra de la Macarena y ahora en el Parque Nacional del Alto Fragua en Caquetá. Empezamos también a trabajar con educación en el riesgo en el Parque Nacional del Sumapaz porque vimos que es fundamental proteger esas áreas protegidas.

Específicamente, ¿en qué consiste cada programa de educación en el riesgo?

DDG trabaja en acción contra las minas y en reducción de la violencia armada. Una parte es educación en el riesgo de minas, que se hace con las comunidades locales. Trabajamos con grupos de mujeres, con niños, con las comunidades en general. Nuestra meta es salvar vidas, pero además, es establecer la confianza con las comunidades para restablecer unos territorios en los que la vida que sea más tranquila y más segura. La educación en el riesgo se hace para que las comunidades entiendan cuál es el peligro de las minas, qué deben hacer para evitar accidentes y cómo pueden adoptar comportamientos seguros que preserven la vida.

¿Qué tienen que hacer las comunidades?

Por ejemplo, si encuentran un objeto sospechoso en el terreno, no se debe tocar, ni tirarle palos, ni darle patadas, ni recogerlo. Si definitivamente encuentran un objeto que sea una granada, o un artefacto explosivo e improvisado, no se puede tocar, sino que la persona tiene que devolverse por el camino por donde venía, seguir sus huellas. Otra cosa, cuando encuentran un artefacto de estos, no hay que entrar en pánico, ni gritar, ni correr, ni agarrar el celular a llamar sino todo lo contrario: tener calma, mirar con detalle, tratar de recordar dónde fue y devolverse por los mismos pasos. Luego, ya se avisa a las autoridades locales sobre lo que acaba de pasar.

En el caso de los niños, ellos son muy propensos a tener accidentes porque la curiosidad los lleva a que toquen el artefacto, a que lo conviertan en un juguete y eso es un peligro, entonces se les enseña cuáles son las minas, cuáles son las municiones sin explotar, cómo es una granada, un proyectil, los casquetes de las balas, y otros elementos que pueden ser artefactos explosivos improvisados y están camuflados en cualquier tarro, en algún objeto cotidiano, un radio, un celular. Se les enseña que ahí puede haber peligro y cuáles son las medidas que ellos deben tomar.

Y después de la educación en el riesgo, ¿qué viene?

Luego vienen los estudios no técnicos, que hacen parte ya del proceso de desminado humanitario. Como las minas son de fabricación artesanal en Colombia, no industriales, tienen muy poco metal y es más difícil poderlas detectar. Además, por la geografía tan variada de nuestro país y la humedad, los suelos son jóvenes y están todavía formándose las capas, entonces las minas tienden a desplazarse.  

El estudio no técnico se hace también con las comunidades. Ellos empiezan a dar información de dónde pueden ser los lugares que están contaminados, las zonas peligrosas de las cuales tengan información, ya sea por la presencia de los grupos armados, por accidentes, porque cayó un animal o porque saben que en esa zona hay minas y por eso no pasan por ahí o no cultivan. Entonces la información la recogemos a partir de esa cartografía social. Ahora, las comunidades solamente participan en esa etapa. Está absolutamente prohibido que ellos puedan colaborar más allá de la información. Para eso tenemos un personal técnico, un jefe de operaciones que es especializado y ya ha entrenado a un equipo. Se pasa un plan de entrenamiento a la dirección Descontamina Colombia y ellos a su vez lo pasan a la OEA para que ellos lo aprueben.

¿Ahí es donde van a entrar ustedes a partir de enero?

En enero empezamos con el entrenamiento de nuestros equipos. Tenemos un jefe de operaciones chileno y un equipo donde también participa la comunidad local. Ya una vez se tiene la información, ahí entran los equipos de desminado y se hace la limpieza del territorio. El desminado humanitario no solo es importante por la limpieza física, que obviamente es fundamental, sino también por entregar un territorio limpio, donde puedan volver a sembrar, donde pueda haber un desarrollo sostenible agrícola, donde los niños puedan volver a sus escuelas tranquilamente, donde la gente pueda vivir en paz. Lo verdaderamente importante es fortalecer ese tejido social y la confianza en su territorio.

Trabajar con las comunidades indígenas y campesinas es fundamental para DDG porque algunos de sus territorios son los más minados. Nuestro enfoque es diferencial y adaptado a su cultura. Para los indígenas, por ejemplo, es vital salir a recoger sus plantas medicinales, hacer recorridos del territorio y respetar sus lugares sagrados. Nosotros como operadores de desminado humanitario tenemos que adaptarnos a las condiciones culturales de los pueblos indígenas.

¿Cuáles son las cifras de minas en territorios en los que hace presencia DDG?

El departamento más afectado es Antioquia, luego le sigue el Meta y el Caquetá. En Montañita hay 249 minas, en San Vicente de Caguán hay 261, por eso son municipios de alta afectación. Hay un resguardo indígena en San José del Fragua que se llama Yurayako con una escuela que es un modelo dentro de las escuelas indígenas. Los niños van con sus vestidos tradicionales a hacer los rituales, pero nos contaban sus maestras que no han podido volver a hacer los recorridos de reconocimiento del bosque por las minas. Por eso es urgente el trabajo allí.

¿Cuántas personas harán parte del equipo?

Vamos a tener dos equipos para los estudios no técnicos que aproximadamente son de 15 personas en total.

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¿Por qué es importante involucrar a las mujeres en procesos de desminado?

Las mujeres tienen una parte activa en todo este trabajo. La Brigada de Ingenieros Militares ya tiene a varias mujeres preparadas para trabajar en el proceso de desminado. Hay una mujer directora de una organización internacional que es Ayuda Popular Noruega (APN), la directora de la reciente organización de desminado de las Farc, Humanicemos, y yo, que soy la única mujer colombiana, directora de otra organización internacional de desminado humanitario. Hay jefes de operaciones mujeres como la de Halo Trust y de APN. Eso tiene un gran peso porque es abrir un campo de participación a las mujeres dentro de un tema que ha sido durante muchísimos años manejado exclusivamente por hombres. Nuestros equipos son conformados por mujeres y hombres y procuramos que haya un equilibrio de género real.  Estamos abriéndole la puerta a las mujeres y entrenándolas para que ellas puedan hacer parte de todo este proceso de la construcción de un país en paz.