Así se vivió la plebitusa al interior de las Farc

El triunfo del No puso a pender la paz de un hilo. Las 12 horas que siguieron a los resultados finales fueron cruciales para que el proceso de La Habana no fuera un intento fallido.

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Foto tomada durante la Décima Conferencia de las Farc en los llanos del Yarí/ Óscar Pérez

Mientras la mayoría del país veía en sus casas los resultados del plebiscito del dos de octubre del 2016, en varios lugares de la geografía nacional se encontraban los entonces combatientes de las Farc.

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Como casi todos los sectores que votaron Sí, los miembros de la guerrilla confiaban en una victoria holgada. "Nunca logramos creer que fuéramos a perder", cuenta Olmedo Ruíz, quien por esa época era comandante del frente 57 que operaba en Chocó.

A las 5 de la tarde, sin embargo, empezaron a toparse con la realidad. El No terminó imponiéndose con el 50,21% de los votos, en total 6’431.376 votaron en contra de lo que el Estado y la insurgencia habían pactado en La Habana. El golpe puso en jaque al proceso de paz. Ruíz cuenta que cuando conocieron los resultados se preguntó “¿Será que nos van a obligar a seguirnos matando por muchos años y que este país siga poniendo muertos?”

La incertidumbre de los integrantes de la guerrilla frente a lo que iba a pasar con lo pactado estuvo a punto de romper el intento de paz. En los llanos del Yarí quedaban algunos guerrilleros que habían acudido a la Décima Conferencia del grupo insurgente, donde aprobaron por consenso el acuerdo que firmaron Juan Manuel Santos y Timoleón Jímenez en Cartagena. "Se tomaron medidas", cuenta Usvaldo Zuñiga, quien pertenecía al frente 57. Por "medidas" se refiere a que los guerrilleros que estaban en el lugar se dispersaron temiendo bombardeos.

Lo mismo pasó en Bojayá. El frente 57 estaba preconcentrado allí. Luego de conocer los resultados la tropa se movió unos metros hacia el interior de la selva espesa chocoana. El temor eran los bombardeos. En otras zonas del país actuaron igual. "No podíamos creer que el país no quisiera la paz", opina Ruíz.

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Se estaba reactivando la guerra. Sin embargo, las palabras de Timoleón Jímenez, por esa época comandante máximo de la guerrilla, llevaron la calma a los puntos donde su ejército estaba reagrupado. “Las Farc mantienen su voluntad de paz y reiteran su disposición de usar solamente la palabra como arma de construcción hacia el futuro”, enfatizó. “Esas palabras nos volvieron a levantar el ánimo”, cuenta Ruíz.

El presidente Santos también dio una alocución presidencial. Rodeado de funcionarios con seños que develaban la derrota pronunció: "El cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo sigue vigente, y seguirá vigente". Esas palabras, que representaban una orden a las Fuerzas Armadas de no desarrollar acciones ofensivas contra la guerrilla, tranquilizaron un poco los ánimos en los puntos de preagrupamiento. No era para menos, muchos combatientes recordaban la reactivación de la guerra cuando los diálogos con el gobierno de Andrés Pastrana se rompieron en San Vicente del Caguán, en enero de 2002.

Al mismo tiempo, por varios canales de comunicación de la insurgencia se difundieron mensajes en los que Jiménez pedía tranquilidad. A pesar de esto, en las filas guerrilleras el triunfo del No fue un golpe fuerte en los ánimos con respecto al Acuerdo de paz. Pero las primeras marchas se empezaban a gestar en grupos de Whatsapp y reuniones de jóvenes en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali.

La sociedad civil

Tan pronto conocieron los resultados del plebiscito, grupos de universitarios y varias organizaciones sociales empezaron a organizar movilizaciones en varias ciudades. Las marchas contaron con una afluencia de personas que ni el más optimista de los organizadores sospechó.

En varias ciudades se llevaron a cabo tres marchas multitudinarias, una el 5 de octubre de 2016 llamada La marcha del Silencio, otra el 12 del mismo mes a la que acudieron organizaciones campesinas e indígenas de diferentes partes del país y el 20 se realizó la última.

Las movilizaciones surtieron efecto. En su cuenta de Twitter Iván Márquez, líder negociador de la guerrilla en La Habana, prometió el 5 de octubre: “Ante este respaldo multitudinario de Colombia a la paz, juramos no dar marcha atrás”. “Nos dieron la esperanza de que la paz era irreversilble”, recuerda Ruíz que fue lo que sintió en medio de la selva chocoana.

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Pero el impacto no sólo lo sintieron los líderes, la base guerrillera en los puntos de preconcentración también fueron tocados por los gestos de apoyo de la sociedad civil. Más de cinco personas, que tenían distintos rangos en la organización y hoy se encuentran en las zonas veredales, confirmaron el envión anímico que estas históricas jornadas les brindaron.

Los sectores sociales persistieron en su apoyo a la salida negociada del conflicto armado. En Bogotá, por ejemplo, se instaló el campamento por la paz que estuvo en la Plaza de Bolívar hasta que fue desalojado, en horas de la madrugada por la Policía el 19 de noviembre. En regiones como Cauca, Valle y Chocó, los combatientes de diferentes frentes se juntaron con integrantes de la sociedad civil en vigilias por la paz que incluían diálogos y muestras artísticas que tenían como objetivo rodear el dialogo y exhortar a los integrantes de las Farc a persistir en el proceso de paz. 

Paralelo a la movilización, se llevaron a cabo negociaciones con sectores del No. El 24 de noviembre se firmó un nuevo acuerdo entre el Estado y las Farc. A inicios del 2017 los integrantes de la guerrilla marcharon hacia las zonas veredales en donde dejaron las armas. Hoy agradecen el impulso que les dieron las movilizaciones sociales para derrotar el miedo de volver a la guerra. "Sentimos que la paz estaba rodeada por el pueblo", concluye una persona que hacía parte del Estado Mayor del Bloque Oriental (Embo).