¿Y dónde es el partido?

Estando en modo mundial, quería dejar de lado mis escritos sobre las víctimas de la Fuerza Pública y su olvido. Un inexplicable despiste en el sector Defensa fue el culpable.

Afirman los productores de ¿Y dónde es el partido?  −magistral pieza audiovisual sobre reconciliación que se emite de lunes a viernes por Señal Colombia−, que su propósito es dar a conocer las historias de vida de hinchas que "usan el fútbol como pretexto para construir país, luchar contra la violencia y evitar que los jóvenes y las comunidades caigan en la cultura del crimen".

Quería entonces enfocarme en el capítulo que narra las vivencias del equipo Fútbol Club Héroes de la Patria de Bogotá, verdadero ejemplo de resiliencia surgido en el seno mismo de las Fuerzas Militares. Este equipo, conformado por soldados amputados, tienen por límite el cielo; a estos crack del balompié, las 'quiebrapatas' no les cercenaron su amor por Colombia.

Pero un episodio que escapa a mi comprensión me volvió a poner en el ágora de la discusión sobre las víctimas provenientes de esta orilla del conflicto. ¿Y dónde es el partido? parecen preguntarse los funcionarios del sector Defensa responsables del tema, pues siguen dando palos de ciego.

El director técnico y los jugadores de este onceno, que en teoría representa los intereses de las víctimas provenientes de las filas de las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, no tienen la remota idea del grupo en el que juegan, menos de los rivales y los estadios dónde afrontarán sus partidos claves.

El miércoles 13 de junio se llevó a cabo una audiencia pública organizada por la Justicia Transicional bajo el sugestivo título 'Anteproyecto de criterios y metodología de priorización de casos y situaciones en la Sala de Reconocimiento de Verdad, Responsabilidad y Determinación de hechos y conductas de la JEP'. En otras palabras, una reunión previa para perfilar qué conductas serán examinadas por los togados de este tribunal del posacuerdo.

¡Horror! El sector Defensa estuvo ausente de esta palestra donde se escucharon toda suerte de diatribas contra el Estado y sus agentes. ¿Qué pasó? ¿Hay alguna explicación? Eso sí, asistieron la crema y nata de las organizaciones de víctimas con clara inclinación ideológica zurda y que destilan odio para con nuestros hombres.

Veinticuatro ONG llevaron la voz de indígenas, afrodescendientes, campesinos, estudiantes, obreros, defensores de derechos humanos y mujeres, entre otros grupos sociales y minorías. El contrapeso estuvo a cargo de no menos de cinco instituciones del Estado, incluida la Comisión de la Verdad. La universidad también participó, así como una sola organización ‘propias tropas’.

Los togados de la JEP no escucharon nada sobre los graves crímenes de guerra atribuidos a las Farc, mucho menos sobre las graves violaciones a los derechos humanos endilgadas a los hoy dirigentes y partidarios del naciente partido político. Nadie les habló de los ataques a la misión médica, los crímenes sexuales, los asaltos indiscriminados a poblaciones, el reclutamiento forzado de menores, la destrucción de bienes vitales para la supervivencia de la población civil, los ajusticiamientos, los casos de perfidia, el uso de minas y armas no convencionales, el despojo de tierras, la toma de rehenes, el desplazamiento y la desaparición forzada de soldados y policías y sus familias.

Para quienes son responsables de tamaño despropósito en mis amadas Fuerzas Militares, sólo me queda recordarles las palabras de Horacio hace ya varios siglos: “¿Qué mejor manera de morir puede tener un hombre, que la de enfrentarse a su terrible destino, defendiendo las cenizas de sus padres y los templos de sus dioses?”

Mi general Mejía Ferrero, le imploro tomé las riendas del asunto. Como vamos, los hombres que con honor y sin tacha se sacrificaron en el pasado por nuestra atribulada patria, en el futuro serán llevados al patíbulo y reducidos al infame olvido.