¿A usted le han sido infiel?

Aunque en Colombia detentemos el deshonroso primer lugar de la región en cuanto a infidelidad de pareja, la estadística se queda corta ante un nuevo, y muy destructivo, concepto del que algunos colombianos han sido pioneros (y muchos otros víctimas): la infidelidad política.

Colombia es el país con mayores índices de infidelidad en América Latina, de acuerdo con datos de una investigación realizada por la firma alemana GFK. Ostentamos la – no virtuosa– cifra de que, por cada 100 colombianos, 29 le han sido infieles en al menos una ocasión a sus parejas. Si bien resulta común que el concepto de infidelidad se relacione con frecuencia a las relaciones de pareja, no aplica exclusivamente para ello. Por eso, decidí tomar definiciones de diversas fuentes con el fin de entender el alcance del término. Así, he logrado comprender que el concepto se refiere a la ruptura de un vínculo de confianza como consecuencia de mentirle, de forma consciente, a la contraparte sabiendo que el comportamiento adoptado no es moralmente correcto.

Aunque en Colombia detentemos el deshonroso primer lugar de la región en cuanto a infidelidad de pareja, la estadística se queda corta ante un nuevo, y muy destructivo, concepto del que algunos colombianos han sido pioneros (y muchos otros víctimas): la infidelidad política. Hay quienes piensan que el concepto no es nuevo en nuestro país en tanto en la política es recurrente la existencia de prácticas clientelistas, desleales y de transfuguismo. No es falso aseverar que en la praxis política colombiana el discurso versa más sobre lo demagogo que sobre lo pragmático. Sin embargo, este concepto de infidelidad política va más hacia el extremo debido a que ha generado un daño incalculable – doloso y doloroso – que, aún consciente, no dimensionó las atrocidades de sus consecuencias. ¿Recuerda el escándalo de la “Campaña por el NO” del Centro Democrático? Sí, exactamente a eso me refiero.

El sector de oposición más representativo politizó algo tan solemne como la paz; la utilizó como un medio y no como lo que debería ser, un fin. Si bien mucho se ha escrito en contra de tan indigna estrategia, mi interés no es rebajarme a lo mismo. Uribe Vélez y Vélez Uribe, “del mismo modo y en sentido contrario”, le fueron infieles a millones de personas que, enceguecidas, creyeron falsamente en algo que no era más que una vacía estratagema política. Por lo tanto, el objetivo del presente es abrazar lecciones para el futuro cercano.

Una reconocida máxima advierte que “lo que no nos mata, nos hace más fuertes”. La infidelidad política del Centro Democrático es una valiosa lección para que, durante el proceso de paz venidero con el ELN, sepamos cómo no dejarnos meter los dedos en la boca por parte de actores que, aunque influyentes, perversos. Para empezar, debemos comprender que el ejercicio democrático no debe estar supeditado a nadie, excepto a uno mismo. De esa manera, la investigación responsable y el sano debate son imprescindibles para ejercer un voto responsable.

Y es que el proceso de paz con el ELN no será tan distinto del negociado con las FARC. La agenda establecida – hasta ahora – consta de seis puntos: participación de la sociedad civil, democracia para la paz, transformaciones para la paz, víctimas, fin del conflicto e implementación. De lo anterior, los últimos tres tópicos se destacan por ser similares a lo negociado con las FARC, incluyendo el hecho de que ya se ha pensado refrendar popularmente los acuerdos negociados en el futuro, de modo que nuestra obligación ciudadana debe propender por la objetividad y las conclusiones propias en lugar de las infundadas por falsos argumentos.

¿Las personas de la tercera edad van a perder su pensión? ¿seremos la próxima Venezuela? ¿habrá impunidad y ningún excombatiente pagará cárcel? ¿a los guerrilleros les pagarán millones de pesos por retornar a la vida civil? ¿la propiedad privada se redistribuirá? ¿Colombia está condenada a vivir en guerra? Es momento de dejar de creer en falsedades. La paz no es un juego de niños.

Prefiero que 29 de cada 100 colombianos le sean infieles a sus parejas, y no que una bancada de ellos engañe a millones. Incluso con la incertidumbre que hoy vivimos como país, no es descabellado afirmar que vienen tiempos difíciles. Un nuevo proceso se avecina y con él llegarán fuertes intereses privados, estratagemas políticas y, por supuesto, nuevos engaños. Que lo sucedido con la campaña por el “No” sirva de lección para que ni a usted ni a mi nos sean infieles; estos cachos no nos los ponen de nuevo.