Una comisión histórica sin historiadores

La Comisión de la Verdad deberá enarbolar las banderas de la esperanza para el futuro de Colombia. 

La tarea que le fue delegada de contribuir al esclarecimiento de lo ocurrido y ofrecer una explicación amplia sobre la complejidad del conflicto armado, es una empresa ardua y rigurosa que tiene por delante un camino con múltiples desafíos, de sus hallazgos dependerá, en gran medida, el modelo de sociedad que podremos construir de cara al postconflicto.

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Aunque algunos sectores subestiman la relevancia de la CV y la ven como la simple reunión de académicos e investigadores que escribirán publicaciones que nunca nadie leerá y que se convertirán en textos empolvados en viejos anaqueles, el futuro del país obedecerá a sus conclusiones. Si bien la comisión pareciera tener poca importancia comparada con los tribunales de paz, las unidades de Desmantelamiento de Organizaciones Criminales y de Búsqueda de Desaparecidos, esta vendrá a ser la piedra angular del proceso de paz por ser un auténtico ejercicio dialéctico sobre el futuro.

En unas décadas, cuando los juicios terminen y los victimarios hayan cumplido sus penas, e incluso, nuestra generación no exista, lo único que supervivirá será la historia, más allá de los actuales afanes, discusiones coyunturales y políticas sobre la JEP, subsiste una pregunta ¿cómo recordaremos el conflicto? Cuando muchos de nosotros no podamos opinar, influir o relatar sobre lo que fue una era completa de violencia en Colombia, solo quedaran las líneas de la historia y aunque existe un acervo bibliográfico extenso sobre la confrontación, aún carecemos de un documento que aporte conclusiones universales que representen al pleno social.

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Para lograrlo es fundamental que se puedan establecer responsabilidades sobre lo sucedido en el marco de la confrontación, sin distingo de los actores, no con el fin de perpetuar las diferencias ni proporcionar argumentos para quienes promueven la polarización, sino, por el contrario, para poder reflexionar, identificar y buscar solucionar las deficiencias que contribuyeron a la génesis, la degradación y la prolongación del conflicto, y así trazar un plan para la no repetición. 

Si bien será difícil construir una verdad única e irrefutable, más allá del positivismo decimonónico, comoquiera que la verdad es un valor relativo, lo cierto es que las conclusiones que salgan de la CV deberán representar a todos los sectores sociales,  de lo contrario solo se abra configurado un ejercicio que promueva más odios y diferencias de las que inicialmente se había propuesto analizar. Hemos aprendido de iniciativas académicas e informes inconclusos y limitados, construidos en el pasado, que si se promueve la estigmatización de algún sector en particular o se limitan las responsabilidades, el resultado será el incremento del resentimiento y la violencia.

Conviene reconocer que la relevancia de la CV estará en que logre traducir para el futuro (historia) una visión amplia e integral, para ello se requiere la presencia de diferentes profesionales, sin embargo como historiador veo con preocupación que una comisión que se preocupa por estudiar hechos de carácter histórico y cuyos resultados serán en pro de la historia, no haya sido seleccionado ningún historiador entre los comisionados, lo cual es más que sorprendente y confirma lo que he señalado con ahínco en el pasado: el desestimó por el saber histórico en Colombia. Aun así, otorgó un voto de confianza sobre la idoneidad de los comisionados seleccionados.

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Para las ciencias sociales, tradicionalmente eclipsadas, este es un momento en el cual el saber interdisciplinario podrá entrelazarse para cumplir con el mandato de lograr un texto, amplio, vinculante, con enfoque regional, de carácter extrajudicial, esperanzador y con eje en las víctimas. Por ello como colombianos tenemos la obligación de confiar en nuestras instituciones en general y, a la Comisión de la Verdad en particular.

Así las cosas, la interdisciplinariedad y la suma de los conocimientos deben fortalecer el discurso histórico y la técnica historiográfica, los cuales deben ser los protagonistas centrales en la CV, ya que otorgan un saber por el cual se puede proporcionar respuestas a los colombianos del presente y a los que vendrán.