Un proceso de paz incluyente es clave para el éxito de los acuerdos de paz

Colombia ha venido transitando un nuevo camino hacia la paz, a través de la solución negociada de un conflicto armado interno de más de cinco décadas. La paz es de los colombianos, pero también del mundo. Suecia no sólo ha reconocido estos esfuerzos, sino que desde hace varias décadas ha venido dando su apoyo para que se aprovechen todas las inmensas potencialidades que tiene el país y que lo hacen único en el mundo.

Por este motivo, para Suecia es muy grato apoyar y participar en la mayor congregación de laureados del premio Nobel de Paz en la historia, premio que nuestra nación orgullosamente continúa patrocinando en memoria del inventor e industrial sueco Alfred Nobel. En su testamento, Nobel se aseguró de que, entre las cinco categorías de premios otorgados a su nombre, el de la paz se le entregara “a la persona que ha hecho el mejor trabajo o la mayor cantidad de contribuciones para la fraternidad entre las naciones, la supresión o reducción de ejércitos, así como la participación y promoción de congresos de paz y derechos humanos”. El hecho de que más de 25 individuos excepcionales condecorados por esta causa se reúnan en Colombia respalda la importancia de apostarle a la construcción de paz.

Desde el inicio de las negociaciones previas al Acuerdo de Paz que se firmó en 2016, Suecia ha ofrecido su acompañamiento y apoyo a la implementación de los acuerdos.

Pero la paz de Colombia también significa mucho para la región. Terminará el conflicto armado más viejo del hemisferio occidental. Beneficiará la estabilidad de la seguridad latinoamericana y, algo muy novedoso, este acuerdo de paz le está dejando al mundo muchas lecciones en temas como justicia transicional o el de género.

Por eso nuestra insistencia a lo largo de las últimas décadas para que se reconociera el conflicto y se atendiera. No fue sólo un llamado desprevenido, sino un trabajo sistemático en estrategias de cooperación con líneas de trabajo específicas en temas como los derechos humanos, la justicia transicional, asuntos humanitarios, desarrollo rural, democracia, medioambiente, empresas y paz y género.

Sobre este último punto, vale la pena mencionar que Suecia es el único país del mundo con una política exterior feminista que busca que las mujeres y los hombres tengan el mismo poder para determinar su sociedad y sus propias vidas. Esta política ha fortalecido y respaldado el trabajo de la Embajada en Colombia.

No se puede dejar a la mitad de la población por fuera de decisiones que definen su futuro. No es sólo un tema de derechos, es un tema de inclusión de nuevas perspectivas en la política y en la práctica.

En este sentido, consideramos que un proceso de paz incluyente es clave para el éxito de los acuerdos de paz. La participación de la sociedad civil, y específicamente de las mujeres —quienes tradicionalmente han sido excluidas de los espacios de toma de decisiones—, no sólo permitirá alcanzar lo anterior, sino también será una herramienta para la prevención de futuros conflictos.

En Colombia, las mujeres han sido la mayoría de las víctimas sobrevivientes del conflicto interno armado. Pero no pueden ser vistas sólo como víctimas, pues también son parte de la solución. Un acuerdo de paz con un enfoque de género reconoce los efectos del conflicto interno armado en las mujeres y las incluye como parte de la solución para la construcción de paz.

Soy una embajadora de Suecia orgullosa. Puedo evidenciar que durante mis seis años en Colombia, la imagen del país en el mundo ha cambiado. Entre otras cosas, gracias al sueño de paz, que ahora se encuentra más cerca que nunca. Este anhelo hace de Colombia un país aún más incluyente, en el que actores como las mujeres y los empresarios se empoderen y sean parte de la solución para la construcción de una sociedad más democrática y en paz.

* Marie Andersson de Frutos, embajadora de Suecia en Colombia.