Todo es político y los feminicidios no son la excepción

Mientras nos rasgamos las vestiduras intentando dilucidar la política electoral, de quien llega al Palacio de Nariño, en Colombia pasan y pasan feminicidios sin que las leyes se apliquen. Esto no es un problema menor y debe ser parte de la coyuntura electoral.

En Semana Santa quise despejarme y no escuchar, ni leer, ni ver noticieros, corrupción, enfrentamientos, tanto acuerdo politiquero pero fue imposible alejarme de esta deformación profesional, además no niego que pienso y trabajo por el futuro de este país, a fin de cuentas es el mío, en el que vivo, el de la gente que amo y de la que no amo también.

Escuché cantar los pájaros, dos gatos maullaron, medité un rato, me estiré y…en fin, "escuchemos a Yolanda", me dije. Y sí, claro, que sí, que  los liberales apoyan a su candidato (¡vaya cosa más rara! esa de no apoyarlo y de las peleas internas que tienen); que los de la U se van con “coscorrones”, digo con Germán Vargas Lleras, que si Iván Duque es de derecha y Gustavo Petro de Izquierda, o si Sergio Fajardo y De la Calle son de centro. No hay centro ni izquierda en este país.

De verdad que hablar de derecha lo entiendo pero de ¿izquierda? Hace rato que el socialismo real desapareció. ¿Me van a decir que Venezuela es Socialismo? ¡Por favor! Son ignorantes o se lo hacen, mejor que declaren (lo negarán hasta el final de sus días)  que quieren aplicar el manual de Joseph Goebels, el publicista nazi, mano de derecha de Hitler para seguir ondeando la bandera del miedo y de sumar mentiras, “La psicología de masas del fascismo”, de la que hablaba Wilhelm Reich.

Hay que imponer el terror para ganarle a un candidato socialdemócrata, que no habla de acabar con la propiedad privada sino de promover un estado de bienestar, bueno lo dicen De la Calle y Petro con partidos diferentes y procedencias políticas distintas. Además, resulta que ayer se hablaba de revolución y era subversivo, y sí, lo era, pero hoy hablar de paz con la profundidad y reformas que implica esa palabra tan cortita también es subversivo. ¡Ayayay! Los tiempos cambian, las circunstancias varían y la gente también.

Pero resulta que mientras nos rasgamos las vestiduras intentando dilucidar la política electoral, de quien llega al Palacio de Nariño, en Colombia pasan y pasan feminicidios sin que las leyes se apliquen, sin que un alto número de funcionarios y funcionarias conozcan o se sensibilicen frente a los hechos, sin que los medios hagan una labor pedagógica.

Me estremezco cuando leo que sólo en Caquetá en lo que va corrido del año se han cometido ocho feminicidios y cuatro de ellos ocurridos en el último mes. La Ley 1761 de 2015 o Ley Rosa Elvira Cely tipifica ese delito. Puede reconocerse por “el desprecio, la subordinación, la misoginia, el control, la intimidación, que anteceden o son relacionados al hecho y que se pueden probar con denuncias anteriores sobre violencias”, lo comenta http://www.sdmujer.gov.co

La Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (LIMPAL) denunció que en los últimos 10 años, según la Fiscalía, se han abierto 34.571 procesos relacionados con feminicidios y sólo se han condenado 3.658, es decir, una impunidad del 90%.

Cuántas mujeres podrían salvarse en este momento de ser víctimas de violencia en su más alto grado, el feminicidio, si fuesen atendidas, si al llegar a la comisaría no le dijeran “váyase para su casa que eso pasa en todas las parejas”, si hubiesen suficientes sitios para escucharlas, atenderlas y sobre todo, si lográramos enterrar este machismo que entierra mujeres.

Pero no es suficiente la atención a las mujeres, hay que reformar el sistema educativo, grandes procesos de transformación cultural por la igualdad y la equidad, no sólo campañas ni paños de agua tibia para lavar conciencias. Estas denuncias no son problemas menores, debieran hacer parte de esa llamada gran política, de los programas, de las coyunturas electorales porque esto que parece personal “también es político”.