Sí recursos, no vandalismo

Se debe reconocer la necesidad de un cambio en doble vía, uno por parte del gobierno para no minimizar la gravedad del problema y otra de autorreflexión al interior del movimiento estudiantil para no ser herramienta del utilitarismo ideológico que  opaca el fin último de la educación superior

Sobre la reciente tensión entre los estudiantes y el gobierno nacional anotar:

Como primera medida  la urgencia de enviar un mensaje a las autoridades sobre la necesidad de no procrastinar más en la adopción de una solución a los problemas estructurales que adolece la educación superior pública. Gracias a la movilización social, estamos ante la oportunidad histórica de fortalecerla y, con ello, de intentar equilibrar, con políticas de mediano y largo aliento, la excesiva concentración de riqueza existente en el país. Esta es quizá una de las pocas herramientas que permiten el ascenso social de las clases menos favorecidas, por lo tanto, se requiere un mejoramiento en la cobertura, la calidad y la dignidad. No más edificios cayéndose a pedazos.  

Como se ha mencionado anteriormente en esta columna, la movilidad social no es únicamente la expresión de una política de bienestar gubernamental, sino que es una realidad de la que pueden dar cuenta miles personas que han contado con la oportunidad de educarse. Quitarle jóvenes al conflicto y ponerlos en las aulas, es un proceso que está mediado por las oportunidades y la oferta educativa del Estado, es por ello, que la política sobre esta materia debe ser completa e integral, no a medias ni de forma cicatera. La paz se construye desde la educación y, sobre todo, desde la educación pública.

Para quienes hemos sido estudiantes de universidad pública es claro que, en general, la movilización estudiantil ha dado enormes muestras de reflexión y de interés por el bienestar de las generaciones futuras, empero, también existe presencia de grupos armados ilegales que han buscado cooptar jóvenes para reclutarlos a sus causas políticas y que, aquellos reductos violentos, a veces encuentran ocasión de expresarse violentamente en el curso de la protesta con vocación pacífica. El problema está en que sus prácticas han derivado en la radicalización, el vandalismo e inclusive, el terrorismo. En esos casos, la idea de aprendiz se desdibuja, pues en esencia, es estudiante quien asiste a la universidad para instruirse.

El movimiento estudiantil es necesario y legítimo, la protesta social es uno de los grandes logros de la humanidad y es la juventud la llamada a reclamar por el tipo de país que se quiere y el gobierno nacional no debe ser ajeno a los reclamos que la sociedad. Sin embargo, es también una obligación del movimiento estudiantil el depurar la radicalización, la violencia y el vandalismo de sus acciones, de otro modo nunca será visto como un actor legítimo y sus objetivos nobles se diluirán en medio de la violencia y cuando esto sucede se configura un contrasentido, ya que el medio de expresión de un estudiante nunca debe ser violento. Hay que cambiar la consigna de la movilización de ¡lucha! por la de ¡futuro! Así como propugnar por la modernización de los medios de protesta, sin capuchas.     

Quizá uno de los agravantes de esta tensión está dada por la estigmatización entre las partes: por un lado un sector del gobierno interpreta al movimiento estudiantil como una caterva de desadaptados infiltrados por las guerrillas y que cualquier recurso que se le dé a sus reclamos será para financiar a líderes comunistas/terroristas. Por su parte, el movimiento estudiantil debe dejar de ver al gobierno como opresor, oligarca e imperialista. Es imperativo sacar el debate de las cenizas de la Guerra Fría, entre otras porque representan tensiones que obedecen a interés ideológicos que se han instrumentalizado para un debate que el mundo hace varios años superó.

Se debe reconocer la necesidad de un cambio en doble vía, uno por parte del gobierno para no minimizar la gravedad del problema y otra de autorreflexión al interior del movimiento estudiantil para no ser herramienta del utilitarismo ideológico que  opaca el fin último de la educación superior. Los mismos estudiantes están permitiendo, al no depurar sus filas, que la educación superior pública se desnaturalice. 

Por su parte, la dantesca imagen de un policía ardiendo en llamas o un estudiante ensangrentado en medio de enfrentamientos con la fuerza pública, causa dolor de patria, triste es que un joven desposeído de riqueza intente quemar a un uniformado también joven y también desposeído de riqueza. Ambos casos representan a colombianos convencionales con familia y sueños,  tan solo diferenciados por su condición de uniformado o estudiante.

Entonces, la protesta es legítima y necesaria, la educación pública desde hace tiempo requiere de recursos para  seguir siendo de alta calidad. Es obligatorio que los estudiantes tomen acciones para erradicar la violencia de la movilización y actualizar los medios de protesta. La causa del estudiantado es una causa de todos, la sociedad debe formar un frente amplio por este tema, sin embargo las movilizaciones no deben  ser medios para aumentar la polarización nacional.

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