¿Saldrá usted a votar?

Desde el año 1945 a la fecha, el promedio de participación para elecciones legislativas ha sido del 42.8% y para presidenciales del 45.9%. Esto quiere decir que solo ejercen su derecho al voto menos de la mitad de las personas.

Según las estadísticas más recientes del Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral – IDEA, Colombia tiene el peor índice de participación electoral de América del Sur. Desde el año 1945 a la fecha, el promedio de participación para elecciones legislativas ha sido del 42.8% y para presidenciales del 45.9%. Esto quiere decir que cada cuatro años salen a ejercer su derecho al voto menos de la mitad de las personas habilitadas para ello. Una realidad preocupante que habla mal de la cultura política colombiana.

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Nos hemos convertido en ‘procrastinadores electorales’. Hallamos una infinidad de motivos para no hacer uso de nuestro derecho constitucional de votar y nos acostumbramos a postergar la oportunidad de hacerlo, hecho que abiertamente reconoce el poco valor que le damos a nuestra democracia. Tenemos un evidente malestar por la política y créame que lo entiendo: yo también estoy cansado de pensar que pierdo mi tiempo, que le otorgo mi confianza a un político corrupto o que mi voto no cambia nada. Pero la realidad es que salir a votar conscientemente sí funciona.

Cuanto mayor sea la participación electoral, más fuerte será la democracia y mejor su transparencia. Un análisis basado en datos establece que existe una posible correlación entre el nivel de participación electoral con la calidad de la democracia y la percepción de transparencia de las personas hacia el sector público.

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El Índice de la Democracia (2017) de la Unidad de Inteligencia de The Economist clasifica a los países en un ranking de calidad de la democracia que tiene en cuenta variables como los procesos electorales, el funcionamiento de los gobiernos, la cultura política y, por supuesto, la participación ciudadana. Colombia, que como anteriormente se mencionó registra niveles muy regulares de participación en elecciones, es clasificada en el mencionado Índice como una “democracia defectuosa” en razón a debilidades en la gobernanza y la baja participación política a pesar de tener elecciones libres.

Uruguay, por el contrario, es un caso de éxito. En los últimos treinta años, en promedio la participación electoral del país ha sido del 90% (la más alta del continente), factor que ha influido en la calidad de su democracia, pues este estudio le ha otorgado la clasificación de ser la única “democracia plena” en América Latina y el Caribe. Caso contrario – por ejemplo - ocurre con Haití, un Estado que en las últimas elecciones presidenciales registró en promedio 23% de participación electoral y que ha sido clasificado por el Índice de la Democracia como un “régimen híbrido” caracterizado por tener irregularidades electorales, debilidad institucional y altos índices de corrupción.

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Precisamente, la Organización Transparencia Internacional, a través de su Índice de Corrupción 2017, clasificó a Haití como uno de los treinta países en los que en el sector público ocurren más actos de corrupción. En sentido opuesto, Uruguay –cuya participación electoral es ejemplar – es el país más transparente de la región y uno de los veinticinco mejores del mundo en la lucha contra la corrupción. Mientras tanto Colombia, donde menos de la mitad de los electores sale a votar, cuenta con un índice de corrupción tan alto que ocupa el puesto 96 de 180 países clasificados por la Organización. Los datos no son una simple casualidad.

Sin duda, además de ser evidencia de la calidad de la democracia, ejercer el derecho de votar es un acto preventivo de lucha contra la corrupción: al depositar consciente y premeditadamente su voto sobre un candidato idóneo, usted estará combatiendo la maquinaria de los políticos eternos, de los nepotistas, de los corruptos y de aquellos que suben al poder para velar por intereses particulares. Hoy en día los políticos infructuosos saben que van a quedar electos porque, igual que en los últimos cincuenta años, usted no saldrá a votar en favor de alguien que los pueda derrotar. Es justo esto lo que debe ser cambiado.

Los precitados Índices de Democracia y Transparencia no determinan el futuro de Colombia ni son trascendentales para el país; simplemente otorgan herramientas para el análisis con base en la realidad. Lo importante de todo esto es comprender el mensaje inherente en la evidencia: ejercer el voto es positivo para la calidad de la democracia y favorece su transparencia. No hacerlo nos seguirá encarrilando en la senda histórica del abstencionismo, de los problemas en la gobernabilidad y de los escándalos de corrupción.

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Votar a conciencia reduce el impacto de las maquinarias sobre la democracia. Votar a conciencia ejerce un contrapeso para quienes buscan perpetuarse en el poder. Votar a conciencia aumenta la legitimidad, mejora la gobernabilidad y favorece el consenso. Votar a conciencia expresa su voluntad y empodera su ejercicio ciudadano. Votar a conciencia transmite su mensaje de rebeldía y de protesta. Votar a conciencia enriquece sus ideas y el debate. Votar a conciencia derrota a los corruptos. Votar a conciencia lo responsabiliza a usted del futuro de Colombia.

Así las cosas, ¿saldrá usted a votar?

@VizcayaCamilo

*Todas las consideraciones aquí contenidas responden exclusivamente a opiniones personales del autor.

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