¿Qué es la Conversación más Grande del Mundo?

Cuando en Colombia tuvimos ante los ojos un nuevo proceso de paz, empezamos a evidenciar que más allá de la apuesta de una mesa de conversaciones entre la guerrilla y el gobierno, se nos venía una más retadora, la Conversación de la que seriamos parte los ciudadanos en nuestra cotidianidad.

Con el telón de fondo de ese proceso político, viviríamos un intenso proceso de deliberación social. ¿Cómo nos sentíamos nosotros, los de a pie, frente a lo que nos planteaba la promesa de "La Paz"?, ¿Qué significaba en nuestro entorno eso de tener "un conflicto", vivir en él y con él?

Todo colombiano en los últimos años ha sostenido conversaciones sobre asuntos relacionados con la paz; en su casa, en su lugar de trabajo. En una medición hecha por LCMGDM con el Centro Nacional de Consultoría, para septiembre de 2016 el 77% de los encuestados afirmaba haber conversado sobre la paz.

¿Estábamos preparados para hacerla?, ¿teníamos la información para poder tomar una posición?, ¿de qué manera expresábamos (o expresamos aún) nuestros miedos, nuestras inquietudes y ansiedades  sobre lo que nos traería esa paz?

Ahí nace LCMGM. Un proyecto para aprender entre todos cómo era eso de  construir la paz.

Si esta conversación se daba en cada individuo, ¿no sería la más grande que hubiéramos tenido?, ¿no sería acaso la más importante para nuestra generación y las que vienen?, ¿acaso no valdría la pena escucharnos entre todos y a todos?, ¿no era esta la oportunidad para salir a vernos a la cara y comprender lo qué el conflicto había hecho de nosotros?

Hay maneras negativas de estar juntos, como agredir, intimidar, amenazar, estigmatizar, discriminar. Esas las conocemos de sobra, destruir al otro. La conversación es la manera constructiva. La mejor forma de decidir juntos el futuro de Colombia en paz es Conversando.

Con esta visión, nos constituimos en el proyecto de pedagogía y movilización promovido por el Gobierno Nacional para incentivar la participación ciudadana y la deliberación pública sobre asuntos relacionados con el postconflicto y la construcción colectiva de la paz.

Y la estamos haciendo poco a poco. La idea central: promover la mayor cantidad de espacios, con la mayor diversidad posible. Hemos sido tercos en resaltar la voz de los ciudadanos en la construcción de paz, y lo seguiremos siendo porque seguimos conversando.

En esa misma medición, de las personas que habían conversado sobre paz, 62% lo hizo en su casa, 51% con amigos, 35% en el trabajo, 11% en el colegio, 5% en redes y 3% en foros. La ruta ya está marcada.

Percatados de esta realidad hemos extendido las redes de esta gran conversación: Participamos en eventos regionales, académicos, de madres, de líderes, con estudiantes, con maestros sembrando la idea de la conversación como transformadora de realidades. Ofrecemos ciclos de conferencias-taller por demanda: “Conversemos sobre historia para entender el futuro”, “Habilidades democráticas para la paz” y “Conversemos: cómo usar el manual de la conversación”.

También construimos la red de Jóvenes Embajadores de la Conversación y capacitamos a más jóvenes de todo el país. Trabajamos de la mano con maestros, especialmente en el eje cafetero, por medio de conferencias como “LCMGDM como estrategia territorial de convivencia, reconciliación y  reintegración”, “LCMGM escenarios de reconciliación” y “LCMGM en los nuevos escenarios de la paz. Proyectos transversales y Educación para la paz”. Hemos conversado con líderes comunales, grandes empresarios, víctimas, periodistas, estudiantes, campesinos y familias.

Construimos campañas digitales para motivar la reflexión de cambios profundos en nuestra cultura como “Adiós a la guerra”, “No más exclusión”, “La Paz es Una Nota” y lanzaremos próximamente una sobre conversaciones que cambian vidas.

Y nos falta. Queremos tocar las puertas de más personas, organizaciones, movimientos, partidos, medios de comunicación, secretarias de educación, redes y liderazgos sociales,  culturales, espirituales, incluidos sus críticos y detractores que se sienten interpelados por el proceso de paz, pero, además se extiende a quienes por diferentes razones o circunstancias son indiferentes, escépticos ciento por ciento, tienen temores o dudas sobre cómo hacer de ella una realidad.

Nuestro sueño es que todos los sectores de la sociedad se sientan parte de un mismo proceso y experimenten que, en efecto, la paz es de ellos y con ellos y que todos pueden aportarle porque es un bien público y como tal debe ser construida y protegida por todos.