Paz: lo que no es

Dado que la paz sigue siendo el caballo de batalla de las campañas electorales en el país, conviene que nos preguntemos si efectivamente sabemos qué es la paz y cómo se construye.

Dado que la paz sigue siendo el caballo de batalla de las campañas electorales en el país, conviene que nos preguntemos si efectivamente sabemos qué es la paz y cómo se construye. Nuestra realidad cargada de violencia mantiene el problema en la agenda pública pero una cosa es terminar la guerra y otra buscar la paz: en el primer caso la solución suele ser unívoca, pero en el segundo es necesario escoger entre múltiples alternativas y los criterios no siempre son claros. Por eso se habla de la diferencia entre terminar el conflicto y construir la paz (peace making y peace building). Saber cuáles son las carreras que no quiero estudiar no me dice mucho acerca de la que sí debería escoger.

Hoy tenemos alguna idea acerca de los errores a corregir para subsanar el conflicto y evitar el escalamiento; no obstante, queda un trecho grande por recorrer hacia un horizonte más amplio y estable. Por ejemplo: la reincorporación de excombatientes es una noticia positiva porque significa que han dejado las armas, pero la reincorporación en sí misma no nos dice nada acerca de lo que más les conviene a estas personas para que puedan desarrollar un proyecto de vida en paz consigo mismos y con la sociedad. Al respecto hay que decir que la Agencia para la Reincorporación -ANR- tiene un camino recorrido muy valioso que contribuye a este propósito. Es decir, luego de la larga trayectoria en procesos de desmovilización en el país, han sabido pasar del posconflicto a la paz.

Con el ánimo de contribuir a esta discusión, a continuación, se proponen tres dimensiones que aparecen recurrentemente en el diálogo con las instituciones que trabajan los temas de paz y posconflicto, que pueden ilustrar en alguna medida una idea acerca de lo que es paz, sin que con ello se agote el tema:

  1. El respeto de un acuerdo (con esto no hago alusión a un acuerdo en particular): se refiere a que las partes reconocen el valor de haber llegado a un acuerdo y están dispuestos a asumirlo, a pesar de que ello suponga el sacrificio de intereses particulares. Es importante que haya justicia en lo acordado a fin de evitar nuevos conflictos. Con esto se logra una paz entre las partes, aunque los participantes no necesariamente estén en paz consigo mismos.
  2. El reconocimiento del verdadero valor de las cosas, de las personas y de las relaciones entre ellas. Se trata de una dimensión más profunda, de orden espiritual, por la cual yo soy capaz de comprender, por ejemplo, que, aunque el otro haya tomado algo que es mío, ese objeto perdido no vale más que la vida del otro ni vale más que la relación entre nosotros. Por esta razón no se justifica tomar la vida del otro o afectarle en su integridad personal. Esto quiere decir que al menos una de las partes está en paz para buscar la justicia.
  3. Finalmente, está la dimensión que podríamos llamar de la independencia o la interdependencia, por la cual aceptamos que ningún sistema, por completo que sea, puede resolver por un individuo lo que es de su propia responsabilidad. Esto le ayuda a desarrollar en el largo plazo nuevas competencias tanto de desenvolvimiento en el entorno, como de relacionamiento con aquellos con los que entra en conflicto. Así, por ejemplo, los funcionarios de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) nos dicen que las personas desmovilizadas prefieren que su condición no sea pública para evitar la estigmatización, y poco a poco, han aprendido a ser parte de la sociedad, con todas las dificultades que esto comporta.

Se trata de principios que seguramente se incorporan a la actuación en el plano social y que vale la pena considerar como pertenecientes a la construcción de la paz, más allá de los ámbitos estrictamente económicos o de atención de necesidades insatisfechas.

*Juan David Enciso Congote, Coordinador del Centro de Estudios en Educación para la Paz de la Facultad de Educación.