Paz en el papel, guerra en las redes

Somos testigos de cómo las redes sociales, especialmente twitter, son escenarios de guerra, una batalla en donde 140 caracteres son 140 disparos, en algunos casos cañonazos, llenos de odio, de rencor, de terror. ¿Por qué somos tan violentos en las redes sociales digitales?

Mucho tenemos que aprender, y tuitear, para que lo que un papel nos dice se refleje en nuestra vida digital.

No se pueden pedir grandes cambios de la noche a la mañana, pero hay que comenzar. Desde finales del año pasado, incluso desde antes, el país comenzó un proceso, de transformación, podríamos decir que incluso de evolución, hacia una Colombia mejor, justa, equitativa y pacífica gracias al fin de la guerra, que, según la promesa, traerá mejores condiciones para todos.

La paz generará riqueza, la paz eliminará la pobreza, la paz nos hará competitivos, la paz mejorará la vida de los colombianos, la paz, la paz, la paz. Y entonces todo comenzó a girar alrededor de la paz. Se nos ha pedido que cambiemos el “chip”, que pensamos de otra forma, con esperanza. Y los gobernantes nos siguen insistiendo en eso, y nosotros queremos un país y en muchos frentes hemos avanzado, pero hay uno que nos sigue costando: el digital.

Somos testigos de cómo las redes sociales, especialmente twitter, son escenarios de guerra, una batalla en donde 140 caracteres son 140 disparos, en algunos casos cañonazos, llenos de odio, de rencor, de terror.

¿Por qué somos tan violentos en las redes sociales digitales? ¿Qué nos lleva a mostrar lo peor de nosotros sin ningún pudor? ¿Qué hace que una persona tome una identidad abstracta, un perfil y ataque a otras?

El profesor en comunicación de medios Dave Harte, de la Universidad de Birmingham en Inglaterra, afirma que este impacto de la tecnología ha conllevado la pérdida del roce personal, entre amigos, vecinos, conocidos y hasta desconocidos con los que nos cruzamos personalmente. Así que “tenemos la vaga sensación de haber perdido algo, la idea de hablar con un vecino o la conversación que surge de un encuentro casual", dice Harte. Y esa sensación nos duele mucho.

De acuerdo con un trabajo del Proyecto de Internet del instituto de investigación Pew, se pueden identificar seis tipos de agresiones, que suelen darse principalmente -aunque no exclusivamente- en redes sociales: insultos, intentos intencionados de avergonzar, amenazas de violencia física, acoso/ acecho en línea, acoso sostenido en el tiempo y acoso sexual.

Nos cuesta entender que aquel que piensa diferente no es mi enemigo, es simplemente aquel que piensa distinto; que es otra persona que merece todo el respeto y dignidad. Incluso aquellos que nos piden que pensemos en paz viven a diario una guerra en las redes con su contradictor político, con el ciudadano de a pie, con cualquiera.

Y el tema debe preocuparnos. Estudios indican que en Colombia 1 de cada 5 personas es víctima del matoneo y las agresiones en todas sus formas en redes y que este problema presenta unas cifras elevadas en las regiones caracterizadas por la presencia del conflicto armado. Pero ese conflicto, para nuestro caso, ya acabó, entonces ¿por qué siguen las agresiones?

Para Jane Wakefield, corresponsal de tecnología de la BBC, "Internet se ha convertido en una especie de alcohol que se alimenta digitalmente, liberándonos de inhibiciones para decirle a extraños cosas que no nos atreveríamos a decirles en persona".

Lo que más sorprende es que para disentir haya que atacar personalmente a la persona más que a sus ideas, planteamientos o simples opiniones.  Es como si se tuviera una fiera dentro, a la espera de salir por su presa. Y esa actitud solamente puede generar más violencia.

“Nosotros decimos paz", y el eco nos vuelve del otro lado diciéndonos "guerra", afirmó Golda Meir, política, diplomática y, como estadista, la quinta primer ministro de Israel. Y podemos decir en las urnas, en una reunión, que queremos la paz, pero nuestro eco, lo que publicamos en redes, dice otra cosa.

Debemos tener en cuenta que la paz es un todo, real y virtual, que se construye, que se gesta, pero para eso se requiere voluntad.

¿Queremos un país mejor? Comencemos desde lo más simple, 140 caracteres o un post en Facebook, y demos los pasos indicados para que esa anhelada paz sea una realidad y no una simple etiqueta o un like. 

*Juan Camilo Díaz, es profesor de la Universidad de La Sabana.