Participación y paz: imaginar más allá de lo institucional

Como menciona John Paul Lederach en su libro “La imaginación moral”, uno de los ingredientes fundamentales en el proceso de construcción de paz es la capacidad de crear respuestas innovadoras que respondan a los distintos contextos y retos.

Por: Diana María Ramírez Sarmiento

La participación ciudadana se constituye como un pilar esencial en los procesos de superación de dinámicas de guerra y reconstrucción del tejido social. En distintos procesos de paz en el mundo se ha considerado que el Estado por sí solo es incapaz de consolidar nuevos horizontes libres del conflicto armado; por esta razón, la sociedad civil ha sido el catalizador que permite que el tránsito de la guerra a la paz sea mucho más efectivo.

En Colombia la situación no ha sido distinta. En los Acuerdos de Paz la participación ciudadana fue un eje transversal que evidenciaba que la responsabilidad con la construcción de un país sin guerra, no solo se pensaba desde lo institucional y lo jurídico, sino también desde la ciudadanía, las comunidades y las bases sociales. Se consideró que la participación constante de la sociedad civil y la creación de diversos liderazgos sería un factor clave para la plena implementación de lo pactado en el documento final.

Sin embargo, el andamiaje institucional y las propuestas jurídicas que prometieron acompañar a aquellos que participaran activamente en la materialización de los Acuerdos, se han quedado cortos en la protección de la vida y del libre ejercicio de la acción colectiva y/o individual en pro de la paz. No se ha logrado garantizar desde el Estado colombiano la protección a líderes sociales y comunitarios que reivindican luchas fundamentales dentro del proceso de consolidación de una paz integral. Líderes y lideresas que han visibilizado distintas problemáticas en temas de restitución de tierras, derechos humanos, sustitución de cultivos ilícitos, entre otros, han sido continuamente amenazados y asesinados.

Las cifras de la Defensoría del Pueblo (2018) sirven para ilustrar a grandes rasgos la magnitud del problema: entre el 1 de enero de 2016 y el 27 de febrero de 2018, fueron asesinadas 282 personas que se dedicaban a la defensa de la comunidad o de los derechos humanos. Para un país que se está reinventando y abriéndose paso hacia nuevos horizontes, el panorama resulta desolador en cuanto al blindaje efectivo de la participación ciudadana. Son pocos los incentivos para participar en la implementación de los Acuerdos, especialmente en los sectores rurales, cuando la tasa de mortalidad de líderes sociales es tan elevada.

En este sentido, el andamiaje institucional y las propuestas jurídicas que se crearon a partir de los Acuerdos de paz, no han sido suficientes; tampoco lo ha sido el Sistema de alertas tempranas de la Defensoría del Pueblo, que está en funcionamiento desde mucho antes de la firma de los Acuerdos; pero, sin duda, lo más grave de esta crisis en la participación es que las muertes de casi 300 líderes y lideresas, no han logrado que el Estado tome medidas que garanticen materialmente la participación libre y activa de todos aquellos que quieren transformar los contextos de injusticia y violencia que los rodean.

Es por lo anterior, que la participación y su rol dentro de la construcción de paz se tiene que repensar por fuera de los lugares comunes. No podemos seguir esperando a que se implementen a cabalidad todas las instituciones y mecanismos que se prevén en los Acuerdos. Tenemos el deber como sociedad de ir más allá de esas herramientas establecidas y complementarlas con alternativas creativas.

Como menciona John Paul Lederach en su libro “La imaginación moral”, uno de los ingredientes fundamentales en el proceso de construcción de paz es la capacidad de crear respuestas innovadoras que respondan a los distintos contextos y retos. La sociedad colombiana debe entonces imaginarse nuevas agendas participativas, fortalecer con elementos novedosos las ya existentes y movilizarse activamente por la defensa de los líderes sociales que quedan y por los que ya no están.

*Profesora, Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, Universidad de la Sabana.