No quiero el pasado en presente o futuro

Imposible negar que el exilio me permitió conocer otras experiencias y me dio elementos para mi tesis doctoral sobre la violencia política en Colombia y los procesos de paz, me permitió la reflexión con distancia y entender que la paz era y es una urgencia, que lo pactado entre las fuerzas es preciso que se cumpla para que no repitamos.

Debe ser que amanecí pensativa o comprometida con el futuro, debe ser que no quiero regresar a una parte del ayer así digan que cualquier tiempo pasado fue mejor o por lo menos durante una larga noche no fue mi caso.

Dos hermanos fueron asesinados en pleno proceso de paz en 1985 y 1987. Otro en 1986 por su relación consanguínea con ellos. Oscar William propuso al país una Asamblea Nacional Constituyente cuando el concepto era otra cosa y no lo que hoy conocemos, propuso que fuese elegida por el constituyente primario, por quienes podían votar, para que fuese posible redactar una nueva constitución y dejó claros los criterios para cruzar ese camino. Nuestra amnesia es endémica. Su propuesta no fue ni socialista ni comunista, fue de corte liberal como una salida para abrir la ventana a la democracia

Jairo, insistió en una apertura democrática, para quienes no recuerden o no habían nacido, vivimos en la década de los 60, 70 y 80: Estatuto de Seguridad Nacional, freno a la movilización, a la libertad de prensa, juicios a civiles por militares, torturas, desapariciones... (pueden buscar las cifras en el Centro Nacional de Memoria Histórica).Yo en mi campo profesional trabajaba en la noticia, el reportaje, denuncia, análisis y siempre con eso que hoy llaman periodismo militante. Siempre una u otra causa. No creo en la neutralidad.

Esas fueron las razones para perder la vida unos y en el mío salir para un exilio de 20 años que gracias a una permanente búsqueda encontré academia, debate, corresponsalía, feminismo y formas para seguir apostando por un mundo diferente. Conocí de cerca los relatos sobre la Guerra Civil Española y la dictadura del Generalísimo Francisco Franco alineado con el fascismo.

Leí los poemas y sobre la muerte del poeta Federico García Lorca, los versos de Miguel Hernández, ambos de la generación del 27 “Andaluces de Jaén,/aceituneros altivos,/decidme en el alma: ¿quién,/quién levantó los olivos? No los levantó la nada,/ni el dinero, ni el señor,/sino la tierra callada,/el trabajo y el sudor”.

En una fiesta a media noche en 1990, todo paró cuando llegó la noticia que Irak había invadido a Kwait. Los y las jóvenes que estaban en el jolgorio no vivieron la guerra civil entre 1936 y 1949 pero por sus padres, madres y abuelos sabían que significaba y el oriente medio no estaba lejos. De los relatos y la reciente historia supieron de los fusilamientos, de las desapariciones que fueron una constante con Franco en el poder en el que estuvo 40 años.

Conocí mucha literatura y vi muchas películas sobre la Segunda Guerra Mundial, cómo fue el triunfo de Adolf Hitler en las elecciones de 1932 gracias a la falta de mirada de nación que tuvieron el Partido Socialdemócrata y el Partido Comunista que no se aliaron. ¿Qué llegó después? Que cuenten los judíos ese horror que hoy olvidan cuando masacran al pueblo palestino.

Llegó la Segunda Guerra Mundial terminó, no sin actos deleznables, por el ingreso a las fuerzas aliadas de Estados Unidos y la Unión Soviética que advirtieron que por separado era imposible vencer a las fuerzas del Eje encabezadas por Alemania.

Con lo dicho, imposible negar que el exilio me permitió conocer otras experiencias y me dio elementos para mi tesis doctoral sobre la violencia política en Colombia y los procesos de paz, me permitió la reflexión con distancia y entender que la paz era y es una urgencia, que lo pactado entre las fuerzas es preciso que se cumpla para que no repitamos.

Estudié los diferentes partidos, gobiernos, organizaciones sociales, armadas, de izquierda y concluí que necesitamos (sigue siendo una apuesta en presente) resolver el problema con la tierra, esa deuda histórica que nos lleva a repetir y repetir la violencia, a superar eso tan de moda que se llama maquinarias y, nunca pensé que yo lo diría porque es una apuesta socialdemócrata (que no he sido o eso creo) que habría que pensar como expresó Billy Brand, acercar el norte y el sur y en nuestro caso, hacer que los ricos sean menos ricos y los pobres menos pobres.

En el feminismo aprendí que también tendríamos que resolver la deuda con las mujeres no desde el enfoque familista, ellas son ellas y no un núcleo cualquiera que sea su nombre. Ellas como mujeres con sus derechos sexuales y reproductivos, ellas con su autonomía, mejor dicho ellas con derecho a la igualdad en derechos y otros más. Cuando subió la socialdemocracia al poder en España, lo lograron y retrocedió cuando subió la derecha.

En fin, yo sé que para mí la socialdemocracia no es la panacea pero en Europa después de la Segunda Guerra Mundial fue una salida del túnel, contarles que no quiero que el pasado de la guerra siga siendo presente y como militante que soy del optimismo, no quiero perder la esperanza.