Los generales de la paz

Nuestra fuerza pública en el posconflicto, considerada una de las más preparadas en el continente, está llamada a asumir el reto histórico de la implementación de los acuerdos, garantizando el cese del fuego, la dejación de las armas y la reincorporación de las Farc a la vida civil.

El general  Douglas MacArthur, el más condecorado en la historia de Estados Unidos, considerado héroe de guerra, acuñó una frase que tiene hoy relevancia en el acontecer de nuestro país con los acuerdos de paz con las Farc: “El soldado es quien primero quiere la paz, pues es el que debe sufrir y soportar las más profundas heridas y cicatrices de la guerra”.

Al soldado se le prepara para la guerra, pero poco se le educa para la paz, un principio y un derecho fundamental dentro del marco del estado social de derecho. El escepticismo y las críticas han llovido desde algunos sectores de nuestra sociedad, incluidos quienes en algún momento de la historia portaron con orgullo el uniforme militar y policial. Hoy, trsitemente, no conciben que oficiales de la fuerza pública -designados por el Gobierno- se sentaran a dialogar con quien ha sido su enemigo por más de 50 años. Para ellos este hecho es una humillación sin precedentes.   

Pero otra cara de la moneda debemos ver con objetividad. El papel de los militares y policiales en servicio y de la reserva activa ha sido casi nulo en los procesos de negociación que ha habido en nuestra historia, pero en esta ocasión se demostró lo equivocados que estábamos, pues su intervención en este proceso hacia la paz fue necesaria y determinante. Razón suficiente tuvo el ejecutivo para designar a dos distinguidos generales para que hicieran parte de la mesa de negociación: Jorge Mora Rangel, excomandante de las Fuerzas Militares, y Óscar Naranjo, exdirector de la Policía Nacional, cargos que ocuparon en la época en la que más duros golpes se le asestaron a las Farc, en el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

Fueron ellos quienes abrieron el camino para que posteriormente otros generales y oficiales en servicio activo participaran en este trascendental episodio, como el general Javier Flórez Aristizábal, quien lideró la subcomisión técnica del fin del conflicto con decoro, honor y dignidad; el contralmirante Orlando Romero; los generales del Ejército Alfonso Rojas, Martín Nieto, y el general de la Policía Álvaro Pico, hoy a cargo de la Unidad Especial para la Edificación dela Paz (UNIPEP). Todos ellos expertos  en operaciones militares, procedimientos policiales y en el área de la inteligencia, por consiguiente plenos conocedores de las Farc y de la dinámica del conflicto. Su participación fue imprescindible para lograr acuerdos en temas decisorios, como el punto tres del fin del conflicto. El alto compromiso con el país, sus deseos por preparar a la fuerza pública para el posconflicto, garantizar la paz y mantener la seguridad del pueblo colombiano se vieron reflejados en el resultado.

El desminado, el cese el fuego, la entrega de armas, la reintegración, la desmovilización y la seguridad de los excombatientes también fueron otros de los puntos en los que participaron, para cumplir con su tarea principal: ser constructores de un nuevo país, sin violencia y en paz.

Surge entonces un nuevo escenario estratégico, como lo explicó de manera reciente el comandante del Ejército, general Alberto José Mejía, sin desatender otras amenazas como el ELN, las bandas criminales, el narcotráfico -combustible de  la violencia en nuestro país e, incluso, las futuras disidencias de las Farc.

Por estos motivos, nuestra fuerza pública en el posconflicto, considerada una de las más preparadas en el continente, está llamada a asumir el reto histórico de la implementación de los acuerdos, garantizando el cese del fuego, la dejación de las armas y la reincorporación de las Farc a la vida civil. Abramos paso y demos la bienvenida a esta nueva generación de militares y policías que tienen el convencimiento de que la solución a los problemas sociales, a la desigualdad y a la lucha partidista está en los caminos de la paz, la que permite la prosperidad, la igualdad y el desarrollo. No creamos en falacias y tengamos claro que su misión continuará encaminada a combatir a todos los enemigos de la democracia, no como política de dar muerte al adversario, sino de defender los derechos de sus ciudadanos y los más caros intereses del Estado. No olvidemos que gracias a nuestros soldados y policías, se desarma y desmoviliza uno de los actores más violentos y perturbadores de la paz.

Hoy nuestros generales, con su preparación y formación intelectual en temas de resolución de conflictos, procesos de paz, derechos humanos, Derecho Internacional Humanitario y con su capacidad de liderazgo, han dado una lección al mundo. Por eso cobra sentido esa frase célebre de aquel estadista que también portó el uniforme del ejército inglés, Winston Churchill: “La guerra es una invención de la mente humana; y la mente humana también puede inventar la paz”. 

Grandes desafíos le esperan a militares y policías. En muchas oportunidades nuestros héroes fueron reconocidos públicamente por sus éxitos operacionales, hoy merecen el título de abanderados de la paz.