Los compadres Olvido y Violencia

En nuestra vereda, ubicada al nororiente de Colombia, existe un par de personajes molestos y que a muchos nos incomodan. Hablo de los compadres Olvido y Violencia, un matrimonio para nada santo. Todos los llamamos así, “compadres”, porque los conocemos de hace tiempo, aunque no nos guste su compañía.

Voy a compartir con ustedes algunos recuerdos para que entiendan por qué tengo un profundo  temor por los compadres Olvido y Violencia. Hace tiempo, esta pareja se encargó de molestar a nuestros hijos. Luego de escuchar sus consejos y gritos, los niños no quisieron volver a estudiar: “que para qué leer y conocer la realidad en la que viven; que la historia no sirve para nada; que la ciencia es una pérdida de tiempo; que lo importante es el dinero fácil y rápido”, todo eso les dijeron.

Al principio nuestros hijos no los escucharon, se resistieron, pero luego a este par se les unió un compinche, el compadre Centralismo. Nunca más volvieron a llegar los refrigerios, ni los maestros, ni las cartillas para estudiar.

Llamamos al compadre Gobierno, que hace cuatro años prometió que nunca nos abandonaría y que siempre iba a estar pendiente de los estudiantes. Cuando le comenté lo que estaba pasando, se empezó a cortar la comunicación, parece que desde entonces se le dañó el celular, porque nunca contesta mis llamadas. Con las barriguitas vacías y el temor de presenciar los espectáculos de la comadre Violencia (es que hay que escuchar cómo resuenan sus gritos), nuestros hijos no volvieron a estudiar, algunos apenas aprendieron a leer.

Los compadres tienen un hijo que se ha ido ganando el corazón de muchos en la vereda, de cariño varios cercanos  le dicen ‘primo Rencor’. A ratos se ve a toda la familia practicando maldades. Por ejemplo, entre los tres empezaron a difundir rumores sobre el sacerdote del pueblo. Lo cogieron entre ojos porque era joven y después del evangelio hablaba de las cooperativas, del trabajo en equipo, de la equidad, del amor de cristo por los demás, pero, sobre todo, porque pedía respetar el quinto mandamiento: no matarás. Una noche se armó una gran correría: esta familia lo visitó y nadie lo volvió a ver.

En otra oportunidad, a 10 minutos de la vereda, unos campesinos colonos estaban exigiendo la legalización de sus predios. Los patrones, Mariano Miseria y Laureano Oportunismo, llamaron de inmediato a ese par para que los ayudaran con ese problema. Los compadres Violencia y Olvido, estrategas en su proceder, esperaron a que regresaran a sus casas, porque dispersos y junto a sus familias era mucho más fácil doblegarlos. Así fue como en la madrugada visitaron uno a uno a los trabajadores. Fue tan efectiva la estrategia que la mitad no volvió a trabajar nunca más en ningún otro lugar.

Hablando con los más viejos de la vereda, me contaron que la comadre Violencia viene de una familia longeva. Su abuela se llamaba Desigualdad y su abuelo Egoísmo. Su mamá llevaba el mismo nombre: Violencia. La comadre Violencia que nos atormenta hoy nació en los años 30 del siglo XX. Según cuenta mi vecina, tuvo muchos padres renombrados que quisieron darle el apellido: el doctor Acaparamiento Terreros, don Evaristo Avaricia, el siempre metiche Egoísmo Gómez Castro (de ese sí que he escuchado hablar mucho, que dizque sí que dio lata tiempo después, unos dicen que era un matón de cuello blanco, otros afirman que por su culpa es que vivimos este drama). Su mamá dijo que cualquiera de ellos tres podría ser el padre de la Violencia que había nacido.

El compadre Olvido es más difícil de descifrar. Perteneciente a la rancia alcurnia de vieja data, también lleva el nombre de su tátara abuelo, el general Olvido Plata, quien luchó contra las tropas que buscaron la independencia en el siglo XIX. El primer Olvido buscó una y otra vez que los patriotas no recordaran lo que les había sucedido a los comuneros, a Francisco José de Caldas, al militar Antonio Villavicencio, y a todos los otros. Y aún después de libertados los territorios nacionales, los seguidores y descendientes de Olvido Plata seguía dando lata. El gran general Francisco de Paula Santander pensó que una forma de menguar los estragos de Olvido era crear la Universidad Central, pero no fue suficiente, ya que Plata dejó su semilla. Ahora su descendiente directo, que lleva el mismo nombre, el compadre Olvido, germina con más fuerza en las zonas rurales del país.

Mi vecina, doña Sixta, lleva mucho más viviendo por estas tierras y me cuenta que desde ‘guámbitos’ conoce a los compadres Olvido y Violencia, dice que tienen una buena salud, aunque sean realmente unos adefesios, y que los ha visto enfermos pocas veces, “pero cuando caen en cama, lo hacen de muerte”. A pesar de que no se acuerda de fechas exactas, sí recuerda los hechos que suceden los días en que ellos enferman, como cuando se creó la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) o cuando grupos armados ilegales como el M-19, EPL y el Movimiento Armado Quintín Lame se desmovilizaron y pasaron a la contienda política.

La más reciente recaída de los compadres fue el año pasado. Doña Sixta dice que se acuerda mucho porque estaba escuchando las noticias en la radio y los locutores contaron que la guerrilla de Marulanda firmaba un acuerdo de paz en Cuba. “Es impresionante ver cuando se enferman los compadres Olvido y Violencia, parecen dejar este mundo en medio de retorcijones. Yo le subo a la radio para no escucharlos, pero nada, siguen así”, enfatiza doña Sixta.

Por aquí nadie los extraña, y es que ellos viajan mucho. Un día los escuché ufanándose de que conocían muchos lugares de Colombia por los que iban y venían constantemente. Doña Margarita, otra vecina, dice que se fueron al suroccidente del país, invitados por su amigo, Impunidad Perpetua. Después escuché en la radio que habían matado a un amigo mío, de esa región,  Temístocles Machado, un líder social. Yo sigo llamando al compadre Gobierno, pero nunca contesta.