Lo que no debe faltarle al próximo Presidente de Colombia

Estas palabras son una invitación para tener en cuenta lo que pueden ser cinco ‘criterios objetivos’ que sirven como herramienta para decidir por quién votar en las elecciones del 27 de mayo (y su eventual segunda vuelta).

Se acerca la primera vuelta por la carrera a la Presidencia de Colombia y con ello un aumento en el debate, y también de incertidumbre, sobre cuál es el candidato más apropiado para gobernar al país por cuatro años. Son muchas las variables en juego para responder a esta inquietud, pues en la ‘ecuación de la idoneidad’ hay factores, tanto subjetivos como objetivos, que influyen en la toma de decisiones.  

Los aspectos subjetivos no son nada distinto a la percepción propia de cada elector, en la que hay intereses particulares, simpatía o militancia hacia un candidato, sus ideas y/o su partido político. La realidad es que esta variable es la más influyente al momento de votar y la que está más presente en el día a día de este trajín político.

Sin embargo, debemos ser juiciosos en nuestro análisis. Por ello, estas palabras son una invitación para tener en cuenta lo que pueden ser cinco ‘criterios objetivos’ que sirven como herramienta para decidir por quién votar en las elecciones del 27 de mayo (y su eventual segunda vuelta). Así las cosas, al próximo Presidente de la República no debe faltarle:

Visión y capacidad de gestión. Un buen Presidente debe saber dónde está y hacia dónde puede ir el país. El Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 debe contener una visión tanto realista como idealista de Colombia, en la que se enmarquen las necesidades puntuales de la nación y las capacidades requeridas para solventarlas. Esto quiere decir que debe haber un plan visionario pero aterrizado, ya que de nada sirve idealizar el futuro del país si no existe una capacidad de gestión real para materializarlo. La implementación del Acuerdo de Paz con la FARC, el desarrollo fronterizo, la salud, la educación, las relaciones internacionales y el ELN deben ser puntos imprescindibles en la nueva agenda nacional.

Habilidades comunicativas. Las buenas ideas se quedan cortas si los candidatos no cuentan con la capacidad para comunicarlas a los electores y defenderlas ante los críticos. Se dice que la política no se trata de vencer sino de convencer, pero en Colombia esto debe ir más allá: el próximo Presidente debe transmitir su visión con hechos concretos a través de un enfoque vertical (desde el más alto nivel hacia lo local - que permita hacer públicas las gestiones del Ejecutivo y rendir cuentas ante la población.

Intelecto, preparación y experiencia en el alto gobierno. No existen requisitos de experiencia para ser Presidente de Colombia. El artículo 191 de la Constitución Política establece que, para ser el mandatario de los colombianos, los requisitos consisten en ser colombiano de nacimiento, ciudadano en ejercicio y mayor de treinta años. No obstante, hoy en día estos criterios de forma son insuficientes. Dirigir a Colombia no es algo que pueda aprenderse sobre la marcha. Quien llegue a la Casa de Nariño debe ser un candidato que reduzca a su mínima expresión la improvisación y, por el contrario, tenga en su haber un cúmulo de experiencias relacionadas con la administración pública y la gobernanza de alto nivel. Además, en una coyuntura en la que mentir sobre la formación académica parece estar de moda, el intelecto y la preparación académica deben ser altamente valorados.

Pragmatismo. Un líder debe estar dispuesto a tomar decisiones difíciles. El próximo Presidente debe reconocer que habrá gestiones que no podrán realizarse en razón a las prioridades de cada coyuntura y a los recursos disponibles. Alcanzar un punto óptimo en el que una decisión beneficie a una persona sin perjudicar a otra es un desafío inherente de la alta gerencia, de manera que el nuevo mandatario deberá sortear los dilemas de la toma de decisiones siempre velando por el bienestar general.

Gobernabilidad. La división y separación de poderes es un asunto fundamental para el buen desarrollo de nuestra democracia. Por ello, la capacidad de gobernar es un asunto relevante. Quien ocupe el cargo tendrá que tener la capacidad de poner en marcha un inteligente engranaje con el Congreso de la República y las Altas Cortes; de lo contrario, la capacidad de gestión será baja y en consecuencia la visión del país estará incompleta. Del mismo modo, el nombramiento del gabinete ministerial es clave: ¿designar técnicos o políticos? Esa es la cuestión.

En conclusión, si bien nuestras motivaciones personales sobre quién debe gobernar a este país son relevantes, es importante equilibrar la toma de decisiones con el análisis de criterios más objetivos que nos orienten hacia el candidato más idóneo para ser Presidente por los próximos cuatro años. Un mandatario sin visión, incapaz de rendir de cuentas ante la población, con baja experiencia, débil para la toma de decisiones y sin capacidad de gobernar, llevará al país por un camino de incertidumbre, retrocesos e improvisación.