Lo importante es que hablen

Mientras no se pruebe que Samper sea un violador de niños, Uribe será simplemente un difamador.

Por: Rodolfo Prada*

Existe una frase, no sin ribetes de perversidad, alrededor de la comunicación política y las relaciones públicas: no importa que hablen mal o que hablen bien, lo que importa es que hablen. Por eso, en esta nueva y visceral contienda en Twitter, los únicos que obtendrán réditos serán sus contrincantes, es decir, @AlvaroUribeVel y @DanielSamperO

El primero es un expresidente, digamos, caído en desgracia y desbordado por su sed de poder. El segundo, es un columnista, exdirector de revista y humorista con sed de seguidores y “likes”. Ni el primero es paradigma del buen político, ni el segundo es modelo del buen periodista. Lo habrán hecho bien en muchas cosas, pero no bien en todas.

A ambos se les ha ido la lengua, han ofendido y han criticado desmedidamente. Y ambos han tenido la fortuna de soltar sus discursos desde lugares privilegiados de enunciación con un eco arrasador en medios de prensa y redes sociales.

Ambos saben que su figuración en el mundo de la política y de los medios de comunicación consiste en ser profusamente escuchados, es decir, en hacer ruido. Lo logran, todo el tiempo, solo que esta vez el asunto tocó el terreno de lo moral. Mientras no se pruebe que Samper sea un violador de niños, Uribe será simplemente un difamador.

Ambos se atacan, especialmente en ese favorable territorio para la ofensa que es Twitter, con discursos pasionales, nada reconciliadores y salpicados de falacias. Sus seguidores se alinean en cada bando, como si se tratase de una competencia sobre quién tiene la razón. Y no la tiene ninguno, por lo menos no absolutamente.

Ahora, si de competencia se tratase, ¿quiénes ganan y quiénes pierden? Ganan ellos, Uribe y Samper, con su intensa exposición pública. Pierde el país, que se sumerge cada vez más en una apasionada polarización, y que se desvía de los debates públicos sobre los temas verdaderamente importantes: corrupción, posacuerdo, sistema de salud, reforma política, derechos de las minorías, minería, seguridad para líderes sociales… y tantos más.

Este debate devela algo más de fondo que, al final, no nos deja crecer como sociedad: un rechazo irracional por el “otro”, por el que no sea como yo, por el que no piense como yo. Por el que no ponga Uribe, por ejemplo. Así, alimentamos la estupidez de creer que algunos ciudadanos son inferiores y que, por ello, peor aún, debemos eliminarlos, anularlos. Qué bien nos iría hablar un poco sobre alteridad.

Dardos van y dardos vienen en esta batalla de trinos, declaraciones y comunicados acerca de una difamación. Pero lo saben muy bien quienes la promueven: lo importante es que hablen. Temo que la única víctima, al final de la confrontación, será, como siempre, el país.

*Profesor Facultad de Comunicación Director de EnDirecto Universidad de La Sabana