Las FARC, Europa y lo simbólico

La Unión Europea ha decidido suspender (con miras a excluir) a las FARC de la lista de organizaciones terroristas, lista creada a partir de los atentados de Nueva York, de 2001. Otro gesto donde los símbolos construyen realidades.

Mauricio García fue mi profesor de derecho hace como veinte años y me dejó marcada su noción de la “eficacia simbólica del derecho”.

Pero lo simbólico no siempre ayuda: la paz de Belisario, de palomas y globos, de desfiles y conciertos, no trascendió sino que se estrelló contra el Palacio de Justicia, mostrando su cara real: el fracaso.

Recientemente, la entrega de un primer grupo de niños y niñas por parte de las FARC al Comité Internacional de la Cruz Roja, tiene además un valor simbólico: empezar con el cumplimiento de lo acordado. No son todos los niños, pero ese gesto no se debe medir solo en números.

A veces lo simbólico es (casi) suficiente: el perdón pedido por el comandante de las FARC a las víctimas, tan esperado como comentado, tocó las fibras más sensibles del país que le escuchaba. Pero hay quienes ante semejante gesto limitan todo a si debió decir, ofrecer o pedir (la manía de reducir los problemas graves a un debate semántico).

Ahora, la Unión Europea ha decidido suspender (con miras a excluir) a las FARC de la lista de organizaciones terroristas, lista creada a partir de los atentados de Nueva York, de 2001. Otro gesto donde los símbolos construyen realidades.

Eso implica varias cosas: reconocer que esa insurgencia es un actor político, que Colombia sufre un conflicto armado y no solo actos de terror, y que ese conflicto tiene unas causas que van más allá de sus expresiones violentas.

Pero los símbolos se deben acompañar (muchas veces) de otras cosas para que su eficacia sea real. Es plausible la decisión de aportar a la consolidación del proceso Gobierno-FARC con dicha declaración, pero la Unión Europea está llamada a cosas más grandes.

Tampoco se trata de que nos llenen las arcas (hasta ahora vacías) del posacuerdo; se trata de acompañar el proceso en lo político, de esforzarse porque sus donaciones no se pierden en la maraña burocrática y corrupta del Estado, de escuchar más a las comunidades que a las ONG. Es decir: replantear su modelo de cooperación internacional para ser eficaz. Más aún, la Unión Europea está llamada a acompañar al movimiento social para que tenga un apoyo real frente al asesinato de sus dirigentes o al flujo de amenazas.

Incluso, hay cosas concretas en las que puede colaborar a nuestra paz: la persecución a los carteles de la droga en sus países, el control del mercado de precursores y de armas que alimentan las guerras, y hasta el apoyo para que las empresas europeas que hacen presencia en Colombia respeten las normas internacionales en materia laboral, de respeto al medio ambiente y de protección a los derechos humanos.

Lo simbólico es eficaz, pero no para todos, para todo, ni para siempre. Y eso lo deben entender todos los que quieren ayudar a construir nuestro futuro y nos envían símbolos de apoyo.