La X Conferencia fue un primer acercamiento de dos mundos hasta ahora irreconciliables

Testimonio de una periodista francesa que cubrió la guerra en Colombia y vino a la Décima Conferencia de las Farc a cubrir la paz.

Hace veinte años, cubrir Colombia significaba contar las masacres y secuestros de unos y otros, andar por Urabá, enunciar la letanía de los carteles, la muerte de Pablo Escobar, la detención de un enemigo público número uno, reemplazado al día siguiente por otro mafioso. Era también el tiempo del proceso 8000 y de la esperanza perdida de cambiar el país.

Bogotá era considerada una de las la ciudades más peligrosas del mundo y en el resto del país empezaba la expansión aterrorizadora de los paramilitares. De vez en cuando, afortunadamente, pasaba algo muy diferente, que daba ánimo, como la elección de Antanas Mockus como alcalde, que permitía creer de nuevo en la política.

Pero a nivel nacional las noticias se volvían cada vez más espantosas y tristes. Los periodistas discutían en la radio a partir de cuántos muertos se podía llamar una masacre “masacre”: 3? 8? 15 muertos? Y también si Colombia era número uno en cifras de muertes violentas por año.

Como periodista extranjera me acusaban reiteradamente: “ustedes dan mala imagen de Colombia, siempre hablan de las cosas malas”… ¿y yo qué iba a decir? que también me gustaban las hermosuras del Caribe, el sabor del ajiaco y la belleza de los páramos? Que soñaba con proponer un reportaje sobre la temporada de ballenas jorobadas en el Chocó… ¿Pero cómo? Sabiendo que las masacres, los secuestros, los muertos eran cotidianos, ocurrían en un país real y no eran invento de una extraña raza llamada periodistas.

Bueno, ¡al fin volví! ¡Y para contar lo bueno!

Cubrir –y  vivir, que es mucho mejor- una buena noticia como el fin de una guerra trae de verdad mucha alegría. Acabo de volver de la Décima Conferencia de la Farc. ¡Y que no me digan que las cosas quedan siempre iguales! Acabo de atravesar medio Caguán, de noche (llegué a El Diamante a las 2 de la mañana del sábado 17) sin temor alguno. Nos recibieron con una muestra de campamento “idílico”:  bajo la luna llena y con guerrilleros del Bloque Sur y de la columna Teófilo Forero muy  educados. Los días siguientes conviví con la guerrilla y muchos periodistas (corresponsales extranjeros, agencias de prensa, prensa nacional, prensa regional, prensa alternativa, estudiantes, docentes, curiosos).

Se podría decir que se trató de una operación de seducción, de comunicación, o una demostración de fuerza de la guerrilla. Pero también me parece que al abrir su conferencia al público y a los medios, las Farc hicieron mucho más que eso. Empezó el primer acercamiento entre dos mundos hasta ahora irreconciliables. Así lo expresó un técnico que vino desde Bogotá a montar la tarima para los conciertos de las noches: “cambié mi mente,  almorzando todos los días con ellos (los guerrilleros) sentí que son como nosotros”.

También llegar hasta aquí –a 5 o 6 horas por trocha desde San Vicente o La Macarena- significaba comprobar otra vez cómo la guerra ha ocupado tanto tiempo el territorio colombiano, volviendo aún mas valedero el esfuerzo de búsqueda de la paz. Y qué tranquilidad ser requisados a la salida por militares preguntando muertos de risa como si fuera tan natural: “¿vienen desde las Farc?”

Sé que el camino todavía es largo. Espero no tener que reportar más asesinatos, más atrocidades. Que a todos los guerrilleros que bailaban estos días en la mitad del Yarí,  gritando “Vamos por la paz” les vaya lo mejor posible en su reintegración a una sociedad todavía bastante hostil. Que el Estado llegue de verdad a cada rincón de este bello país, con carreteras, puestos de salud, autoridades judiciales, escuelas….En fin, que las cosas cambien más y más.

*Anne Proenza, Corresponsal Le Soir (Bruxelles) La Tribune de Genève.

@anproenza