La pedagogía de las Farc

La sustitución de cultivos de uso ilícito es ante todo un desafío social que exige comprender la historia, costumbres y valores de los cultivadores. El paso del estado actual a un nuevo modelo social requiere de estrategias pedagógicas que se ajusten a los patrones de relacionamiento de estas comunidades.

Por: Juan David Enciso Congote*

Hay un aspecto que no hemos tenido acerca de la participación de las Farc en la vida política del país, si de verdad queremos pensar en una paz estable y duradera. Tiene que ver con el crecimiento de los cultivos ilícitos. Uno de los elementos de la no repetición se refiere a la manera como promoverá el cambio cultural entre las personas que se dedican actualmente a la siembra de la coca.

Los que diseñan la política se equivocan si se centran exclusivamente en las rutas de salida de la droga, el combate a las bandas criminales o la sustitución de ingresos, como si se tratara de un asunto exclusivamente técnico; primero, porque es evidente que ninguna actividad económica alternativa es capaz de remplazar los dividendos de la droga; y segundo, porque se ha visto que las comunidades han sido capaces de abandonar esta práctica aunque no les reporte tales ganancias: al final la paz es preferible al caos que surge con la cadena de la droga.

La sustitución de cultivos es ante todo un desafío social que exige comprender la historia, costumbres y valores de los cultivadores. El paso del estado actual a un nuevo modelo social requiere de estrategias pedagógicas que se ajusten a los patrones de relacionamiento de estas comunidades. Y son justamente los señores de las Farc los que conocen todos estos aspectos de la vida cultural de los pueblos

Es lo que muestra la película “Atrápame si puedes” en la que Tom Hanks como investigador del FBI aprende a reconocer las pautas de pensamiento y conducta de un gran estafador –Leonardo Dicaprio-, hasta el punto de que llegan a entablar una amistad en medio de sus tentativas de captura y huida; y además, luego de la aprehensión, el delincuente se convierte en consultor en materia de fraudes, dado el conocimiento que había desarrollado previamente.

En este sentido, la participación de las Farc para ayudar a comprender la cultura cocalera constituiría un aporte significativa a la solución de este problema, por el conocimiento objetivo que tienen de la situación, a la vez que enviaría un mensaje de compromiso real con el cumplimiento de los acuerdos, ahora que la confianza se ha afectado tras el episodio de Santrich con el cartel de Sinaloa.

No se trata de que se conviertan en los voceros o directores del proceso, pero sí de que participen activamente proporcionando información sobre las dinámicas de las comunidades; los líderes que pueden guiar procesos de cambio; las historias de paz que han surgido en medio del conflicto, etc. Es una muestra de que ha habido un verdadero cambio de chip y de que comparten ahora con el resto de la sociedad un ideal de construcción de paz y la esperanza de trazar nuevos caminos para el logro de la justicia social.

No conozco cuál sería la figura política o administrativa para asumir este rol; si sería parte de los procesos de reparación o si lo harían simplemente como asesores del Alto Comisionado para la Paz. Lo cierto es que disponemos de un acervo cultural y político inmenso, que es necesario aprovechar para encarar de manera efectiva el reto de superar la estructura de la coca que ellos mismos ayudaron a forjar.

*Coordinador del Centro de Estudios en Educación para la Paz de la Facultad de Educación, de la Universidad de La Sabana