La paz de las universidades públicas

En seis décadas de intenso conflicto armado, ningún campo de la vida social, cultural, científico o político de los colombianos se ha resguardado de ser víctima de la barbarie, y las universidades públicas no son la excepción.

La Universidad Nacional y la Universidad Pedagógica han aplicado diversas estrategias para contribuir a la terminación del conflicto armado. La apuesta por mejorar el bienestar de sus estudiantes es una de las claves.

En seis décadas de intenso conflicto armado, ningún campo de la vida social, cultural, científico o político de los colombianos se ha resguardado de ser víctima de la barbarie, y las universidades públicas no son la excepción.

La academia y sus espacios también han sido blanco de la irracionalidad de la violencia, como en los siguientes casos que quisiera señalar.

El 15 de junio de 1995, Humberto Peña Taylor, más conocido como el “El Duce”, estudiante de Derecho en la Universidad Nacional de Colombia, fue acribillado a tiros por la espalda en la cafetería de su carrera; el 15 de septiembre de 1995 el profesor de la Universidad Nacional, Jesús Antonio Bejarano, exnegociador de paz durante el gobierno de César Gaviria, fue ultimado a tiros al interior de la Ciudad Blanca, a tan solo unos pasos de las aulas en las que impartía sus clases; el 30 de agosto del año 2000 el patrullero Mauricio Andrés Soto Londoño, de la Fuerza Disponible de la Policía Nacional, fue asesinado al interior del campus de la Nacional por un encapuchado que le lanzó una ‘papa bomba’ por la espalda; el 30 de abril de 1998, el profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, Darío Betancur, salió de su trabajó y nunca más regresó, así como el egresado de la UPN, profesor y sacerdote Miguel Ángel Quiroga, que fue asesinado frente a sus compañeros en el departamento del Chocó, y la lista continúa, por supuesto, hasta la actualidad. Los grupos armados al margen de la ley no hacen distinción, los odios y estrategias no conocen límites. 

Con sus investigaciones, científicos sociales como Philippe Bourgois y Loïc Wacquant entre otros, han identificado que mejorar las condiciones de vida de un grupo poblacional es mucho más efectivo para evitar que los conflictos degeneren en violencia, que implementar métodos de choque, coercitivos o punitivos.

Conscientes de ello, y buscando estar a la altura del compromiso colectivo que ha emprendido la sociedad colombiana para romper con el espiral de violencia en el cual el país ha venido quedando atrapado desde hace décadas, los equipos directivos de dos de las más importantes universidades públicas del país han implementado diversas estrategias centradas en el bienestar y la creación de oportunidades educativas.

El caso de la Universidad Nacional de Colombia es el más representativo. A través de su Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz, encabezado por el investigador Alejo Vargas, la principal universidad pública del país ha mantenido un acompañamiento clave a los actuales diálogos de paz que tienen lugar en La Habana. Dicho organismo ha construido un puente que permite a los profesores de esta institución poner a disposición de la política pública y de la ciudadanía, en general, su vasta producción sobre la realidad nacional.

Otra apuesta que muestra el compromiso con la transformación educativa y la paz del país es el sostenimiento con entereza de las sedes de frontera como la de Tumaco, Arauca, Leticia y San Andrés, estructuras que jalonan la justicia social en espacialidades alejadas del centro del país.

Por último, quisiera resaltar la apuesta por la construcción de infraestructura como el moderno edificio de Enfermería, de cinco pisos y el Nuevo Hospital Universitario de la Universidad Nacional. El rector Ignacio Mantilla ha comprendido que el bienestar también es una apuesta por la paz.

Mucho más al norte de la ciudad de Bogotá, en la calle 72 con 11, en las paredes de la Universidad Pedagógica Nacional hay un grafiti que se hizo realidad, “la paz son cambios”. Las directivas entendieron muy bien la importancia de lidiar con los problemas que aquejaban a la institución, y  diseñaron el Plan de Desarrollo Institucional 2014-2019 bajo el lema: “Una universidad comprometida con la formación de maestros para una Colombia en paz”, ya que en procesos de desmovilización anteriores como el  del M-19, en los años noventa, la institución alfabetizó no solo a los excombatientes sino también a sus familias y a las personas de su comunidad, apostándole a su exitosa reinserción.

La Pedagógica también ha implementado iniciativas como ‘La Catedra de la paz’, la remodelación de los baños y de la estructura, y el fortalecimiento de un comedor universitario que le brinda la posibilidad de almorzar a muchos estudiantes.

Tanto la Universidad Nacional y la Universidad Pedagógica han venido, muchas veces silenciosamente, cimentando la base de la paz, formando los profesionales que contribuirán con la nueva realidad en los territorios alejados del centro del país, sumándose a esa iniciativa loable y necesaria de la reconciliación nacional. Iniciativas que se deben impulsar, fomentar, pero sobre todo, financiar.