La marginal de la selva

Una carretera prometida por el estado colombiano para unir a tres países causa controversia por los costos ambientales que conlleva.

El desarrollo de obras de infraestructura genera riesgos y daños ecológicos. Esto no es una novedad. La troncal del Magdalena medio es un buen ejemplo de rompimiento de corredores de fauna y flora. Las autoridades ambientales aun están lejos de hacer cumplir las normativas de defensa de ecosistemas, y los planificadores diseñan las obras pensando en negocios pero poco en la gente y en el ambiente que será impactado. Mayor es esta tragedia en zonas donde se vivió intensamente el conflicto armado.

El Ministerio de Ambiente y corporaciones de desarrollo sostenible han generado alertas por la construcción de una carretera que junta la Troncal del Llano con la Marginal de la Selva. La Troncal al Norte ya está casi hecha desde San José del Guaviare hasta Arauca para llegar a Venezuela. La Marginal comienza en Ecuador pero subiendo por Putumayo hacia Caquetá y Guaviare es todavía una obra en ciernes. Lo complicado es que su trazado rompe corredores ecológicos que son vitales para la circulación de especies entre los Andes y la Amazonía.

Este proyecto fue promovido por el Consejo Regional de Planificación CORPES de la Orinoquía hace unos 25 años. La idea consiste en tener un corredor vial que permita el tránsito de bienes entre los tres países, sin que los vehículos tengan que utilizar la vía panamericana para evitar el paso por el macizo y las tres cordilleras. Usar la planicie del piedemonte haría más ágil, rentable y segura la movilidad de frontera a frontera. Las dificultades que avizoraron los técnicos tenían que ver con la construcción de puentes para grandes ríos, la selva pura en algunas partes y el conflicto armado que se atravesaba al interés del proyecto.

La controversia ecológica apareció cuando los Ministerios de Transporte y Ambiente observaron que la carretera tendría que atravesar el parque de La Macarena desde Vista Hermosa hasta el rio Guayabero. En ese momento algunos congresistas pidieron una variación del trazado para lo cual propusieron la vía que conecta Meta y Guaviare, y ya en éste último seguir desde San José hacia el Occidente por un sector sustraído de la reserva forestal amazónica años atrás. La idea tomó fuerza. La Gobernación de Guaviare señaló que la mejor conexión sería por una trocha que estaba abriéndose por el Capricho y no por La Carpa, la cual había prometido el INVIAS a los campesinos que protestaron en 1986.

Los colonos del Guayabero habían realizado paros y éxodos para reclamar escuelas, puestos de salud, titulación de tierras y una carretera. El gobierno central construyó desde entonces hasta hoy solo un 30% de la prometida vía que comunica a San José con el casco urbano de La Macarena y de allí a San Vicente del Caguán. Las FARC por su lado hicieron una buena parte de ella. A mediados de los años 90s robaron maquinaria a Gobernaciones y Alcaldías de Caquetá, Meta y Guaviare y la emplearon en abrir ramales y trochas en la extensa zona de los Llanos del Yarí. La marginal de la selva no fue la excepción. Pero los campesinos colonos fueron lo que más trabajaron abriendo pica, haciendo puentes en tabla, construyendo canales de desague y pequeñas obras de arte.

Mientras tanto la colonización se fue adentrando más hacia el sur. Hace un año, el bloque oriental de las FARC levantó su resistencia de dos décadas a la apertura de un tramo de casi 30 kilómetros que faltaba para juntar a Puerto Nuevo con Cachicamo, y se desató una desenfrenada tala que ha sido monitoreada por el IDEAM y por medios de prensa que abordan con poco tino lo que está pasando. Sin embargo, la tala es un drama que arropa a toda la subregión noroccidente de la Amazonía colombiana, realidad que debe endilgarse a la carencia de una política estatal que articule a su institucionalidad en todos sus niveles sin desconocer los conflictos socioambientales que allí se registran.

La colonización sustentada en los ingresos del cultivo de coca es un fenómeno que conlleva tala de bosques, eso es innegable, pero todos los informes y notas de prensa enseñan que la deforestación se acelera con mayor fuerza cuando se trata de fundos para ganaderización extensiva. Además, se hace sospechoso que varios de los que talan intensamente sean acaparadores de tierras nuevas que solo son praderizadas esperando próximos compradores mientras que los pequeños propietarios son empujados más dentro de la selva nuevamente. La praderización ocasiona erosión y cambios drásticos en el régimen de lluvias y es peor flagelo para los ecosistemas que la misma coca.

En tiempos de paz para esta región, los corredores viales tendrán que hacerse atendiendo recomendaciones ambientales. En este sentido no puede haber olvidos ni excusas. Las autoridades ambientales tendrán que cumplir su papel de mejor forma e incluso hombres de las FARC deberán ser incorporados como guardabosques. Las comunidades que habitan en estas zonas deben favorecerse con la construcción de megaproyectos viales, como éste que en sus orígenes fue visto solo como una oportunidad para el intercambio comercial. Las comunidades por su lado deben asumir compromisos de reducción de deforestación sin que ello conculque sus derechos.

*Coordina el OCDI GLOBAL en INDEPAZ.