La hora de la verdad, la hora de las víctimas

Debemos sopesar de manera realista los distintos escenarios para escoger el camino más viable y adecuado para lograr la reconciliación y que logre generar las condiciones más cercanas a lo ideal para los procesos individuales de perdón.

El conflicto armado interno colombiano tiene la terrible particularidad de ser uno de los más prolongados y con más víctimas de la historia contemporánea. Según el informe de la “Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas” más de 220.000 personas han muerto a causa de conflicto, y según el Registro Único de Victimas (RUV), 8.376.463 millones de colombianos habrían sido afectados de una u otra manera por acciones del conflicto.

Desde todos los sectores políticos, a favor o en contra de los acuerdos se escuchan voces que reivindican la centralidad de las víctimas en cualquier proceso que busque dar final a la violencia en Colombia. Quienes apoyan los acuerdos y el proceso de implementación el argumento de “las victimas están en el centro de los acuerdos” es reiterativo. Quienes se oponen argumentan que los acuerdos que se firmaron y se están implementando no tomaron en cuenta a las víctimas del conflicto ni están contribuyendo a garantizar sus derechos.

Es importante en este punto recordar, y no como un imperativo “teórico”, sino como una realidad a la que se enfrentan las sociedades en transición a través de acuerdos de paz, que estamos frente a un momento que nos exige, como sociedad y ciudadanos, tomar decisiones frente a los valores que van a guiar la búsqueda de la consolidación de la paz. Esto es, el difícil equilibrio entre el derecho colectivo a la paz y los derechos de las víctimas a la justicia, verdad, reparación y no repetición.

Debemos, entonces, sopesar de manera realista los distintos escenarios para escoger el camino más viable y adecuado para lograr la reconciliación (colectiva) y que logre generar las condiciones más cercanas a lo ideal para los procesos individuales de perdón (subjetivo).

En ese orden de ideas, y considerando que es casi imposible encontrar un equilibrio entre la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición, estamos en un momento crucial con la implementación de la justicia especial de paz JEP primer mecanismo que esta adportas de iniciar su funcionamiento y que funciona bajo el parámetro de priorizar la verdad para impartir un estándar de justicia transicional.

Al realizar un ejercicio experimental de análisis cuantitativo del acuerdo final, de los cuatro conceptos relacionados con los derechos de las victimas el más mencionado en el texto es de la verdad, mencionado en 201 ocasiones, seguido de la justicia con 188 menciones, la reparación mencionado en 158 ocasiones y la garantía de no repetición que aparece en 120 ocasiones.

Esto a simple vista es un ejercicio netamente intuitivo, sin embargo, encierra, en el fondo, la orientación que desde el acuerdo se le piensa dar a la implementación de estos valores en relación con los derechos de las víctimas, que a mi juicio es la manera más acertada de acuerdo con las circunstancias históricas y la naturaleza de nuestro conflicto.

Pensar en que la justicia sea el valor central no es realista en un conflicto con millones de víctimas, diversos victimarios y grandes vacíos de responsabilidad institucional frente a las acciones violentas. Si a esto le sumamos la crisis de legitimidad de la justicia ordinaria ¿De qué tipo de justicia estaríamos hablando? ¿A quién juzgaríamos y como sabríamos los responsables?

En esa misma dirección la reparación integral se vuelve un imposible. No habría forma de reparar efectiva y justamente a todas las víctimas del conflicto, al menos económicamente. Acá es donde cobra tanta importancia la reparación simbólica y la asimilación de la no repetición y las reformas estructurales como formas prospectivas de reparación colectiva. Que no vuelva a existir violencia política y que las estructuras estatales sean más justas y equitativas también es una forma de reparación

Y es en este punto donde llegamos al valor esencial de la reconciliación, el más viable, pero a la vez el más difícil en términos políticos y por eso esta semana hemos visto la andanada en contra de la elección de los magistrados de la JEP que más parece estar orientado por personas y sectores temerosas de que se conozca la realidad del conflicto, que por personas que cuestionen la idoneidad del tribunal que como nunca antes muestra tener una composición variada, con representación de distintos sectores y formas de pensamiento.

El camino para cualquier tipo de justicia, reparación, no repetición, reconciliación y perdón es el de la verdad. Es el camino más tortuoso y menos deseado por quienes fueron responsables del conflicto, pero es que deberíamos transitar si queremos esa paz estable y duradera de la que habla el acuerdo.