La cátedra de historia, un genuino camino hacia la paz

El análisis histórico será el camino que ilumine el futuro del país. La promulgación de la ley 1874 del 27 de diciembre de 2017 por medio de la cual se restablece la enseñanza obligatoria de la historia  de Colombia como una disciplina integrada a la ciencias sociales es una noticia que da una luz de solución al problema de la identidad nacional y la construcción del Estado-Nación colombiano.

Cuando me gradué como historiador de la Universidad Nacional mi primera experiencia profesional fue como profesor de ciencias sociales, de ella extracte dos cosas: en primer lugar, desarrollé un profundo respeto y admiración por la práctica docente y en segundo lugar pude corroborar de primera mano la deficiencia en el modelo de formación en ciencias humanas que tienen los estudiantes en Colombia; más allá del uso excesivo del modelo conductista,  la categoría de ciencias sociales se transformó en una mezcla de saberes y disciplinas por las cuales se imparte un inmenso mar de conocimientos con una ínfima expresión de profundidad lo cual ha contribuido a crear jóvenes que no tienen una clara relación con el contexto en el que se desarrollan ni su lugar en la sociedad y en el mundo. Esto en referencia a los entornos urbanos, ni que decir de la realidad rural.  

Esta iniciativa de crear una asignatura con pretensiones de ubicuidad académica ha derivado, en un verdadero fracaso y es fruto de la manifestación tácita de una élite política que determina el marco educativo nacional sin medida de las implicaciones y repercusiones que conlleva su implementación,  esto  representa per se  el problema de la idoneidad profesional por el cual los políticos deben dedicarse a la política y los pedagogos y científicos sociales a la educación.  

Es un hecho indiscutible que los estudiantes deben tener clases exclusivas de historia, el principio, para superar realidades de alto traumatismo como un conflicto armado de más de media centuria está en construir respuestas a nuestras falencias históricas como sociedad, es por ello que la solución yace, en parte, de comprender quiénes somos, de dónde venimos, cuál es el lugar social de nuestro desarrollo,  reconocer las limitaciones y potencialidades que poseemos como sujetos activos y el establecimiento de acciones de cambio frente al futuro del país.

Así entonces, enhorabuena a la decisión del congreso de reivindicar la enseñanza de la historia como un valor fundamental, en principio esto se constituye en un avance para la construcción de la paz y el desarrollo del país, un paso en la dirección correcta, pocas de sus acciones podrán tener mayor repercusión en la reconfiguración de la realidad social, en últimas, qué es un pueblo sin su historia, sino un simple conglomerado humano que desconociendo su origen le es imposible determinar su destino.

Aun así en medio de la euforia por la reivindicación de la enseñanza de la historia en los colegios públicos y privados, la lectura pormenorizada de la ley no permite identificar cuál será su verdadero alcance, tal como quedo escrito: “...restablecer la enseñanza obligatoria de la Historia de Colombia como una disciplina integrada en los lineamientos curriculares de las ciencias sociales...” no es del todo claro la forma en que se priorizará esta disciplina como un espacio independiente con objeto, método y fines particulares.

Para ello la norma estableció una comisión asesora en el Ministerio de Educación, de la cual esperamos no sea inferior a la magnitud del reto que les ha sido delegado y logren darle a esta disciplina la importancia que merece. Como profesor, historiador y colombiano veo con mucha ilusión la posibilidad de reconstruir un espacio que es esencial para la edificación de la nación y la paz, tal como lo señalaría el colombianólogo David Bushnell, Colombia es una ‘Nación a pesar de sí misma’ con ansias esperamos que ésta sea una medida efectiva y que las autoridades no tengan posiciones tibias y excusas bajo la forma de restricciones presupuestales para la implementación de esta ley, por el contrario se obre con sensatez  y se logre otorgar a los jóvenes y a los colombianos la enseñanza histórica que nos merecemos en la vía del principio socrático: “Hay sólo un bien, el conocimiento, y un solo mal, la ignorancia”