La aspersión aérea, puro ruido por ahora

Será importante abrir la discusión sobre en qué circunstancias y bajo que condiciones – ojala excepcionales - podría ser usada la aspersión, teniendo en claro que no será el regreso de las avionetas con herbicida lo que va a llevar a los territorios seguridad o evitar que la paz sea desafiada por el crimen organizado.

La solicitud hecha por el Fiscal al Consejo Nacional de Estupefacientes (CNE) para que considere “la conveniencia de reanudar la aspersión área”, abre un debate relevante sobre la falta de respuestas por parte del Estado luego de la suspensión de las fumigaciones, sin embargo se equivoca al señalar la solución.  

Desde la perspectiva política, la discusión resulta funcional para aquellos sectores que fervorosamente insisten en seguir haciendo más  de lo mismo. Pero desde el punto de vista práctico, pensando en las soluciones, terminará siendo puro ruido – al menos en lo inmediato.

Para comenzar es importante señalar que será difícil reactivar esta estrategia, no solo porque los motivos que justificaron su suspensión se mantienen, sino porque el programa financiado por el gobierno de EE.UU se desmontó y reactivarlo implicará largos trámites e importantes recursos.

De otro lado, no está claro que las fumigaciones contribuirían a reducir los cultivos. En cambio, el anuncio sí genera incertidumbre y desconfianza hacia el Estado en los territorios que subsisten de la coca, creando un contexto adverso para la implementación de los acuerdos.

El diagnóstico que contiene la carta del Fiscal es acertado. Los cultivos y la eficiencia productiva siguen creciendo. La erradicación manual ha servido para muy poco y el aumento de las incautaciones ha ido aparejado al incremento de los cargamentos en circulación. Los programas sociales y el desarrollo alternativo tampoco han dado resultados. Además, el consumo y el micro-tráfico han aumentado exponencialmente.

Con este balance, las preocupaciones son legítimas y los llamados a la acción necesarios. Pero la ansiedad por tener respuestas inmediatas e insistir en lo que no ha funcionado, no son la vía apropiada para responder a este desafío.

El principal problema de la carta del Fiscal y de quienes han hecho un llamado urgente para reactivar la aspersión área, es asumir esta será la solución. Las fumigaciones, tal como se han utilizado, solo explican marginalmente el descenso en los cultivos y muy seguramente tendrán un efecto moderado en detener su crecimiento.

En medio de la controversia, el Ministro de Justicia, Jorge Londoño, señaló públicamente su oposición a la reactivación de la aspersión, poniendo en duda su efectividad y reiterando la intensión del gobierno de avanzar hacia una estrategia integral, territorial y diferenciada. El Ministro de Salud, Alejandro Gaviria, reiteró los motivos por los cuales el gobierno suspendió las fumigaciones con glifosato, afirmando que cada una de ella siguen vigentes. Además, el Ministro del Medio Ambiente rechazó tajantemente la medida. Así las cosas, a la propuesta del fiscal le espera una fuerte oposición en el CNE.

Si bien los últimos meses se ha especulado sobre el uso del glufosinato de amonio para la aspersión, es relevante tener en cuenta que este herbicida también requeriría de la aprobación por parte del CNE y que igualmente tendría que hacer frente al desmonte del programa y la los problemas para su financiación. Bajo estas condiciones, a pesar del ruido, no se avizora una posibilidad real de activar las fumigaciones – por lo menos no en el próximo año.

Sin embargo, en el mediano plazo el panorama podría ser distinto. Diferentes voces vienen reclamando la posibilidad usar esta herramienta como último recurso y seguramente seguirán presionando para obtener la aprobación. Hay que tener en cuenta que en los acuerdos de La Habana no hay ninguna referencia explícita a la aspersión y el gobierno se reserva la posibilidad de su uso.

Bajo este marco, desde una perspectiva pragmática será importante abrir la discusión sobre en qué circunstancias y bajo que condiciones – ojala excepcionales - podría ser usada la aspersión, teniendo el claro que no será el regreso de las avionetas con herbicida lo que va a llevar a los territorios seguridad o evitar que la paz sea desafiada por el crimen organizado.

Como señalan los acuerdos de La Habana, la clave estará en el desarrollo de instituciones legítimas que cumplan sus funciones, provean bienes públicos y reconstruyan su relación con la ciudadanía. Las otras medidas serán solo paños de agua tibia que llevarán a evadir – una vez más - la responsabilidad que tiene el Estado con las zonas que han estado bajo la influencia del narcotráfico y la confrontación.