Hoy digo #YoTambién

Y lo hago en pleno respaldo a las denuncias que nos interpelan como humanidad.  Unámonos a esta transformación social, reconstruyendo masculinidades que exploren nuevas formas de ser, sentir y actuar como hombres. 

Por Martín Santiago Herrero, Coordinador Residente y Humanitario del Sistema de Naciones Unidas en Colombia

A nivel global, las cifras continúan siendo alarmantes: el 35% de las mujeres en el mundo ha sufrido algún tipo de violencia, y las mujeres y niñas representan el 71% de las víctimas de trata de personas. En Colombia, 90% de las víctimas de delitos contra la libertad y la integridad sexual en el Registro Único de Víctimas son mujeres.

Estas cifras nos conectan con una realidad profundamente dolorosa y una serie de afectaciones inaceptables.  En los últimos meses, esta realidad nos ha sido revelada a gran escala a través del hashtag #MeToo, representando miles de actos de valentía alrededor del mundo.  Ha sido un golpe necesario a la normalización y el silencio en las esferas privada y pública, desencadenando denuncias y separaciones de cargos sin precedente, no solamente contra reconocidas celebridades, sino también contra directores ejecutivos y altos funcionarios públicos.

Ante las voces de denuncia alzadas por tantas mujeres alrededor del mundo, los hombres debemos asumir de manera decidida el compromiso de construir un país libre de violencia basada en género así:

Promoviendo el compromiso firme de los hombres frente a la cero tolerancia hacia cualquier forma de violencia contra las mujeres. Esto implica una participación activa de los hombres en educación en igualdad, su entrenamiento en la prevención de violencia de género y su adhesión a la eliminación de las barreras que impiden a las mujeres el goce pleno de sus derechos.

Reconstruyendo la masculinidad, es decir, la resignificación del papel de los hombres que cuestione el modelo tradicional de masculinidad hegemónica, el cual discrimina a las mujeres y limita a los hombres bajo unos roles de género tradicionales, que socavan la autonomía y dignidad de las mujeres. 

Asumiendo la corresponsabilidad, debemos liderar la redistribución equitativa del cuidado y crianza de hijos e hijas y de las labores domésticas entre hombres y mujeres.

La tarea que tenemos como sociedad para erradicar de una vez por todas cualquier forma de violencia contra las mujeres depende del nivel de compromiso de los hombres, como aliados de la igualdad de género. Cerrar las brechas entre mujeres y hombres es una condición definitiva para construir un mañana con sociedades más justas, inclusivas y prósperas para las mujeres y niñas.

La paz en Colombia representa una oportunidad para cambiar las estructuras de desigualdad, para lograr un país donde ellas gocen de todos sus derechos y para disfrutar de una vida libre de violencias en un país en el que nadie quede atrás.

Hoy, digo #YoTambién en pleno respaldo a las denuncias que nos interpelan como humanidad.  Unámonos a esta transformación social, reconstruyendo masculinidades que exploren nuevas formas de ser, sentir y actuar como hombres que promuevan el respeto, la aceptación de la igualdad de las mujeres, así como cero tolerancia a cualquier forma de violencia como base para una sociedad equitativa, democrática e inclusiva.

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