¡Hasta pronto!

A pocos meses de terminar mi misión como embajadora de Suecia en Colombia, resulta inevitable no pensar en el país que me recibió hace seis años y el país que veo hoy. 

Marie Andersson de Frutos, embajadora de Suecia en Colombia

Son tantas las transformaciones de las que he sido partícipe como Embajadora, que las palabras de esta columna resultan insuficientes. Empecemos por lo obvio: el acuerdo de paz. Éste es sin lugar a dudas uno de los mayores logros de la historia del país desde su independencia, aun cuando su implementación ha resultado ser más desafiante de lo que cualquiera hubiera imaginado. Aunque probablemente lo seguirá siendo, no se puede perder de vista un hecho fundamental: se están salvando vidas. Se estima que alrededor de 540 personas han dejado de morir en los últimos nueve meses gracias al cese al fuego bilateral; si contamos el tiempo del proceso de negociación, son más de 2600 personas que dejaron de morir a causa de la guerra. Este hecho es en sí un indicador de éxito del proceso.

En materia de implementación, el termómetro de avance no está dado por el número de leyes aprobadas, sin duda alguna necesarias, sino en las transformaciones a nivel territorial que deberán estar en clave de oportunidades para el desarrollo inclusivo y ambientalmente sostenible, para la superación de la pobreza y las desigualdades, y para que las más de 8 millones de víctimas retomen su condición de ciudadanos en ejercicio pleno de sus derechos. En síntesis, oportunidades para que la guerra no sea nunca más una opción en la historia de Colombia.  

Si bien es cierto que en este aspecto los desafíos son enormes y habrá que emprender grandes reformas, el país no está empezando de ceros en esta materia, y aquí nuevamente los invito a mirar fuera de Bogotá y las ciudades capitales. Suecia lleva casi 15 años trabajando por la construcción de paz en medio del conflicto y lo ha hecho a través del empoderamiento de las mujeres, la promoción de los derechos humanos, el impulso al desarrollo rural y el apoyo a los mecanismos de justicia transicional ya existentes. Hace algunos meses estuve en Morroa (Sucre), viendo como familias restituidas y no restituidas trabajan hoy por el desarrollo del campo desde su comunidad. Como éste hay muchos ejemplos más que dan cuenta de los esfuerzos del país por dejar atrás décadas de guerra y violencia.

Estos esfuerzos no son invisibles a los ojos de la comunidad internacional. Durante estos seis años como embajadora he visto como la imagen del país ante el mundo ha cambiado. Hoy Colombia es un país atractivo para la inversión y la innovación.  Mikael Damberg, ministro sueco de empresas e innovación, estuvo en marzo en el país con el objetivo de fortalecer los lazos comerciales entre Suecia y Colombia, y hace tan solo unos días tuvimos el lanzamiento de “Sweden at Colombia”, una alianza que busca promover el intercambio entre las industrias  creativas, específicamente de moda y música de los dos países. Esto es posible solo gracias al esfuerzo que Colombia está haciendo, y es exactamente lo que muchos llaman los dividendos de la paz.

Ahora que mi tiempo en Colombia está por terminar, solo me queda reafirmar el compromiso de Suecia con la paz y con las muchas oportunidades que ella traerá. Me voy con la satisfacción de haber podido ser parte de este nuevo capítulo en la historia de este maravilloso país.