Escribir como terapia

Aún quedan historias por contar, imaginación por volar y poemas para sacar el espíritu de su encierro. Nos faltarán tres vidas para seguir leyendo no sólo en mi idioma y en las lenguas de los pueblos de esta tierra que tiene muchas soledades y una guerra por superar.

Una verdad con plastilina es que para leer hay que escribir y lo hacemos por múltiples razones que parten de contar mi historia, contar la tuya,  dar a conocer un punto de vista, decir mentiras hasta convertirlas en verdad, darle juego a la imaginación, hacerlo por catarsis, por necesidad o por simple placer.

Colombia, con su tierra,  mar y  aire tiene un millón 142 kilómetros  cuadrados; cerca de 50 millones de habitantes y más de 60 años de guerra con todas las ideologías, tipo de estrategias y tácticas, con ideales altruistas en un momento y degenerados después, miles de muertos , Consejos Verbales de guerra para civiles, cientos de desaparecidos, torturas en instalaciones militares y montones de lugares secretos, desplazamiento forzado, violencia sexual…¿Cuánto tenemos que contar? Sentimientos para expresar, odios por curar.

Quienes habitamos este territorio quizá no necesitemos de la imaginación para escribir. Recuerdo que cuando estrenaron en Europa “La vendedora de rosas”, las críticas sobre la película la consideraban como ciencia ficción. Es que… la superamos .

Por fortuna, como medicina para esta sociedad, encontré muchos títulos en la Feria Internacional del Libro en Bogotá, Filbo 31, que dejan constancia con hechos reveladores de lo que ha dejado este enfrentamiento armado y por fin, se amplía el conocimiento de lo que es el exilio, ese estado jurídico que ignoramos o juzgamos desde la ignorancia. Y por fin una institución como el Centro Nacional de Memoria, recoge y registra hechos, momentos crudos para cualquier ser humano que no haya perdido la sensibilidad y el amor por su especie.

Claro que siempre nos quedan los poemas a la naturaleza, al amor en toda su ampliada y variada gama, nos queda la alegría por ver crecer un niño, una niña,  una planta; ver saltar un gato o ver como el canino menea la cola cuando llegamos,  porque la vida está hecha de momentos, de pequeños detalles que sólo podemos retener en la memoria, en la querencia, en la foto, el cine, la radio y ¡Cómo no! Como no, en la escritura.

Leí como en otras  ferias títulos para encontrar la felicidad. ¿Existe? Los momentos llegan pero no son perennes como la sonrisa que deja una cámara para captar imágenes, la tranquilidad o paz interior se trabaja y ella sí que puede tener una permanencia. Se dice que nacemos para ser felices, yo diría que nacemos para buscar la felicidad que no deja de ser una quimera pero que la buscamos pero “ni se compra ni se vende”.

Invito a escribir a cada mujer, a cada hombre, siempre tendremos una historia. Digamos que puedes  hacerlo excelente y convertirte en una revelación; digamos que lo haces regular ¡No importa! Interesa que lo haces para ti, para sacar lo que tienes dentro, para hacer terapia, para ayudarte a ti mismo, a ti misma.

Podemos escribir desde los recuerdos, desde lo sucedido pero siempre será mejor contrastarlo con  el contexto y otros relatos e información para reafirmar los hechos  y en ese caso será algo diferente al deseo de escribir ficción desde las vivencias particulares o relatadas por otros.

Siempre siempre nos quedará la palabra y la poesía, las tuyas y las mías pero…¿Dime poeta ¿Cómo se escribe un poema?

Escucha el silencio en la conversa/ entre viento y hojas/aleteo y canto de aves/sobre el fulgor de la hierba./ No lo captan ni mi cámara/ni mis palabras/ ¿Palabras de la naturaleza?/No, no son palabras/ Es-un-poema.

Aún quedan historias por contar, imaginación por volar y poemas para sacar el espíritu de su encierro. Nos faltarán tres vidas para seguir leyendo no sólo en mi idioma y en las lenguas de los pueblos de esta tierra que tiene muchas soledades y una guerra por superar.
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