Entre la paz y la pobreza: Daniela Carvajalino

La construcción de paz debe contemplar la superación de la pobreza como pieza elemental sobre la que edificaremos una sociedad justa, donde todos los colombianos ejerzan plenamente sus derechos y deberes. 

¿Considera que estamos ante un momento determinante en la historia de Colombia, que puede abrir las puertas para culminar con la guerra?

Casi 60 años de conflicto armado interno y siete millones de víctimas del desplazamiento son motivo suficiente para que cualquier colombiano tenga la inquietud sobre lo que representa la firma de un acuerdo de paz con los grupos armados del país.

Más allá de nuestras legítimas y necesarias diferencias sobre las decisiones que tenemos que tomar en el país frente al plebiscito, no cabe duda de que la sociedad colombiana tiene el profundo deseo de dar fin a la guerra. Sin embargo, debemos comprender que la paz no se circunscribe únicamente al silenciamiento de fusiles, la desmovilización de las FARC y el ELN, o a la acción puntual de participar en un proceso eleccionario; la paz debe construirse diariamente en el territorio, donde existen grandes desafíos que requieren de una participación ciudadana activa, que transforme la cultura de guerra e indiferencia ante las grandes problemáticas que produce la desigualdad en Colombia.

Los asentamientos informales son espacios donde las condiciones de vida indignas y la vulneración de derechos son factores que atentan contra la oportunidad de vivir en paz. Son territorios con condiciones de vivienda deficitarias, instalaciones eléctricas inadecuadas, acceso a agua potable nulo y altas tasas de empleo informal, que representan verdaderas trampas para el fin de la violencia en Colombia. La construcción de una paz con sentido social que busque la justicia y equidad en el país, debe reconocer a las comunidades más vulnerables como víctimas de la violencia estructural que les impone la pobreza.

Cristo Rivera, líder comunitario de Santa Marta, Ciudad Bolívar, uno de los 125 asentamientos informales que existe en Bogotá, es uno de los millones de colombianos que ha sufrido el desplazamiento y desarraigo de su tierra a causa del conflicto armado en Colombia. Sin embargo, la violencia que él y su familia han sufrido no terminó al salir forzosamente de su pueblo, por el contrario, éste fue el primer día de muchos que le siguieron, de una vida limitada por la falta de oportunidades y garantía de sus derechos fundamentales, convirtiéndose en víctima de la violencia estructural. “Dejamos de ser víctimas de la violencia de los grupos armados y comenzamos a ser víctimas de la violencia del Estado sobre las comunidades más vulnerables que habitan en asentamientos informales. La falta de acceso a servicios públicos, la falta de acceso a la tierra, son los dos tipos de violencia que seguimos viviendo, pues son nuestros derechos como ciudadanos”. Al igual que Cristo, Oscar Zapata, líder comunitario de la comunidad El Faro en Medellín, reconoce que la pobreza es un obstáculo que debemos enfrentar para la construcción de paz, “ver a una persona con necesidades, que no tiene dónde dormir o qué comer, nos hace el llamado a ver que la paz es ir más allá de pobreza”.

Ambos líderes comunitarios trabajan todos los días por una reivindicación de sus derechos y los de sus comunidades, reconociendo que la paz se construye participando cotidianamente en la búsqueda de soluciones a la pobreza, y entendiendo que “los verdaderos actores de un genuino postconflicto son las comunidades”.

La pobreza no limita la construcción de paz, lo que limita es entenderla como una condición inherente a ciertas comunidades y no como una situación transformable. La superación de la pobreza es un mecanismo de construcción de paz en Colombia, entonces, ¿cuáles están siendo las garantías que están ofreciendo los acuerdos de paz a las comunidades que habitan en asentamientos informales?

* Directora Social Fundación TECHO – Colombia