El poder de las mujeres y las mujeres en el poder

Creo que poco a poco hacemos ejercicio de ciudadanía, poco a poco las mujeres pueden hacer público su poder haciendo camino desde la búsqueda de sus derechos y la terquedad para conseguirlos, amparadas en leyes que ellas mismas han luchado, asumiéndose como mujeres con su autonomía y su propia identidad.

Sin duda alguna Colombia vivió el 26 de agosto una jornada histórica al margen de cumplir o no el umbral para ganar la consulta contra la corrupción. Fue un hecho político sin precedentes en nuestra tradicional débil democracia, después de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.

La propuesta de la consulta unió a una Colombia que no deja de estar polarizada, tironeada por un expresidente innombrable que no quiere alejarse del poder para defender sus propios intereses. Digo unió porque en un país que es altamente abstencionista, superar por millón y medio lo que alcanzó el actual presidente, que sin duda fue alta, es un signo de cansancio pero también de honradez y de moral de una ciudadanía a la que no se le ofreció nada distinto a querer ganar una propuesta ética. Y para eso ¿una consulta?

Sí, hemos ganado porque estamos haciendo política en las urnas, con movilización, con conciencia, con la palabra y con el corazón para cambiar estas formas arcaicas de relacionarnos entre seres humanos, entre iguales, entre el Estado y la ciudadanía, entre el poder y quienes no lo tenemos pero…el poder sigue en las mismas manos.

No sabemos cuál fue la participación desagregada por sexo pero si sabemos que fue una mujer o unas mujeres las que pusieron la primera piedra: Claudia López y Angélica Lozano. Ellas desde la convicción convencieron, convocaron, crearon, promovieron, sensibilizaron y persuadieron. Lanzaron al vuelo y la idea convertida en acción voló y en acción votamos cerca de 12 millones.

Claudia y Angélica mostraron para la consulta anticorrupción ser mujeres con poder desde una esquina que no es la derecha ni la izquierda ni el centro ¿Por qué siempre tendremos que encasillar para poder analizar? ¿Siempre la dualidad? ¿Negro o blanco? ¿Bueno o malo? ¿Podremos superar el sistema binario? O ¿será ingenuidad política?

Creo que poco a poco hacemos ejercicio de ciudadanía, poco a poco las mujeres pueden hacer público su poder haciendo camino desde la búsqueda de sus derechos y la terquedad para conseguirlos, amparadas en leyes que ellas mismas han luchado, asumiéndose como mujeres con su autonomía y su propia identidad.

“Caminante no hay camino// se hace camino al andar”, diría el poeta Antonio Machado, y en ese caminar se están construyendo referentes. En su reciente libro Mujeres y poder, la académica británica Mary Beard, dice:“mi premisa fundamental es que nuestro modelo cultural y mental de personas poderosas sigue siendo irrevocablemente masculino…”. Y es este modelo que como mujeres queremos cambiar lo que estamos cambiando.

Y ese cambiar no es solo en razón de sexo sino de mirada, actitud, convicciones, acciones que conduzcan a un salto en la manera de hacer política, de ser mujeres con poder que llegan al poder porque como diría Darío Echandía: “El poder para qué”, a lo que podríamos responder, para apostar en la transformación que considere lo más sencillo en la vida cotidiana hasta lo más abstracto del ser humano individual y en sociedad con la procura de su libertad y su bienestar.

Colombia tiene un 50% de mujeres en el ejecutivo y por primera vez una Vicepresidenta, luego de pasar en campaña con cuatro candidatas a la Presidencia de la República. Algo está cambiando y ojalá no solo sean los símbolos en referencia a la capacidad de una mujer para gobernar, sino que toque el fondo de sus propuestas y a quiénes representa. ¿Los derechos de las mujeres? ¿Las élites? ¿El poder tradicional? ¿El patriarcado con tacones?

Muchas mujeres estamos a la espera del posicionamiento que haga la vicepresidenta Martha Lucía Ramírez de los derechos de las mujeres a lo que bien vendría un Ministerio, visto desde la especificidad, la diversidad, necesidades y derechos, lejos de un enfoque familista, con incidencia en los demás ministerios, con presupuesto y capacidad de decisión.

Gracias a las luchas que guardan historia, es que la Vicepresidenta (y las ministras) ocupa el cargo que hoy ostenta, y por gratitud y compromiso político debería rodearse de un equipo cualificado que conozca su tarea y, contra todo pronóstico, asuma desde su condición de mujer, por las mujeres y con las mujeres.

Me atrevo a decir que con esas premisas, la Vicepresidenta podría contar con el apoyo del movimiento de mujeres, no obstante toda acción está atravesada por la política, la cultura y los intereses de los partidos. Quisiera creer en los milagros, las alianzas y los acuerdos.

No se trata entonces de que todo cambie para que nada cambie.