¿El man es Germán?

En los últimos meses ha comenzado la especulación acerca de los presidenciables que se enfrentarán electoralmente en el primer semestre de 2018 como Humberto De la Calle, el ex Procurador Alejandro Ordóñez e incluso el actual Senador del POLO, Jorge Robledo. No obstante, el más pronunciado candidato es Vargas Lleras.

En las últimas elecciones de las entidades territoriales, llevadas a cabo en octubre del año 2015, el Partido Cambio Radical fue el fenómeno electoral y gran ganador contra todos los pronósticos. Con la adjudicación en su haber de ocho Gobernaciones, entre ellas las de importantes departamentos como Antioquia, Cundinamarca y Huila, sumado a las alcaldías logradas en ciudades estratégicas del país como Bogotá y Barranquilla, sin duda alguna el partido se posicionó como una fuerza política influyente en el país.

No es un misterio quién está detrás de la apoteósica, pero al mismo tiempo silenciosa, gestión política de Cambio Radical. Presidente del partido por primera vez en el año 2004, el actual Vicepresidente de la República, Germán Vargas Lleras, es la mente maestra detrás de un plan cuyo objetivo final no es otro distinto a la Presidencia de Colombia a partir de 2018. 

Desde los últimos meses ha comenzado la especulación acerca de los presidenciables que se enfrentarán electoralmente en el primer semestre de 2018. Se ha hablado de personalidades influyentes en la actual coyuntura nacional como Humberto De la Calle, el ex Procurador Alejandro Ordóñez e incluso el actual Senador del POLO, Jorge Robledo. 

No obstante, el más pronunciado candidato es Vargas Lleras. Y no precisamente por su carisma, sino por su ambición política. Durante la administración del Presidente Santos, Vargas Lleras ha ostentado cargos públicos vistosos; de esos que exaltan su figura y ponen en alto su nombre con el propósito de mostrarlo constantemente a los electores. Además de ser Ministro del Interior, fue designado como el Ministro de Vivienda encargado de entregar las cien mil viviendas gratis. 

En la actualidad, su rol principal como Vicepresidente es encargarse de todos los proyectos de infraestructura en el país. Viviendas e infraestructura son, sin lugar a equivocarme, dos de los aspectos en los que los votantes comunes centran su atención y agrado al momento de elegir un candidato. Ninguno de sus cargos ha sido coincidencia: desde hace seis años se le han dado todas las herramientas para encarrilarse hacia la próxima Presidencia. 

De ese modo, por la maquinaria política obtenida en 2015 y sus gestiones en las administraciones Santos, Germán Vargas Lleras es el principal candidato a ser el próximo mandatario de los colombianos. La pregunta es, ¿es él a quien realmente necesitamos como jefe de Estado y de gobierno?  Con la firma del Acuerdo de Paz negociado en La Habana, resulta pertinente reflexionar respecto de quien tiene la voluntad política de continuar el legado de paz y, por supuesto, la implementación de lo contenido en lo negociado.  

De un tiempo para acá tenía pensado escribir una reflexión acerca del Vicepresidente. Pero al ver el escándalo con su escolta en Ciénaga de Oro, me decidí a hacerlo cuanto antes. ¿Realmente es él el Presidente que merece un país que ha empezado a construir la paz? Como seres humanos jamás estaremos exentos de salirnos de nuestras casillas, pero un cargo de alto nivel – así como la responsabilidad que acarrea – requiere de un comportamiento de altura. Aún con lo efímero que fue dicho suceso, como dice la premisa de Marshall McLuhan, “el medio es el mensaje”.

Incluso olvidando lo sucedido con su escolta, en términos generales el Vicepresidente no ha sido muy amigo de la paz. Durante las negociaciones de paz del año 2002 Vargas Lleras fue uno de los principales opositores, hecho que lo llevó a aunar esfuerzos políticos e ideológicos con el actual Senador Álvaro Uribe, el principal opositor del recientemente concluido Proceso de Paz. Y es que en agosto pasado el Presidente Santos se vio en la penosa tarea de solicitarle públicamente a Vargas Lleras su apoyo en la campaña por el “Sí”, hecho que demostró una total falta de engranaje entre los dos. 

Dicho de otro modo, al candidato más fuerte para la próxima Presidencia parece no interesarle el Proceso de Paz, lo cual es preocupante para un país que ha empezado a implementar lo negociado y que se espera lo continúe haciendo durante décadas a fin de alcanzar la meta más preciada: la reconciliación. La construcción de paz no es una tarea de cuatro años, ni mucho menos de ocho. Son décadas de trabajo continuo las que verdaderamente reconstruyen el tejido social, empoderan la memoria histórica y le ponen un fin al conflicto intergeneracional. Por lo tanto, debemos pensar en que el próximo Presidente de Colombia continúe el legado que hasta ahora se ha ido dejando. Para el 2018 debemos tener en cuenta que deberá llegar al poder, no quien tenga mayor capacidad para hacerlo, sino quien detente la voluntad de continuar trabajando por un país en paz.