El éxito del plebiscito depende de su pedagogía

Es obligatorio que la información llegue a las manos de quienes no saben leer ni escribir, a las minorías, como los indígenas y las comunidades afrocolombianas, pues lo cierto es que hay mucho desconocimiento y especulación sobre los alcances de los acuerdos y a esta altura del proceso, no están claros los puntos ni los temas tratados en la negociación.

Sin lugar a dudas, el proceso de consolidación, credibilidad y legitimidad  de los acuerdos  de paz depende en gran medida de la creatividad,  innovación y sensibilización con que se den a conocer ante el pueblo colombiano, teniendo en cuenta su diversidad étnica y cultural, así como los niveles de educación, pues en últimas lo que debe generar es entendimiento y confianza en lo suscrito.

El plebiscito constituye la prueba de fuego de las negociaciones. Es allí donde se juega sus cartas el Gobierno y el Congreso con este mecanismo, que servirá para refrendar lo acordado. Lo voluminoso del texto y los temas tratados dificulta tener claro cada punto de lo pactado. De allí la importancia que se adelante una campaña de información clara, entendible, transparente y presta a atender las dudas que surgen de la población, con puntos claves, debidamente publicados y difundidos en todas las regiones. En últimas este ejercicio pedagógico es el que va a definir la intención de voto del pueblo colombiano por el SÍ o por el NO.

Comprender su dimensión y alcance para todos colombianos en capacidad de sufragar, es la piedra angular para el voto por el sí, sin engaños y falacias que confundan a la población, desprendido de matiz político. Es obligatorio que llegue a las manos de quienes no saben leer ni escribir, a las minorías, como los indígenas y las comunidades afrocolombianas, pues lo cierto es que hay mucho desconocimiento y especulación sobre los alcances de los acuerdos y a esta altura del proceso, no están claros los puntos ni los temas tratados en la negociación. El éxito de este ejercicio es que el pueblo elija convencido que el acuerdo es lo mejor para un país que se ha desangrado con la guerra, donde las víctimas reclaman verdad, justicia y reparación.

De no cumplir con esta exigencia democrática, se generará apatía en los votantes, lo que se convertirá en una enorme complicación si se tiene en cuenta que Colombia es una nación per se clientelista, donde las elecciones están cargadas de diversos intereses.

Es un reto grande, pues desde 1957, con el general Gustavo Rojas Pinilla, no se daba aplicabilidad a esta figura participativa. Y como lo hizo ver la Corte Constitucional en su aprobación, la divulgación del acuerdo final y la publicidad, así como las estrategias de socialización, se deben hacer simultáneamente con la presentación del informe del presidente de la República al Congreso, con el fin de que el pueblo pueda conocer oportunamente el contendido de lo acordado.

No puede ser pasado por alto que el plebiscito no es una votación en contra o a favor  de la paz, sino una manera de preguntar al pueblo si está de acuerdo con una decisión política que es el Acuerdo Final. Por eso la pregunta debe ser lo suficientemente elaborada y clara para que pueda ser respondida con un SÍ o un NO y el ciudadano no tenga dubitación.

La educación para la democracia constituye uno de los pilares del Estado social y democrático de derecho, y la paz, uno de los derechos esenciales para su estabilidad. Una democracia no puede darse el lujo de arriesgar su esencia con decisiones trascendentales, que no se hacen conocer del pueblo.

Lo importante es que sean los ciudadanos quienes decidan cuál debe ser el rumbo a seguir, en este caso con un sí a una paz estable y duradera que cambie su historia o a una guerra indefinida. Es un riesgo, sí, pero también es la oportunidad ideal para disentir, reparar y construir los temas aprobados con argumentos. A fin de cuentas, esa la verdadera democracia participativa y pluralista. 

*Militar retirado. Exmagistrado del Tribunal Superior Militar