El Dorado habló de posconflicto

Una misión del Banco Mundial visitó Villavicencio con el propósito de conocer de primera mano los retos que enfrenta el país para consolidar la paz y cómo puede contribuir la comunidad internacional. Allí estaban los líderes de El Dorado (Meta), una población víctima y olvidada. 

Por: Luis Carlos Gómez*

Los líderes de El Dorado (Meta) tenían mucho qué contarles a los representantes del Banco Mundial. Podrían hablarles de cómo un 31 de diciembre los habitantes del municipio tuvieron que salir corriendo en plena celebración navideña porque se corrió el rumor de que la guerrilla se iba a tomar el pueblo. 

También, de cómo durante una época los paramilitares hicieron su campamento en la escuela de una de sus veredas y desde allí se enfrentaban a tiros con los guerrilleros que se ocultaban en un cerro cercano.

Su alcalde, Óscar Olaya, y 10 líderes de la comunidad viajaron a Villavicencio para contarles todo lo que sufrieron a causa del conflicto, pero también cómo, a pesar de sus temores, hace unos años lograron retornar a sus casas, recuperar sus cultivos de café, banano, cacao, aguacate y muchos otros productos que habían sido devorados por la maleza, limpiar de minas antipersona el municipio y, tal vez lo más importante, recobrar la confianza que por culpa de la presencia de los grupos armados ilegales, perdieron entre ellos mismos.

El tiempo no alcanzaba para contar todo lo que ha significado para El Dorado dejar atrás el conflicto, pero los líderes de la comunidad, miembros del Comité de Impulso del Proceso de Reparación Colectiva de este municipio, pudieron explicar a un grupo de Directores Ejecutivos del Banco Mundial, que representan a los países miembros del organismo, los avances que han tenido en el Proceso de Reparación Colectiva y el impacto positivo que éste ha tenido en el municipio.

El Proceso de Reparación Colectiva de El Dorado, una población a dos horas de Villavicencio en la región del Ariari, piedemonte llanero, tiene una particularidad. En su caso, fue reconocido como sujeto de reparación colectiva no un grupo o una colectividad, sino todo el municipio.

Ese reconocimiento se hizo teniendo en cuenta que sus 16 veredas sufrieron múltiples afectaciones y violaciones a los derechos humanos por la presencia tanto de las Farc como de los paramilitares.

"Se investigó, paso a paso, vereda por vereda, cada actividad (de reparación) que había que hacer. En el Comité de Impulso hay representantes de todas las veredas y eso es muy importante porque no hablamos sobre cosas imaginarias, sino sobre realidades y todo el mundo está comprometido", dice Ligia Hernández, rectora del colegio de El Dorado y miembro de ese comité, cuya función es sacar adelante el proceso de reparación colectiva.

"Fue algo difícil porque siempre va a encontrar personas que vivieron el conflicto y personas que son nuevas en el municipio, que no quieren saber de esto o que creen que esto del conflicto lo elegimos nosotros", agrega Fulgencio Albino, también miembro del Comité y cuyo padre, que fue concejal del municipio, se salvó de un atentado de las Farc después de recibir tres disparos, porque lo dieron por muerto.

Rolfen Chávez, quien en nombre de la comunidad solicitó ante la Unidad para las Víctimas la declaración de El Dorado como sujeto de reparación, explicó a los delegados del Banco Mundial que la idea les surgió porque se dieron cuenta de la necesidad de emprender el proceso, porque la reparación individual no era suficiente para sanar las heridas que había dejado el conflicto.

"Con la reparación integral todos estaban a la expectativa de ser reparados, pero se estaban quedando cosas por fuera", dijo Chávez durante la reunión, sostenida en el Centro de Atención a Víctimas de Villavicencio.

"La gente no creía cuando esto empezó. Hoy, la gente está convencida de que este proceso es un mecanismo importante para reparar todo el daño", agregó el alcalde Olaya, quien también es víctima. Su padre fue asesinado en 1998 y él tuvo que irse del municipio. 

Daño y reparación 

Entre 2004 y 2008, todos los habitantes de veredas altas de El Dorado tuvieron que desplazarse a la cabecera municipal por la presencia de guerrilla y paramilitares. Toda la zona quedó abandonada, convertida en campo de batalla."En 2008, la gente se cansó y un grupo de 25 familias de varias veredas, dijimos 'vamos para las fincas'", cuenta Herney Chávez, otro de los líderes. "La Policía y el Ejército nos decían: 'si quieren, váyanse, pero no les garantizamos nada'. Hicimos lo que se llamaba un retorno irregular".

Pese a ello, lograron volver por lo suyo. "Tocaba empezar de ceros, porque cuatro años una finca sola, no encuentra uno nada”. Los grupos (armados ilegales) quitaban las tejas para hacer sus cambuches y cortaban la madera para usarla en sus fogones, relata. Un par de años después, un batallón de desminado humanitario trabajó durante año y medio para declarar a El Dorado como municipio libre de minas. Con esta declaración, "se regularizó el retorno y comenzó el Estado a apoyar con programas de seguridad alimentaria y mejoramiento de vivienda", agrega Chávez.

Pero la parte más difícil de recuperar son los lazos sociales que se perdieron por el conflicto. "Antes de la violencia, las veredas altas y bajas eran muy unidas. Hacían un bazar en las veredas altas y toda la gente de las veredas bajas subía. Pero con el conflicto todo eso se rompió", dice Albino.

Una muestra de posconflicto

Por ejemplo, Gloria Yaneth Villada, coordinadora de la Mesa de Víctimas del municipio, tiene un cultivo de café en la vereda Alto Cumaral. Para llegar a su finca, que produce café especial premiado Internacionalmente, tiene que transitar por una trocha de 10 kilómetros para llegar a un punto a partir del cual solo se puede subir a pie o a lomo de mula, en un recorrido que puede tardar hasta cuatro horas.

"Somos uno de los municipios que produce el mejor café del mundo, pero no tenemos vías de acceso para poder sacar lo que se produce en las fincas. El café se da una vez al año. La idea es sembrar otros cultivos alternativos, pero debido a que no tenemos vías no podemos sacarlos", explica. El café, a diferencia de las frutas no se deteriora con un viaje a lomo de mula. A los representantes del Banco Mundial les causó curiosidad que a pesar de los reconocimientos internacionales que ha obtenido, este café no fuera conocido más allá de Colombia. La comunidad les explicó que la razón para ello son las dificultades para sacar el producto y que no cuentan con una planta procesadora.

Para mejorar los ingresos de los campesinos, pero también para darle nueva vida a la comunidad, se reactivó hace un par de años, como parte del Proceso de Reparación Colectiva, el mercado campesino, que se realiza el último domingo de cada mes. "El mercado campesino surge de esa necesidad de poder llevar y nosotros mismos entregar el producto al consumidor directamente. Allí usted puede encontrar productos lácteos, frutas, verduras, plátano, yuca, maíz, artesanías y comidas típicas de diferentes regiones, como lechona y bandeja paisa porque aquí hay gente de todo el país", explica Albino.

Los habitantes de El Dorado esperan que la comunidad internacional pueda apoyarlos en las demás acciones de reparación que están pendientes de implementación y en su proceso de recuperar lo que perdieron por el conflicto. Los representantes del Banco Mundial afirmaron que se llevan la experiencia de El Dorado como una lección para sus países. "Queremos que El Dorado vuelva a ser el municipio que era hace algunos años, un municipio alegre. Que vuelva a tomar ese impulso porque es un lugar muy hermoso y, lo más importante, tranquilo, porque ya se vive en paz", dice el alcalde.

*Periodista Unidad para las Víctimas