El crimen del embajador ruso en Ankara

A mi mente se viene el recuerdo de un libro extraordinariamente revelador, cuya lectura me recomendó el profesor Darío Fajardo en La Habana.

Ayer en la mañana fui advertido de que debía estar listo, con traje de etiqueta, faltando veinte minutos para las nueve. Haría parte de la delegación de las FARC encabezada por los camaradas Timoleón Jiménez y Ricardo Téllez, que se haría presente en la embajada de la Federación Rusa a objeto de expresar nuestro sentimiento de pesar por el asesinato del embajador Andréi Kárlov, en Turquía. Carmenza Castillo y Viviana Hernández, con las cámaras fotográficas en mano, junto a Mayerli González y Carolina García, guerrilleras todas con muchos años en filas, completaban el grupo de delegados que firmaríamos el libro de condolencias abierto a los visitantes.

El tiempo por estos días es fresco en La Habana. Los calores asfixiantes de mediados de año pertenecen ahora al recuerdo y en su lugar una brisa suave y deliciosa se encarga de aliviar el esplendor del sol en un cielo de románticos azules. El imponente complejo de edificios que conforma la Embajada se encuentra ubicado en la Quinta avenida, en la zona de Miramar, municipio de Playa. A su puerta se halla un oficial con tres estrellas pequeñas sobre sus hombros, quien nos recibe con gesto al tiempo amable y solemne. Cada uno estrechamos su mano e intercambiamos saludos con él. No hablamos el mismo idioma, pero el brillo de los ojos nos permite entendernos. Unos segundos después cruzamos bajo el detector de armas, subimos varios escalones e ingresamos a la sala de recibo. A lado y lado de ella se hallan dos rusos de notable corpulencia, vestidos con traje y corbata, que nos extienden la mano con sonrisas en los labios.

Unos pasos adelante se encuentra de pie, vestido con elegante traje oscuro, el embajador de Rusia, el Excelentísimo señor Mikhail L. Kamynin. Puede tener unos sesenta años, pero conserva un buen aspecto físico. Me llaman la atención sus ojos detrás de sus gafas. Me recuerdan de inmediato la mirada que siempre vi en los rusos de las películas, penetrante, inteligente y cordial aun en sus circunstancias. Las bolsas ligeramente opacas bajo sus párpados inferiores dan cuenta de su estado anímico. Me encuentro ante un hombre afectado emocionalmente por una noticia trágica, pese a lo cual conserva la serenidad y el aplomo necesarios a su rango. En cuanto Timo y Ricardo estrechan su mano, pone de presente su consternación por lo ocurrido en Ankara. Su colega Kárlov ha sido asesinado de manera impensable en un momento clave.

Nuestros jefes le expresan la solidaridad de las FARC-EP con los familiares del diplomático, el pueblo ruso y el gobierno del Presidente Putin. Timo le hace entrega de un escrito impreso en papel fino, que expresa nuestro rechazo al abominable crimen. El embajador, agradecido, expresa que lo hará llegar a Moscú e invita a nuestro jefe a firmar el libro de condolencias que se halla abierto sobre una mesa cercana. Al lado del libro de hojas blancas se encuentra una fotografía del embajador Andréi Kárlov, que describe por sí sola su condición de buen hombre. Debo confesar que la gravedad del momento, la conciencia de la dimensión política del hecho y el recuerdo de las imágenes del aleve asesinato difundidas por internet logran producirme una profunda impresión. Definitivamente algo anda muy mal en el mundo para que sucedan estas cosas.

El odio y el fanatismo evidentes en el victimario, reproducidos ampliamente en los medios, me traen a la mente los crímenes que a diario ocurren en Colombia por cuenta de sentimientos e ideas semejantes. No dejo de pensar que asesinos como Mevlüt Mert Altintas, ex agente de la unidad especial de la Policía turca, pese a la resolución que muestran al cometer su crimen, no son más que instrumentos de poderes ocultos que dirigen desde la sombra sus mentes y manos. Mientras Timo deja en el libro su constancia de pesar, Ricardo pregunta al embajador si se conoce algún otro pormenor del hecho. Es obvio que un diplomático no puede dar rienda suelta a ninguna especulación, pese a lo cual el embajador Kamynin comenta que una organización terrorista siria, Yeish Al Fath, ha reivindicado el día anterior la autoría del crimen. Añade que el hecho tiene que guardar relación con la reunión que preparaban los cancilleres de Rusia, Turquía e Irán en busca de una solución a la guerra en Siria. Alguien se interesa en dañar ese acercamiento.

A mi mente se viene el recuerdo de un libro extraordinariamente revelador, cuya lectura me recomendó el profesor Darío Fajardo, una mañana en la que conversábamos en La Habana acerca del despliegue de bases norteamericanas en el mundo. Yo leía ante él pasajes de Territorios Vigilados, la obra de Telma Luzani sobre el tema, y él se mostraba encantado. Entonces me dijo que consiguiera El gran tablero mundial, de Zbigniew Brzezinski, ex consejero de seguridad nacional durante el gobierno de Jimmy Carter. Tras su lectura, me aseguró, podría comprender mejor que nunca lo que sucedía en el panorama mundial y quién se hallaba detrás de casi todo. Lo busqué y leía con ansiedad. Su subtítulo es diciente, La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos. Quizás por haber sido publicado hacia el año 99 o el 2000, su mérito es mayor, una verdadera bola de cristal sobre lo que ocurriría varios lustros después.

Lo resumo. En la historia mundial las grandes potencias o imperios siempre surgieron en Eurasia, como llama el extenso territorio de Europa y Asia. Roma, China, los mongoles, España, Gran Bretaña, Alemania, Rusia, etc. Pero el siglo XX trajo un fenómeno nuevo, por primera vez, sobre todo tras la segunda guerra mundial, surgió una gran potencia de carácter global por fuera de Eurasia, Los Estados Unidos, los cuales llegaron a conseguir una auténtica hegemonía. Dicho poder debe ser mantenido para asegurar la estabilidad y el orden mundiales. Y eso implica impedir el surgimiento o consolidación de cualquier otro rival que pueda disputarles ese poder global. Entre los posibles se hallan Francia, Alemania, Rusia, China e India. Los dos primeros son de Europa y se trata de mantenerlos en su condición actual de aliados en una Unión Europea fiel a Norteamérica. Los realmente preocupantes son China y Rusia. Las grandes líneas del libro se dedican a orientar el qué hacer frente al creciente poder de tales Estados, cómo impedirles convertirse en potencias globales, qué hilos hay que mover para mantenerlos a raya, qué alianzas y qué conflictos generar, qué cooptaciones, qué dificultades, qué maniobras.

Quien lea el libro y mire el mundo de hoy, verá que este no es más que el reflejo en el espejo de aquél. Lo recomendado por  Brzezinski sencillamente sucede ahora. El agravamiento de las tensiones entre las dos Coreas, entre China y Taiwan, el repunte del fundamentalismo islámico y su papel para impedir a Rusia acercarse a los países de Asia Central, al tiempo que crearle problemas internos con los musulmanes, al igual que a China. Allí se señala la importancia que jugará conseguir que Ucrania no se aproxime nunca más a Rusia y sí a la Unión Europea y la OTAN. Cómo influir para que Rusia y China no se vuelvan nunca aliados, para que Irán se aleje cada día más de Rusia, para que Turquía nunca se le acerque. Para que Siria se alineé definitivamente con Occidente, como Ucrania y Polonia. Fórmulas a granel para sostener la hegemonía de USA. No resulta difícil imaginar quién se opone a una coordinación entre Rusia, Turquía e Irán para solucionar el problema sirio.

Tras firmar todos el libro de condolencias, nos despedimos del embajador ruso con una inevitable presión en el pecho y la garganta. Mientras conversábamos con él, iban arribando a la sede embajadores de diferentes países con idéntico propósito al nuestro. Antes de salir vimos al de la República Popular China, alguno reconoció al chileno, el desfile se incrementó en unos cuantos minutos. La Habana nos esperaba con sus calles tranquilas. Aquí rindieron el más multitudinario homenaje a Fidel con ocasión de su muerte reciente. No pude evitar pensarlo. Cuba, tiene 58 años de dignidad y coraje resistiendo al imperio, sin habérsele doblegado una sola vez. En alguna parte deben estar escritas las líneas estratégicas para someterla a ella y su revolución. Me digo entonces que tampoco podrán con Rusia y China, el mundo actual será inevitablemente transformado. La sangre derramada por millones de seres buenos como el embajador Kárlov, terminará por ahogar a los asesinos en todas partes del mundo.

La Habana, 22 de diciembre de 2016.

*Gabriel Ángel es guerrillero de las Farc.