Retos no escritos de la paz

grasa_100x100.jpg

Descripción: 
Rafael Grasa.
Autor: 
El Espectador

Crear y transformar valores y procedimientos

Lo nuevo no logra nacer nunca del todo si no se elimina, al menos en parte, lo viejo. El futuro exige siempre dejar atrás partes del presente.

El tres de agosto Colombia 2020, como iniciativa conjunta de El Espectador y la Unión Europea y otros aliados, celebra su primer Encuentro público en Bogotá, dedicado al papel de La creatividad para construir la paz, en el que tendré el honor de impartir la conferencia inaugural. Quisiera compartir, anticipadamente, algunas de las ideas básicas que pretendo transmitir sobre los retos no escritos, no acordados, de la paz, que exigen creatividad –novedad- y transformación, es decir, ruptura con el presente.

Empezaré por la esencial: el reto de construir la paz implica dos grandes retos. Primero, el reto crucial, clave: desterrar definitivamente la violencia política como forma de gestionar disensos y conflictos en Colombia, un procedimiento en vigor en el país desde mucho antes de los conflictos armados iniciados hace cincuenta años, al menos desde la Guerra de los Mil Días, y que está actualmente más presente en los territorios periféricos que en la capital. Y ello supone aprender a manejar los conflictos de forma no violenta, o lo que es lo mismo, hacer que el juego político se ocupe de lo realmente importante: manejar los conflictos y disensos sociales, económicos y políticos, generando consensos parciales que permitan la convivencia y el manejo de las diferencias sin recurrir a “soluciones finales”, eliminar físicamente al “otro”, al “diferente”. Ello exigirá, como veremos después, entender las diferentes causas de la reproducción de la violencia política, que tienen raíces sociales y culturales, incluyendo el patriarcado y la glorificación de la cultura de las armas El segundo reto, estructural también, supone desterrar del imaginario de la sociedad colombiana la idea de que basta con cambios epidérmicos, cosméticos y de pura apariencia, para resolver la gestión de los problemas de violencia directa, la desigualdad o la presencia insuficiente o patrimonialista del Estado. Evitar, en suma, la idea –habitual en la historia reciente de Colombia- de que basta con un pacto superficial entre élites y una transición superficial, lampedusiana, que todo cambie para que todo siga igual.

No, si todo sigue igual, al menos en gran parte, la construcción de la paz no será realidad ni en 2020 ni en 2030, pese a que el fin del conflicto armado con las FARC-EP sea en cualquier caso un gran avance. La Colombia post-acuerdo, la Colombia 2020 y 2030, exige transformaciones reales y, por ende, creatividad, ingenio. Recordemos lo que pidió ahora hace un año el Papa Francisco a los jueces de Colombia, en carta dirigida al presidente de la Corte Suprema de Justicia en ocasión del XVIII Encuentro de la Jurisdicción Ordinaria, dedicado a “Justicia transicional, paz y posconflicto”: deben ustedes contribuir con coraje y creatividad a identificar soluciones que refuercen la paz y la justicia. 

Y pare eso necesitemos trabajar a la vez en los valores de fondo, en particular en la cultura de la paz y la erradicación de la aceptación –tácita o explícita- de la violencia directa política o de otras formas de violencia directa por parte de todos los actores de la sociedad colombiana, y aún más, en los procedimientos, en las formas de hacer, de compartir, de manejar las relaciones sociales. Para aplicar y hacer realidad todo gran acuerdo, para lograr cualquier meta de cambio y de transformación, hace falta creatividad, pensamiento creativo y, a la vez, ganas reales de cambiar. Lo dijo muy bien Einstein hace ya varias décadas: resulta estúpida intentar lograr resultados diferentes empecinándose en hacer una y otra vez lo mismo.

Por tanto, como propugnan tanto la transformación de conflictos como las técnicas de fomento del pensamiento creativo, conviene proceder con un método bien verificado: a) identificación, compartida del problema, del diagnóstico, que cómo decía John Dewey ya supone un 50% de la resolución; b) preparación para la actuación (en valores y procedimientos), que implica acumular información, pertinente o no, y, por tanto, capacidad de relacionar cosas; c) incubación, que incluye diferentes técnicas, individuales y colectivas, de asociación y de búsqueda de opciones; y d) decisión sobre cómo actuar y ejecución de las mismas.

En todo ello, como decía, la combinación de empeño real de cambio y de transformación y de creatividad, de exploración de nuevos caminos resultan cruciales,  condiciones previas para el éxito. Por decirlo apelando a un conocido cuento, hay que dejar de hacer lo que hace el borracho que ha perdido las llaves de su casa y las busca constantemente debajo de un farol, que, preguntado por alguien que pasa a su lado por qué busca desesperadamente desde hace una hora ahí, le dice que es el único sitio con luz en la calle. Colombia tiene una gran oportunidad de encontrar nueva luz, de ampliar su horizonte de iluminación, pero para ello hay que ser creativo y abandonar la búsqueda debajo de los viejos fanales. Hay que ser creativo, arriesgarse, apostar con innovar, crear y ello es imposible sin transformar. Lo nuevo no logra nacer nunca del todo si no se elimina, al menos en parte, lo viejo. El futuro exige siempre dejar atrás partes del presente.

*@GRASARafael / Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona, expresidente del Instituto Catalán Internacional para la paz e investigador del mismo.

Consulte aquí la agenda e inscríbase al #EncuentroColombia2020