¿Comportamiento heredado o inducido?

La ruta recorrida hasta ahora por el Presidente y sus amigos, en lugar de contribuir al entendimiento de lo acordado en la mesa de La Habana, ha logrado confundir y polarizar a la opinión pública. 

Cualquier aporte que se haga por intentar mejorar la convivencia social es bienvenido en cualquier lugar del convulsionado mundo actual, pero sobre todo en Colombia donde según los anuncios recurrentes del gobierno actual estamos ya en  lo que con potentes clarines anuncia como el umbral del posconflicto.

No está de más recordar, sin embargo, que la ruta recorrida hasta ahora por el Presidente y sus amigos, en lugar de contribuir al entendimiento de lo acordado en la mesa de La Habana, ha logrado confundir y polarizar a la opinión pública, llegando a generar por primera vez en décadas, el surgimiento de enérgicos movimientos opositores al contenido de lo que se ha filtrado del acuerdo. En forma equivocada el Ejecutivo y sus obedientes mayorías en el Congreso han descalificado a los opositores rotulándolos como enemigos de la paz. 

El clima de división, en vez de contribuir al sano debate de ideas opuestas, se ha convertido en una verdadera catarata de insultos altisonantes y peligrosos que se gritan en los medios y en la calle, en lugar de hacerlo en el parlamento.

Pareciera, incluso, que muchos ciudadanos en lugar de interesarse en conocer lo cocinado en las tierras de Fidel, se declaran cansados de ese malsano clima de insultos dados en lugares equivocados.  

Pero es bueno recordar que la democracia no es lo mismo que unanimismo, solo hay que mirar a nuestro alrededor para entenderlo. En Suiza, Perú, España, Francia, Alemania, incluso en la actual Venezuela, el sistema funciona alimentado por intensos debates que señalan distintas opciones. Entre nosotros, recordemos, después de la anestesia política generada por el Frente Nacional, el Presidente Barco, alimentado en sus ideas por algunos agudos intelectuales liberales que aún nos acompañan, gobernó bajo un esquema, que sin insultos a sus contradictores azules, llamó de gobierno-oposición. Esa sana propuesta fue olvidada desafortunadamente por los Presidentes posteriores.

Parece confirmarse, con esa actitud que rehúye el debate de las ideas entre algunos de nosotros, que efectivamente, como lo afirma Enrique Serrano en su último ensayo ¿POR QUE FRACASA COLOMBIA?, somos el país del “deje así, y del, mejor pasemos de agache” tratando de no hacer olas en nuestro cómodo charquito. Actitud, solo justificada por el temor de algunos inmigrantes que llegaron a nuestras tierras en los siglos XV y XVI, provenientes de la mitad sur de España, recién convertidos al cristianismo, y que solo aspiraban a reconstruir sus vidas aquí sin dar mayores explicaciones de sus traslados, ni despertar sospechas de practicar en privado sus anteriores creencias musulmanas, protestantes o judías.

Bienvenido el debate con altura de las ideas, en los recintos parlamentarios, en las calles y en los medios libres de toda sospecha. Bienvenidas las garantías reales para hacer oposición civilizada y su adecuada financiación. Acostumbrémonos pronto a ello, será lo mejor para todos.

Entre otras cosas, porque si se firma el pregonado acuerdo con las FARC y esta se transforma en Partido político, como se anuncia, ese sí será uno que sabiendo movilizar gente en tiempo real, tratará de convencernos de propuestas contrarias a nuestras actuales creencias y que muchos rechazaremos. Hagamos el cambio mental desde ahora.

Muchos anticipan que con el crecimiento demográfico actual y con el llamado cambio climático, que parece haber llegado, este será el siglo de las controversias, mejor que el de la sangre derramada. Incluso sin proponer modelos distintos, algunos afirman que la democracia está en crisis. No lo estará señores, si nos acostumbramos al sano debate de las ideas y la gente se acostumbra a votar sin mermeladas por las ideas que le entusiasman.

*Profesor Universitario y Consultor empresarial.