Comisiones de la Verdad Genéticamente Modificadas

Comenzó a nacer una nueva generación de Comisiones de la Verdad, que, a pesar de heredar varios de los genes de las anteriores se diferencia de estas, no por su mandato, sino por el momento en el cual dicho mandato debe ser implementado: el lapso que se encuentra delimitado entre el  post-acuerdo y justo antes del posconflicto.

Por: Hernando Cáceres Dueñas, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana

Las comisiones de la verdad (CdV)  son  instituciones típicas de procesos de posconflicto, postcrisis o post-dictaduras que son adoptadas para contribuir a la construcción de una paz estable. Son responsabilizadas generalmente de (i) dar reconocimiento y dignificación de las víctimas, (ii) esclarecer el panorama de violaciones de Derechos Humanos y DIH desde la vivencia de las víctimas, y no desde la perspectiva penal focalizada en el perpetrador, (iii) generar las bases para la reconciliación, y (iv) presentar un informe final sobre las causas del conflicto armado o crisis el cual contiene generalmente recomendaciones en política pública  (incluyendo posibles reparaciones) para que con su implementación se facilite superar las consecuencias del conflicto armado y evitar posibles recaídas.  

Las CdV son puestas en marcha, según los textos académicos, cuando existen las condiciones políticas, financieras y de seguridad más adecuadas, es decir, en un escenario en el cual los fusiles se han silenciado definitivamente entre todos los actores del conflicto, esto es, en el postconflicto o postcrisis.  Estas condiciones mínimas disminuyen notablemente los riesgos y barreras que tiene el personal de las CdV, las víctimas del conflicto, excombatientes, defensores/as de derechos humanos y la prensa para participar en audiencias y rendir sus testimonios, ser parte de investigaciones sobre violaciones al DIH/DDHH o para acceder a información clasificada que reposa en los archivos de las entidades de seguridad del Estado relacionadas con el conflicto o la crisis. Es decir que el posconflicto es el mejor momento para implementar un “Comisión clásica”.

Ahora bien, las CdV son instituciones orgánicas que transmiten sus genes rápidamente entre sociedades que experimentan conflictos, de tal forma que cada país queriendo implementar una, busca heredar legados de comisiones extranjeras anteriores. Es así, por citar un solo ejemplo, que en la Comisión de la verdad de Perú se puede ven rastros del ADN de  la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Sudáfrica.  No obstante, como le pasa a todo ser orgánico, la evolución y el traspaso genético de información entre dos generaciones no es perfecto, por lo que hay mutaciones, lo cual está asociado al proceso evolutivo y adaptativo de los organismos, al menos eso profesaría Darwin. La principal evolución observada hasta ahora se relaciona con el mandato.

Es gracias al estudio de estas mutaciones que el mundo se comienza a percatar del nacimiento una nueva generación de CdV, que, a pesar de heredar varios de los genes de las CdV se diferencia de estas, no por su mandato, sino por el momento en el cual dicho mandato debe ser implementado: el lapso que se encuentra delimitado entre el  post-acuerdo y justo antes del posconflicto.

A estas nuevas comisiones son llamadas comisiones  “atípicas” o “genéticamente modificadas” (CGM) y las dos más recientes especies son la “Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la no Repetición” en Colombia,  y  la “Comisión de Verdad, Justicia y Reconciliación -CVJR", en Mali, país africano.

Los retos que afrontan las CGM no solo incluyen los retos de las comisiones típicas, sino que estas deben tener en cuenta, entre otros,  (i) implementar su mandato, recopilar testimonios, relatos y pruebas cuando hay todavía grupos armados combatiendo, quienes pueden obstaculizar la participación de víctimas, otros desmovilizados, y de sus comunidades. (ii)  No contar con el pleno acceso a los archivos de las fuerzas de seguridad, dado que pueden contener información necesaria para operaciones militares. (iii) Enfrentar posible competencias por  recursos financieros, políticos, diplomáticos y técnicos, puesto que la reconstrucción de la verdad y su esclarecimiento no se encuentran necesariamente entre la principales prioridades de la agenda de paz o humanitaria. Finalmente, (iv) Implementar un mandato con enfoque territorial cuando el acceso a algunos lugares del país es limitado o imposible por la presencia de grupos armados.

Para adaptar estas CGM a su adverso entorno y darles mejores oportunidades de implementar plenamente los mandatos, sus  equipos técnicos deben realizar evaluaciones de los  impactos positivos y negativos que generarían los procesos de construcción de paz, en la afectación a los otros conflictos y conflictividades existentes, y  en la reconciliación nacional, campos en los cuales la academia puede aportar en la transferencia de capacidades y el empoderamiento, bajo alianzas estratégicas, un punto a observar tanto en Colombia como en Mali.