Ciudadano, ¡salve usted la paz!

Todo parece indicar que la defensa y la continuidad de la implementación de los acuerdos recaerá, nuevamente, en la movilización ciudadana, y la presión que, como sujetos con derechos y expectativas de un mejor país, podamos hacer sobre una clase política que nuevamente demuestra que la paz no está dentro de sus prioridades políticas.

El proceso de paz ha sufrido un largo y tortuoso camino para su desarrollo e implementación. Momentos donde todo fluía, otros llenos de inconvenientes, sectores que se opusieron sistemáticamente y lo siguen haciendo, y hechos coyunturales que dificultaban su desarrollo, entre otros, fueron dificultando una aprobación y legitimación mayoritaria en la sociedad colombiana.

Todo esto tuvo como momento corolario la victoria del “No” en el plebiscito de octubre de 2016 lo que lleno de incertidumbre, en un primer momento, el proceso.

En ese entonces se presentaron dos dinámicas, una impulsada por la fuerza de la otra. Inicialmente ante la inminencia de una suspensión o cancelación del proceso miles de colombianos, especialmente jóvenes, se volcaron a las calles a defender lo conseguido. Fue tal la fuerza de esa movilización que los sectores políticos en pugna se vieron avocados a reunirse y buscar renegociar los acuerdos. La paz, como mandato ciudadano, a pesar de la derrota electoral, tuvo tanta fuerza y la sigue teniendo, que aun hoy en día el proceso electoral se sigue presentando como una competencia entre quienes quieren continuar con la implementación de los acuerdos y quienes quieren modificarlos o simplemente acabarlos.

Hoy, dos años después, con la recomposición del Congreso de la República y la muy posible victoria del candidato de la coalición del “No” vuelven a aparecer las dudas y la incertidumbre en amplias capas de la ciudadanía, con un agravante y es el hecho de que la coalición de partidos y movimientos políticos que había respaldado los acuerdos, en una movida política clásica, han adherido a sus otrora contradictores para no perder el espacio de poder y el acceso a los recursos públicos que garanticen sus intereses personales e institucionales, al punto que Cesar Gaviria, quien dirigió la campaña del “Sí” anuncio su adhesión y la del Partido Liberal a la campaña de Iván Duque para la segunda vuelta.

Todo parece indicar que la defensa y la continuidad de la implementación de los acuerdos recaerá, nuevamente, en la movilización ciudadana, y la presión que, como sujetos con derechos y expectativas de un mejor país, podamos hacer sobre una clase política que nuevamente demuestra que la paz no está dentro de sus prioridades políticas.

Se evidencia una vez mas la tensión latente en los sistemas políticos modernos donde cada vez más hay una mayor distancia entre los intereses ciudadanos y los intereses de las instituciones políticas, una dislocación, si se puede llamar así entre el sentir y los propósitos de miles de ciudadanos y los proyectos y aspiraciones de las elites políticas.

Independiente de cual sea el escenario poselectoral cada vez va quedando más claro, que frente a la paz, hay muchos debates, temas y reformas que no se van a dar si los ciudadanos no ejercemos presión social sobre nuestros gobernantes.

Somos, entonces, los ciudadanos, los llamados asumir la defensa de los acuerdos, más allá del escenario electoral, en un compromiso movido por la empatía que los líderes políticos fueron incapaces de manifestar en la campaña por todos aquellos que de una u otra manera han visto cambiar, para bien, su vida, desde que se firmaron y empezaron a implementar los puntos contemplados. Ese compromiso implica no desfallecer en la movilización y presión pública, no dejar que la paz quede en el olvido, no dejar sucumbir el anhelo de millones de colombianos que siguen soñando con un país mejor.

En momentos críticos como este es que la sociedad civil debe mostrar toda su capacidad de unión y cohesión en torno a un bien superior, y sobre todo siendo superior a sus dirigentes que están borrando con el codo lo que escribieron con la mano

Ciudadano, ¡Salve usted la paz!