Ciro y Yo: recordar, perdonar y no olvidar

De la mano de Ciro Galindo los asistentes a este cine foro sintieron en carne propia el dolor y la angustia de los horrores protagonizados por la guerrilla y el paramilitarismo durante el conflicto armado, que ahora se quiere superar.

Por María Cristina Alvarado

En una de las salas de Cinecolombia del muy bogotano centro comercial Avenida Chile, tuvo lugar este fin de semana la exhibición privada del documental Ciro & Yo y una sesión de cine-foro posterior,  gracias al concurso de Fescol y de La Paz Querida.

De la mano de Ciro Galindo (1952), los asistentes sintieron en carne propia el dolor y la angustia que Ciro sintió durante mucho tiempo en escenarios completamente desconocidos a la ciudad: los horrores protagonizados por la guerrilla y el paramilitarismo durante el conflicto armado, que ahora se quiere superar.

"Ciro es mansedumbre pura. La guerra lo asaetea sin misericordia pero no lo penetra. Este hombre es dolor pero no sufrimiento. No blasfema, no juzga, se bebe sus lágrimas. ¿Cómo lo logra este campesino, en el moridero de Colombia? ¿De qué está hecho?... Ciro son seis millones de Ciros. Las víctimas, los desplazados, los sobrevivientes de la balacera que explica a este país hundido en el odio hasta las narices", así presenta a Ciro, en una de sus columnas, el periodista Arturo Guerrero. El director del filme, Miguel Salazar, dice que el ‘yo’ del título “es también la persona que está viendo la película”.

Y sí, así es, durante el cine-foro que vino después, los espectadores confesaron que no habían vivido algo igual: en la sala  estaban presentes Ciro, el protagonista, su hijo Sneider, también actor del documental, y el director Miguel Salazar. Con ellos el auditorio sostuvo un afectuoso intercambio de ideas y comentarios.

“Será que los que no hemos estado cerca del conflicto, viviendo cómodamente en las ciudades, ¿no vamos a comprender el dolor que ustedes han vivido?", se preguntó entre lágrimas un joven cineasta que participó en el conversatorio.

“Sí, la gente en la ciudad vivió el conflicto de manera muy lejana – dijo Sneider- Nosotros sufrimos mucho, pero aprendimos a perdonar, y esta película nos ayudó mucho, porque lloramos y, como dice mi papá, perdonar sí, pero no olvidar”.

Una periodista habló del silencio de algunos medios de comunicación frente a estos temas e invitó a propiciar espacios como éstos para que se sepa en Colombia lo que en realidad nos pasó durante tantos años, “porque la versión que se ha difundido es incompleta, o simplemente, falsa”.

“¿Cuál es la tarea que nos corresponde desde la cotidianidad para aportar a la reconciliación y la paz del país?", preguntó otra joven asistente, también con la voz quebrada. Miguel le respondió: “Estoy de acuerdo con que la paz se va construir desde la cotidianidad, no creo en la paz como resultado solamente de una firma, la guerra nos ha hecho indiferentes y creo que ha llegado el momento de crear lazos de solidaridad, si queremos construir un país donde quepa todo el mundo”.

Una psicoanalista entró a la conversación y afirmó  que “el documental está realizado con una estética que respeta la dignidad del sujeto, que no se rinde ante éste, sino que asume una posición ética ante el horror". "Quiero decirle, Ciro, que en esos momentos cruciales, usted toma la decisión correcta, que es la de optar por la vida y también quiero felicitarlo porque, ante la catástrofe que viven sus hijos, usted opta por ser papá, es una lección de vida lo que usted nos ha dado y ante tanta gente que sucumbe al drama de la violencia con venganza, odio y resentimiento, usted opta por una posición subjetiva de amor por la vida”, agregó.

Aún resuena esta intensa experiencia en quienes pudieron vivirla. El cine tiene que sembrar esperanza, porque de otra manera es muy difícil vivir la vida, cuenta Miguel. Para Snaider, lo más grandioso es el reconocimiento de la gente y su hija de año y medio, Lauren Sofía : "el amor de mi padre y que ella no vaya a pasar por lo que nosotros pasamos". 

Y, ¿Ciro? En palabras de Arturo, él seguirá caminando agachado y muchos colombianos seguirán despotricando contra el acuerdo de paz y “emponzoñando la política por ignorar cuánto padecieron los Ciros de los campos por donde se encolerizó la guerra”.