El uso político de la verdad y la memoria

Bananeras, fantasmas y campaña electoral

De pronto un día de estos nos levantamos y nos dicen que La Masacre del Salado es una novela de Stephen King.

“El pasado ya pasó, es determinado, no puede ser cambiado. El futuro, por el contrario, es abierto, incierto, indeterminado. Lo que puede cambiar es el sentido de ese pasado, sujeto a reinterpretaciones ancladas en la intencionalidad y en las expectativas hacia ese futuro'. Ese sentido del pasado es un sentido activo, dado por agentes sociales que se ubican en escenarios de confrontación y lucha frente a otras interpretaciones, otros sentidos, o contra olvidos y silencios. Actores y militantes (usan) el pasado, colocando en la esfera pública el debate interpretaciones y sentidos del mismo. La intención es establecer / convencer / transmitir una narrativa, que pueda llegar a ser aceptada” (Elizabeth Jellin, Los trabajos de la memoria,1998)

En los últimos días la representante a la cámara Maria Fernanda Cabal, personaje cada vez mas frecuente en la agenda noticiosa del país, expresó públicamente que la Masacre de las Bananeras de 1928 no había sido una masacre sino una confrontación armada. Igualmente expresó que era un hecho sobredimensionado gracias a sus distintos usos en la historia y la literatura del país, siendo, según ella, un hecho mas de la confrontación y no un crimen de lesa humanidad, como la gran mayoría de versiones históricas, registros de prensa, debates políticos y decisiones judiciales han señalado durante todos estos años.

Como era de esperarse, ante tal declaración, se levantaron distintas voces a desmentir a la representante Cabal, a reivindicar la memoria de los fallecidos en el hecho y a desvirtuar la practica que empieza a tomar terreno en el escenario político nacional y que podría enmarcarse en lo que los historiadores llaman el revisionismo histórico.

El revisionismo remite a la practica de reinterpretar los fenómenos históricos, bien puede ser a la luz de nuevos hechos no conocidos anteriormente, o con el único fin de darle una interpretación política que legitime ideas, sectores e interés políticos en el presente.

Esta practica no es nueva y podríamos verla ejemplificado en corrientes que niegan el holocausto judío y muchos sectores en países como Chile y Argentina que hoy en día siguen negando o interpretando según sus intereses a los gobiernos dictatoriales y sus regímenes totalmente contrarios a los valores democráticos y los derechos humanos

Más allá de lo anecdótico del hecho, y que no es la primera vez que Cabal hace este tipo de declaraciones, el tema de fondo que debe suscitar nuestra atención es la otra lucha que se empieza a dar en el terreno de la verdad y la memoria.

Para un amplio sector del país la recién nombrada Comisión de la Verdad no goza de legitimidad y es señalada de tener un sesgo de izquierda. Igualmente, y yendo en contra de la Constitución, se prohibió expresamente que defensores de derechos humanos hagan parte de la JEP. Pareciera que no hay forma de llegar a un consenso sobre un grupo de colombianos que sean lo suficientemente legítimos y representativos de los dos “bloques” en los que parece estar dividido el país frente a la implementación de los acuerdos.

Lo que estamos viendo es la batalla por la construcción de la memoria histórica del conflicto. Tristemente lo que se evidencia es que, nuevamente, las victimas que supuestamente están en el centro del proceso, vuelven a brillar por su ausencia.

Mas preocupante aun, y es una triste coincidencia, es que los principales debates de la implementación de los acuerdos se están dando y se van a seguir dando en pleno proceso electoral, lo que distorsiona aun más la construcción de memoria histórica.

Que no nos sorprenda el uso político de la verdad y la memoria en la campaña electoral. Ante la ausencia de los miedos reales siempre será rentable políticamente construir y mantener vivos los fantasmas del pasado, más cuando se pueden instrumentalizar políticamente.

Lo que debe preocupar, en el fondo, no es que Cabal siga diciendo cualquier cosa que se le ocurra o lo planee de la manera mas estratégica, sino que los colombianos crean esas reinterpretaciones históricas, sobre todo de hechos que parecían haberse “resuelto” en el terreno de la memoria.

De pronto un día de estos nos levantamos y nos dicen que La Masacre del Salado es una novela de Stephen King.