Arauca, a la expectativa del quinto ciclo con el Eln

Desde el 9 de enero, día del fin al cese al fuego, en Arauca se han cometido 20 acciones atribuidas al Eln. A la par, los territorios donde antes estaban las Farc están siendo copados por esta otra guerrilla. El camino hacia los diálogos pende de un hilo.

Por Andrés Cajiao Vélez* y Eduardo Álvarez Vanegas**

Arauca es el departamento más afectado por las acciones armadas del Eln después del fin del cese al fuego bilateral, el pasado 9 de enero, por medio de ataques a la infraestructura petrolera y hostigamientos contra la fuerza pública. De acuerdo con nuestro seguimiento, desde ese día han tenido lugar 20 acciones atribuidas al Eln, es decir, el 46% de todas las registradas en el país.

Le puede interesar: Los costos de suspender la mesa en Quito

En este departamento está el Frente de Guerra Oriental, a través del Frente Domingo Laín Sanz (DLS), una de las estructuras más fuertes en términos económicos y militares del Eln. El Domingo Laín ha sido uno de los más activos militarmente en los últimos años, lo que se relaciona directamente con su oposición histórica a la política minero-energética o sector extractivo en general. El Domingo Laín también consolidó un importante apoyo social a través de una férrea oposición a la explotación de hidrocarburos por parte de empresas multinacionales, lo que le ha permitido fortalecer sus bases sociales bajo el supuesto que sus acciones respaldan la resistencia de las comunidades a la forma en que se explotan estos recursos.

Arauca sin FARC

Desde la desmovilización de las Farc, este departamento ha experimentado una reconfiguración territorial que ha llevado al ELN a copar espacios dejados por las Farc, retomando los procesos de tributación que tenía este grupo con comerciantes y empresarios. También ha venido ejerciendo violencia selectiva contra la población.

Este proceso de expansión ha venido acompañado por la aplicación de normas de control social y de conducta, principalmente en las zonas donde había mayor presencia fariana. Igualmente, aumentó la presión contra líderes sociales y políticos afines a las Farc o contrarios a la política del Eln.

Otro punto importante es el fortalecimiento territorial con el objetivo de impedir la entrada de nuevos grupos armados. Esto ha venido sucediendo en el sur del departamento y zonas como Cravo Norte y Puerto Rondón, cercanos a Casanare y Vichada, pero también a la frontera con Venezuela, zona de interés estratégico desde hace décadas para el contrabando y tráfico de drogas. A su vez, hemos recogido varios relatos en lo que se referencia la llegada de mandos provenientes de Venezuela, producto del cese bilateral al fuego. Estos mandos estarían endurecieron el control sobre la población y prohibiendo el trabajo político y los liderazgos afines a las Farc y en general a la implementación del Acuerdo de Paz.

Lea: Un violento comienzo de año para los líderes sociales

Si bien el cese bilateral alivió la tensión en la población frente a las acciones armadas del Eln, en especial contra la infraestructura petrolera, continuaron otras formas de violencia menos visibles, como la extorsión, los panfletos amenazantes, y los asesinatos selectivos y desapariciones –ya no en Colombia, sino en territorio venezolano o por medio personas encapuchadas y sin distintivos de la guerrilla para no ser identificados.

Los diálogos no impiden la Resistencia Armada

Las lecturas con respecto a la posición del Domingo Laín frente a los diálogos en Quito (en teoría la presencia de ‘Pablito’ en el Comando Central garantizaría la unidad de mando) presentan matices. Personas conocedoras del Eln en esta región coinciden en señalar el desacuerdo de esta estructura con los diálogos y su actitud expectante frente a los avances de las negociaciones y la implementación de los acuerdos con las Farc. En todo caso no se pueden olvidar los postulados de esta organización de mantener la resistencia armada de forma paralela a las posibilidades de una salida negociada al conflicto.

De hecho, las acciones en contra de la población civil, como las amenazas y homicidios, pueden ser un reflejo del proceso de consolidación territorial o de por lo menos asegurar las zonas en las que las Farc estaban. Durante los meses del cese al fuego, hubo denuncias sobre panfletos y amenazas de “limpieza social” por parte del Eln, advirtiendo posibles represalias una vez terminada dicha tregua.

En el caso de las acciones armadas, el Frente de Guerra Oriental, y en general el Eln, las justifican como una estrategia defensiva contra las acciones del Estado, como lo señalan en un comunicado, en ELN-Voces: “El Ejército estatal sitió y tendió prácticamente un cerco a los nuestros, aprovechando de manera perversa el Cese, esto nos obligó a actuar como medida defensiva, porque en particular en Arauca los operativos fueron masivos”.

Ahora bien, las acciones armadas del Eln pueden ser una forma de mostrar músculo para presionar unos términos diferentes frente a un nuevo cese, siempre recordando, así sea de manera limitada, lo que pueden hacer en el departamento.

De igual manera, llama la atención que las acciones de otros frentes del Eln han sido reducidas en comparación a las del Domingo Laín. Frente a esto, las lecturas también varían; pero una que guarda coherencia con las demás es que esta estructura estaría mostrando su malestar interno respecto a los diálogos en Quito y a la lenta implementación del proceso con las Farc. En este juego de respuestas hacia diferentes frentes, se estaría evidenciando el desbalance en la correlación interna de fuerzas, en el que el Domingo Laín tiene como mostrarse más fuerte.

Tampoco es claro si estas acciones en Arauca buscan posicionar una postura más radical dentro del Eln en Quito. Tampoco lo es si trata de enviar un mensaje sobre los efectos negativos de no avanzar rápidamente en un nuevo cese, lo que equivale a un uso político de estas medidas de alivio humanitario. Algo así como “nos podemos hacer pasito y avanzar en Quito o les prendemos el departamento”; así sea con acciones de bajo esfuerzo militar, pero que generan propaganda (lo que le encanta al Eln, calificada por algunos como una “guerrilla vedete”) y un alto rechazo en el país.

Así las cosas, sumado a lo ocurrido en Barranquilla, hoy más que nunca el camino hacia un quinto ciclo pende de un hilo con los consabidos riesgos de que los diálogos, de reanudarse, caigan en un pantano monotemático sobre cómo sería un nuevo cese… y a tan pocos meses de elecciones presidenciales.

* Investigador del área de dinámicas del conflicto y negociaciones de paz de la Fundación Ideas para la Paz (FIP).

** Director del área de dinámicas del conflicto y negociaciones de paz de la Fundación Ideas para la Paz (FIP). @ealvarez80