Aquí estoy, soy una niña rural de Boyacá

En el Día Internacional de la Niña, una columna escrita por una niña que vive en la vereda Primera Chorerra, una población pequeña en las montañas que rodean Sogamoso.

Por Daniela Medina Bonilla*

“Conseguiré mí estudio, ya sea en mi casa, en la escuela o en cualquier otro lugar": Malala Yousafzai

Mi nombre es Daniela Medina Bonilla, tengo quince años, soy una niña boyacense y me enorgullece serlo. Vivo en una vereda llamada Primera Chorerra, una población pequeña en las montañas que rodean Sogamoso, donde los adultos se dedican a cultivar la tierra y otros a explotar el carbón y la arcilla de sus entrañas.  Me siento a gusto viviendo en el campo. Es gratificante estar rodeada de la naturaleza, portadora de vida.  Además, es placentero escuchar la melodía de los pájaros de camino al colegio.

Estudio en la institución educativa La Independencia; curso el grado Décimo. Desde muy pequeña he sido inquieta y creativa. Me gustaba dibujar e inventar vestidos. Algunos de ellos los hice para mis muñecas. Ahora estoy atenta a las nuevas tendencias y tengo mi propio estilo.

Me gusta participar en iniciativas juveniles que lideran cambios en la sociedad. Por eso, hago parte del colectivo “La Otra Cara de la Moneda”, que reúne a varios grupos juveniles de Sogamoso. Allí hacemos senderismo, cine-club y llevamos acciones de arte, ecología y cultura a los niños y jóvenes, con las que creamos conciencia sobre el reconocimento del territorio y las consecuencias que genera el trabajo infantil.

También tomo clases de Fotografía y de Danza en la academia Good People, en el centro de la ciudad. Sé que esto que hago es importante para mi presente. Pero, sobretodo, es la forma de apropiarme de mi futuro, porque puedo conocerme y desarrollar mis talentos.

Aunque mis papás me apoyan con su esfuerzo, eso no es muy valorado por los adultos en mi tierra. Y es que, así como hay cosas bonitas, aquí también hay dificultades. Hoy, 11 de octubre, en el Día Internacional de la Niña, quiero contar que muchas niñas, y también niños, de mi vereda desearían entrar en grupos de formación artística, pero no pueden pagar los 3.600 pesos que vale el transporte al centro de la ciudad.

Como no tienen esa oportunidad de explorar sus talentos, de aprender y de participar en los grupos juveniles del municipio, no saben qué les gusta ni qué aptitudes tienen. Por eso, se ven limitados en el libre desarrollo de su personalidad, hasta el punto que algunos no saben qué quieren hacer cuando sean grandes. Cuando con mis compañeras, y también mis compañeros, nos interesamos por participar en concursos y actividades, nosotras mismas tenemos que salir a buscar los recursos con qué hacerlo, porque hay pocas oportunidades para nosotros.

Algunos de mis compañeros dicen que no saben qué quieren hacer después de terminar el colegio. Y como hay pocas oportunidades de seguir estudiando, escogen el mismo trabajo de los adultos en las minas o en la agricultura. Algunos, incluso, se retiran del colegio un año antes de terminar para irse a trabajar en las minas. Lo hacen porque no conocen o no tienen otras posibilidades.

Por eso, como integrante de la comunidad y de la institución educative, yo quiero hacer algo para darles esa oportunidad a los niños y jóvenes rurales de fortalecer sus talentos. Esto les sería de mucha ayuda a la hora de proyectar su futuro, pues podrían tener una idea más clara de lo que quieren hacer y de qué manera quieren contribuir a una mejor sociedad, para emprender ese viaje tan anhelado hacia lo que ellos desean ser en el futuro.

Voy a comenzar por mí, y he tomado la decisión de lanzarme a la Personería de mí institución el año próximo. ¿Por qué? Definitivamente el arte y la cultura está incrustado en cada persona, solo hace falta sacarlo a flote. Por ello, haré las gestiones posibles con el fin de llevar formaciones artísticas gratuitas en distintos campos a mi institución y comunidad, para que mis compañeros y compañeras tengan esa oportunidad que tanto desean. Quiero dejar huella en mi comunidad. esto va ser trascendente. Así tal vez los jóvenes empleen su tiempo mejor y encuentren en qué son realmente buenos.

Pero necesitamos que la sociedad y el gobierno también pongan de su parte. Que inviertan más en el arte, la cultura y el deporte para los niños y jóvenes. A los adultos quiero decirles que vean estos campos como oportunidades de salir adelante. Que dejen atrás el tabú de que las profesiones que surgen del arte y la cultura no dan dinero. Realmente, de esta manera también se cambia la sociedad.

Luego de mi paso por el colegio, voy a desplegar mis alas al cielo en busca del cumplimiento de mis sueños ¿Cómo está proyectado mi futuro? Si algo tengo claro es que debo seguir estudiando, así que aspiro a una beca. Por ello pretendo sacar un muy buen puntaje en el Icfes. Eso define una parte de mis estudios. Si logro obtener una beca, escogería la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, para desarrollar la carrera que quiero: Diseño de Modas. ¿Qué haré sí no logro obtener la beca? Ingresaré al SENA para hacer una especialización en Diseño de Modas.

Luego quiero regresar y seguir apoyando a mi comunidad, y espero encontrar que se hayan abierto nuevas oportunidades para los niños y jóvenes, y que estos las hayan aprovechado. Y así, que sigamos creciendo y encontrando nuevos horizontes. Estoy segura que esto es possible, porque gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo.

*Joven líder, participante de la Fundación Mi Sangre y Pact en el proyecto Somos Tesoro