¿Alguien quiere pensar en los niños? El decreto de la dosis mínima no lo hace

En Colombia existe un fenómeno social de ocultamiento de la realidad hacia los niños con la intencionalidad de protegerlos de aquello que puede hacerles daño.  Sin embargo, ¿el ocultamiento es la medida más eficaz para evitar el consumo? ¿Es el mecanismo idóneo para garantizar que aquel consumo sea responsable y provenga de una decisión informada?

El decreto de la dosis mínima contempla medidas represivas que atentan contra las libertades personales, supone una política perfeccionista que impone un modelo de vida determinado como el “correcto”, no soluciona los problemas de salud pública, y, a diferencia de la creencia popular, no vela por el interés superior del menor.

En primer lugar, para tener esta discusión, resulta necesario romper con el paradigma de que la prohibición legal erradica los problemas sociales. Los fenómenos sociales seguirán existiendo, con o sin el permiso del Derecho. Los consumidores seguirán consumiendo con leyes de prohibición, sanciones administrativas o la criminalización de dicha conducta. Lo que sí genera la prohibición es el desplazamiento de las personas a escenarios de clandestinidad, donde el Estado, por considerar su conducta reprochable, no le brindará las garantías que necesitan, las protecciones que reclaman e incumplirá con sus deberes constitucionales.

En segundo lugar, para entrar en materia, es preciso aclarar que en Colombia existe un fenómeno social de ocultamiento de la realidad hacia los niños con la intencionalidad de protegerlos de aquello que puede hacerles daño. Aquel es el argumento emotivo que lleva a gran parte de la población a apoyar la expedición del decreto que prohíbe el porte y consumo de la dosis mínima o de las disposiciones del Código de Policía que prohíben su consumo en el espacio público. De esta manera, queremos esconder el consumo, puesto que, sino los niños podrían imitarlo. Sin embargo, ¿el ocultamiento es la medida más eficaz para evitar el consumo? O incluso más importante resulta la siguiente cuestión: ¿el ocultamiento es el mecanismo idóneo para garantizar que aquel consumo sea responsable y provenga de una decisión informada?

Hoy en día, tanto en niños como en adultos, impera un desconocimiento sobre las reales consecuencias del consumo. Las únicas fuentes de información pedagógicas sobre el tema provienen: 1. Del jíbaro (cuyo discurso se encuentra parcializado) 2. Del profesor (que sataniza las sustancias psicoactivas y basa su estrategia de persuasión en el miedo 3. De los medios de comunicación masiva (televisión, películas o redes sociales) que generalmente suelen ilustrar alguno de los dos extremos ficticios que rodean la percepción sobre las drogas, ya sea, que solo transmitan los aspectos positivos; o los negativos. En todo caso, el punto en común de todas estas fuentes es la irrealidad, que conlleva a la desinformación.

Además, ya lo decía Carlos Gaviria en su sentencia de 1994, la libertad para poder escoger responsablemente un modelo vida, como lo contempla el libre desarrollo de la personalidad, requiere de la información. Una decisión basada en la ignorancia nunca podrá ser una decisión responsable. Si desconocemos las posibles consecuencias de nuestras elecciones, ¿cómo podremos decir que escogimos la vida que queríamos? No quiere decir esto que debemos guiar a nuestra juventud al consumo, sino que debemos proporcionarles las herramientas necesarias para que, una vez llegada la adultez, ellos puedan tomar una decisión consciente de los proyectos de vida que quieren desarrollar y si aquellos incluyen el consumo de alguna sustancia psicoactiva. Es el mismo caso del consumo de sustancias alcohólicas o el tabaco, afectan la salud, se los prohibimos a los menores, pero conocemos sus consecuencias y cada uno es libre de hacer con su vida lo que mejor le parezca.

Las políticas pedagógicas sobre los efectos de las drogas han tenido resultados significativos en la disminución del consumo para el 2013 con respecto al 2008, de aquello proporciona evidencia el Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas del 2013 realizado por el Observatorio de Drogas del entonces Ministerio de Justicia y el Derecho. Aquel corresponde al último sondeo oficial efectuado sobre esta tematica.

Las políticas globales sobre consumo de drogas se han alejado de la fallida prohibición y se han enfocado en la reducción de riesgos. Es decir, como no podemos erradicar el consumo, al menos garanticemos condiciones de calidad, higiene y acompañamiento para mitigar los daños ocasionados por el mismo. Aquello refleja las ventajas de un escenario de regulación, se debe cumplir con unos estándares de calidad, lo cual tiene la virtualidad de alejar a los consumidores de aquellas mezcolanzas caseras que utilizan ingredientes de baja calidad o pequeñas proporciones de sustancias tóxicas para hacer rendir las porciones que se les venden a los usuarios.

Asimismo, la regulación tiene la ventaja de arrebatarle el negocio a las bandas criminales, tomarlo bajo su control y obtener recursos económicos que pueda reinvertir en brindarle ayuda a las personas que sufren de alguna adicción relacionada con las drogas.

Para finalizar, se deben proponer políticas públicas, enfocadas en campañas pedagógicas con el mayor rigor científico, tanto para adultos como menores, con la finalidad de poder edificar una sociedad informada que pueda ejercer su libertad de manera consciente.

*Luis Miguel Jaraba

Abogado e Investigador de Temblores ONG