¡Alerta de bomba!

Se hace necesario refrendar los acuerdos antes de 2017. Si hay algo claro, es que la decisión corresponde estrictamente al Gobierno en consenso con el equipo negociador de las FARC. La oposición ya cumplió su papel, de modo que es hora de devolverle el Proceso a quienes desde hace cuatro años lo iniciaron públicamente.

Casi cincuenta días después de la victoria del “No” en el Plebiscito por la Paz, Colombia es una bomba de tiempo. Tanto los hechos acontecidos en el escenario nacional, como los grandes cambios en el contexto internacional, hacen que por cada minuto más en el contador la bomba adquiera mayor magnitud.

Resulta pertinente rescatar lo valioso que ha sido el trabajo de todos: los del Sí, los del No, el estudiantado y la academia, las comunidades étnicas, el sector privado, la población diversa, la prensa y los equipos negociadores; todos y cada uno le hemos demostrado al mundo que Colombia es capaz de levantarse ante la adversidad – como lo ha hecho ya en un sinnúmero de oportunidades durante esta guerra – para así generar un gran consenso nacional, lleno de escucha, análisis y rigurosa atención a las posturas de múltiples actores nacionales. Aprendimos la lección y nos hemos cumplido a nosotros mismos. No obstante, aún con la alegría por la noticia de un Nuevo Acuerdo alcanzado en La Habana, la situación no deja de ser preocupante.

Los hechos acontecidos en la semana del 14 de noviembre en el sur del Departamento de Bolívar reafirmaron que del discurso a la práctica en términos del proceso de desarme, verificación y dejación de armas hay un enorme agujero negro en expansión. Mientras la fase de implementación del Acuerdo no inicie formalmente, la incertidumbre continuará reinando los escenarios de conflicto más vulnerables de este país. Es muy simple: mientras no haya garantías sobre lo que ocurrirá con el Proceso, ni FARC ni Gobierno cuentan con la certeza de que su contraparte cumplirá voluntariamente sus obligaciones.

La incursión de los dos guerrilleros de las FARC dados de baja durante un operativo de la Fuerza Pública a 68 kilómetros de una zona de pre concentración guerrillera evidencia dos asuntos. Primero, que el cese al fuego es más débil de lo pensado. Existe una línea muy delgada entre mantener un statu quo de tensa calma y uno de conmoción. En segundo lugar, se ha hecho apremiante la necesidad de adoptar un mecanismo de refrendación del Acuerdo cuanto antes. El Proceso de Paz está en riesgo, incluso más de lo que estuvo el pasado 3 de octubre.

Además de la incertidumbre catalizada por un cese al fuego cada vez más débil, el futuro está nublado. Por un lado, la coyuntura política del país transcurrirá por un 2017 centrado en elecciones legislativas (o más bien, reelecciones) que ponen en peligro la juiciosa tarea de llevar a la marcha el consolidado legislativo necesario para implementar lo contenido en el Acuerdo de Paz. Y no sólo eso: los actores internacionales relevantes al Proceso, como Estados Unidos y Naciones Unidas, han sufrido dinámicas internas que obligan a Colombia a concretar la refrendación inmediatamente.

La sorpresiva victoria de Donald Trump en Estados Unidos hace incierto el panorama de las relaciones bilaterales entre ambos Estados y, de esa manera, podría alterar el apoyo incesante que hasta ahora Colombia ha recibido de la administración demócrata de Obama. En el mismo sentido, Ban Ki-Moon sale de la Secretaría General de la ONU después de haber servido como pilar fundamental para la consecución de las negociaciones de La Habana. A partir de 2017 lo reemplazará en el cargo Antonio Guterres, ex Primer Ministro de Portugal, quien ya ha manifestado apoyo al Proceso - e incluso estuvo en Cartagena durante la XXV Cumbre Iberoamericana – pero que como toda nueva administración, tomará su tiempo en poner a marchar la colosal organización que tendrá a su cargo, de modo que esperar el mismo ritmo de apoyo por parte de Naciones Unidas a principios del año próximo no resulta estratégico.

Por lo anterior, se hace necesario refrendar los acuerdos antes de 2017. Si hay algo claro, es que la decisión corresponde estrictamente al Gobierno en consenso con el equipo negociador de las FARC. La oposición ya cumplió su papel, de modo que es hora de devolverle el Proceso a quienes desde hace cuatro años lo iniciaron públicamente. Para ello, se ha hablado del cabildo abierto, un segundo plebiscito o a través de una ley en el Congreso. Se hace necesario reconocer que el asunto de la refrendación ya no debe hablarse en clave de legitimidad, sino de pragmatismo. De manera que si se quieren minimizar los riesgos provenientes de un cese al fuego inestable y de un 2017 cargado de cambios políticos en lo nacional e internacional, la estrategia idónea es a través del Congreso de la República, que en su esencia democrática responde a los diversos sectores políticos y sociales de Colombia.

“Si el tiempo es lo más valioso, su pérdida es el mayor de los derroches” fue una frase acuñada por Benjamin Franklin, uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos. La riesgosa situación por la que pasa el Proceso de Paz en Colombia hace del tiempo la principal variable en función de su éxito. No hay duda en que, para efectos de la celeridad de la refrendación, el trámite deberá hacerse a través de una Ley de la República. Por ello, ha llegado el momento de darle un pragmático Sí al Acuerdo, uno que supere odios y divisiones. Ya aprendimos la lección de cuán importante es generar amplios consensos; ahora llegó el momento de desactivar esta bomba de tiempo para hacerlo realidad.