Aceptemos el reto de desarmar a los niños soldado de Colombia: Neila Díaz

Ellos, que han empuñado armas, que han hecho parte de las filas de los grupos guerrilleros como cocineros o mensajeros y, con humildad y tesón, han ofrecido los mejores años de su infancia a esta guerra, merecen estar en el primer plano de las acciones para la reconstrucción nacional.

Hoy la sociedad colombiana está a puertas de recibir por parte de la guerrilla de las FARC-EP un grupo de niños entre 15 y 18 años que han sido soldados, de hacerlos parte de la sociedad civil y de mostrarles un camino para enfrentar la vida sin usar la violencia.

Su proceso de desarme, desmovilización y reintegración es vital para el postconflicto, pues es imposible pensar en una paz duradera sin priorizar a los niños que han estado directamente relacionados con el conflicto armado. Ellos, que han empuñado armas, que han hecho parte de las filas de los grupos guerrilleros como cocineros o mensajeros y, con humildad y tesón, han ofrecido los mejores años de su infancia a esta guerra, merecen estar en el primer plano de las acciones para la reconstrucción nacional.

Colombia no es el único país que ha enfrentado este reto. Otros conflictos armados arraigados en Sudan, Birmania o Ruanda, por nombrar solo tres de por lo menos 18 países que, según Amnistía Internacional, reclutan niños para la guerra, han hecho frente a esta exigencia para la construcción de la paz.

Es un reto traerlos de nuevo a la vida civil, sabiendo que muchas de las condiciones por las cuales tomaron las armas no han cambiado sustancialmente. Las desigualdades sociales, la falta de presencia del estado en zonas distantes de la geografía nacional y la orfandad que los hace objetivo de reclutamiento laten actualmente en nuestra realidad. Estas y otras variables que estudiaron en diferentes países los investigadores del Instituto Henry Dunant en Ginebra en 1997 y que aún siguen vigentes, pueden dar luz sobre las razones estructurales que explican el conflicto y al mismo tiempo convencernos del por qué el uso de niños como armas de guerra debe parar.

Estamos llamados entonces a apreciar la belleza de esta oportunidad, de recibirlos y vincularlos a la vida civil, entendiéndolos como víctimas del conflicto y no como gladiadores. Me refiero al vínculo porque esto es lo que necesitamos reconstruir. Y las erres que nos muestran el camino son: Reinserción, Readaptación, Reconciliación, Reconstrucción. El general retirado del ejército canadiense, Roméo Dellaire, abanderado de la causa de erradicar el recurso de los niños soldados en el conflicto, sabe bien que necesitamos crear instituciones sólidas en las cuales los jóvenes puedan en un periodo de tres o cuatro años cultivar su potencial, creer en su desarrollo y en su capacidad de resiliencia, para así transformar ancianos combatientes en seres humanos productivos que superen la estigmatización a través de la educación.

Como lo declaró el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, “los niños son nuestro futuro y si los utilizamos para combatir, destruimos el futuro. Nosotros necesitamos reconquistar a nuestros niños uno por uno”.

El llamado es cambiar esos años de aprendizaje de identidad y valores definidos por el grupo armado por valores colectivos de colombianidad, que les permitan identificarse con todo y nuestros defectos.

Hacer como nuestros hermanos en Burundi que comenzaron cambiando las armas por bicicletas, o como los excombatientes de Ruanda quienes a pesar de ideologías raciales extremistas entre los hutus y los tutsis, firmaron la paz en el 2009.

Abrir la puerta a la readaptación es un proceso difícil pero muchas experiencias en el mundo nos indican que es posible. Los jóvenes del NYPAW  -Network of Young People Affected by War- lo han logrado a pesar de las circunstancias difíciles.

En las palabras de la lider Grace Akallo encontramos parte de la solución, ella era una niña soldado excombatiente del conflicto en Uganda y ahora miembro del  NYPAW.  “Si nadie me hubiera indicado el camino de la escuela y mostrado que yo era capaz de hacer el bien, yo no estaría aquí hoy”. O en las acciones de John Kon Kelei como educador en War Child Holland quien estuvo vinculado al conflicto del Sudan o en el trabajo adelantado por Shena A. Gacu, quien fue reclutada por la NRA -National Resistance Army- de Uganda a los 8 años y a quien reconocían como “China” fundadora en 2004 de “The African Child Soldiers and War Victims Charity”.

Entonces necesitamos acoger a nuestros “chinos”, mostrarles que el camino de la paz como las rosas que cultivamos es espinoso, pero que sus manos y corazón son necesarios en esta reconstrucción. No olvidemos que todos hacemos parte de esta guerra y que la orilla en la que estemos parados es convocada a la reconstrucción.

*Profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Sabana.