25 de noviembre: incrementar la conciencia

El mayor acto de violencia contra una mujer es quitarle la vida por odio, en un acto de misoginia, de poder y de dominio.

Cifras, entrevistas, notas de prensa, programas especiales y actividades sobre la violencia contra las mujeres se ponen sobre la mesa este mes con motivo del Día Internacional de la No Violencia contra las mujeres el 25 de noviembre y los 16 días de activismo.

Ya sabemos que no son suficientes las políticas públicas y las leyes; aquí no basta el todos y todas para empezar el discurso o ser políticamente correctos, este flagelo nacional necesita p r e s u p u e s t o, presupuesto a la altura de la necesidad porque si bien es cierto un poco se ha movido la intención, sabemos que la urgencia vuela en jet y las respuestas o soluciones tienen la velocidad de una tortuga. Vea usted lector o lectora: Según Medicina Legal, en 2017 han sido asesinadas 200 mujeres mientras que la Fiscalía, reveló que han sido denunciados ante este organismo un total de 345 casos de feminicidio en diferentes regiones del país.

El CINEP/PPP registró que en 2011 se presentaron 301 acciones bélicas en el país, estas acciones se presentaron en 127 Municipios, 52 municipios menos en 2010, y como resultado hubo 334 muertos, 53% menos que el año anterior. ¿Será que comprendemos la dimensión de los feminicidios en Colombia que acerca cifras a las del conflicto armado?

El mayor acto de violencia contra una mujer es quitarle la vida por odio, en un acto de misoginia, de poder y de dominio. Otras violencias están presentes en la cotidianidad del hogar, el trabajo,  el espacio público; en el colegio y en la universidad donde se han extendido los golpes contra mujeres estudiantes a manos de exparejas ¿Por qué no se pronuncian las directivas de las aulas del saber? Violencias en las sala de redacción, en la TV, en la radio, la rumba…¿Naturalizadas?

Y violencia en la música que expresa un sentir que va dejando huella en lo más hondo de quienes la escuchan y hace parte de ese aprendizaje que nos da la cultura sobre el amor. Letras: “Yo tuve que matar a un ser que quise amar aunque estando muerta yo la quiero”; o aquel bolero: “señora bonita yo amándola tanto y usted tiene dueño”.

Gente cuarentona o muy joven no se queda atrás con “Ingrata no te olvides que si quiero pues si puedo hacerte daño sólo falta que yo quiera lastimarte y humillarte” (menos mal que Cafeta Cuba pidió perdón y no la volverá a interpretar en sus conciertos); “…siempre me dan lo que quiero, chingan cuando yo les digo”. ¿Apología de la violencia contra las mujeres?

Da igual que sea reguetón, vallenato, cante jondo, bolero, balada o la llamada música popular, todas dejan presente la posesión sobre el cuerpo de las mujeres tan evidente en aquella frase “si no eres mía no serás de nadie”.

¿Qué hacen los Ministerios de Educación, Cultura, Comunicaciones? Son islas que no coinciden en la perentoria e inaplazable exigencia de una revolución cultural que empiece a derrumbar esta cultura patriarcal y que entre otros asuntos, transversalice sus políticas con un enfoque de derechos, de género, de equidad. Que el trabajo en género deje de ser un adorno para cumplir con el informe de metas. No más talleres en noviembre como un relleno, apremian procesos, p r o c e s o s y apoyo real para el movimiento social que trabaja con las uñas para que las mujeres tengamos una vida libre de violencias.

También urge el aporte de los medios de comunicación dentro de este contexto. Para ellos sólo algunas, algunas sugerencias:

  1. Incluir como postura política en su línea editorial el apartado J de la Plataforma de Beijing que mandata la eliminación de los estereotipos sobre las mujeres en los medios de comunicación.
  2. Crear un equipo de género en la sala de redacción que haga seguimiento a los contenidos y al uso del lenguaje.
  3. Promover la formación sobre género, derechos de las mujeres y lenguaje incluyente y no discriminatorio para todo el cuerpo periodístico, profesionales de la comunicación, personal administrativo y de servicios.
  4. Cambiar las prácticas internas, unas abiertas y otras sutiles que reproducen violencias y se manifiestan en: acoso sexual, chantaje, chistes, cubrimiento de fuentes,…

Queda mucho por debatir, proponer y hacer.